El nuevo catalanismo y Junqueras

Junqueras debe seguir su camino venciendo los obstáculos que le salgan al paso y el nuevo catalanismo ha de seguir el suyo, superando todas la dificultades que aparezcan reiteradamente

Foto: Lazos amarillos colocados ante una fotografía del exvicepresidente del Gobierno regional catalán, Oriol Junqueras. (EFE)
Lazos amarillos colocados ante una fotografía del exvicepresidente del Gobierno regional catalán, Oriol Junqueras. (EFE)

Oriol Junqueras, primero desde la prisión de Estremera y después desde la de Lledoners, ha ensayado una línea de argumentación clara y explícita. Ha insistido en presentarse como un baluarte del independentismo pragmático. Su razonamiento pasa por aceptar muy críticamente su actual situación política y personal, defendiendo que la independencia debe prosperar en todos los ámbitos, con discursos y políticas dirigidas a todo el mundo hasta conseguir una amplia mayoría favorable. Admite, con realismo, que con un 47,8% de los votos el soberanismo nunca será capaz de forzar la celebración de un referéndum. Todavía más, afirma, que sin una mayoría muy cualificada, la unilateralidad deviene un grave error. El líder separatista cree que ERC debe aglutinar un amplio número de catalanas y catalanes que apuesten abiertamente por la vía del diálogo, el acuerdo y el pacto. No lo dice rotundamente, pero se sobrentiende que no hay camino hacia la independencia si no se consigue convocar un referéndum acordado con el gobierno español, y ganarlo ampliamente. Su pretensión, pues, es hablar de todo, pero respetando las reglas de la democracia y los derechos fundamentales.

En la práctica, esta orientación cuenta con dos soberbios obstáculos, el primero y más decisivo es la actitud política de Puigdemont y Torra. El segundo, es el quehacer diario del gobierno de coalición (del que forma parte su propio partido) y sus portavoces en el Parlament. Efectivamente, Puigdemont y sus cómplices sostienen que solo si el tumulto crece es posible un eventual acuerdo con el gobierno de España. Se proclama la necesidad de diálogo, se afea a los socialistas su escasa predisposición al mismo, pero se trabaja día y noche para torpedearlo. Torra, Pujol, Costa, Artadi y otros, son los encargados de proyectar ante la sociedad catalana que solo ellos están por la labor del diálogo. La actitud de estos dirigentes republicanos es una impostura. Puigdemont, atendiendo a su concepción política y a sus no menos importantes condicionantes personales, sabe que su protagonismo en la propuesta independentista solo progresa si las cosas van a peor. Necesita imperiosamente radicalizar la situación en el país, porque es la única garantía de que se mantenga a salvo de las críticas incómodas y evitar que su perfil se vaya diluyendo.

Junqueras cree que ERC debe aglutinar un amplio número de catalanes que apuesten abiertamente por la vía del diálogo, el acuerdo y el pacto

El 1 de octubre y días subsiguientes vamos a tener una prueba palpable de cuanto escribo. Se pretende utilizar los desgraciados acontecimientos del 1-O pasado para evidenciar que en el fondo poco ha cambiado, y que los independentistas votaron ese día su autodeterminación. No hace falta insistir en que la intuición de Junqueras es correcta, se puede respetar. Su aspiración y el objetivo que la acompaña, son perfectamente legítimos. En el marco de la Ley, toda orientación política merece nuestra consideración. El catalanismo nunca ha criminalizado el deseo de independencia, ha combatido siempre la transgresión de la ley, la manipulación del Parlament y el engaño sistemático al que los dirigentes independentistas han sometido, sin escrúpulos, a una parte muy importante de la población catalana. Junqueras, para seguir defendiendo esta posición política va a tener que salvar una dificultad difícilmente superable, la radicalización de sus propias bases republicanas y las expectativas fantasiosas despertadas en las mismas. El carácter asambleario de la organización de ERC la aproxima a los presupuestos políticos de la ANC, de Òmnium, de la CUP y de los CDR. Resulta extraordinariamente difícil volver a meter el genio en la botella, que tan irresponsablemente se destapó. Sin embargo, quiero subrayar, que el relato que el independentismo lleva produciendo en estos últimos años, sigue perfectamente vivo, encarna un discurso dispuesto siempre a pasar a la ofensiva, y es un error mayúsculo menospreciar las fuerzas del rival por mor de un designio político.

El nacionalismo exaltado pone en serio peligro el propio autogobierno de los catalanes

El nuevo catalanismo, que aspira a una valiente refundación integral, dispone hoy de un balance claro y meridiano del 'procés'. Sabe que en última instancia el nacionalismo aspira por definición a un estado propio y solo la coyuntura puede entorpecer la voluntad de tenerlo. Ha aprendido también que conculcar la Ley, maniatar al Parlament y atacar el Estado de derecho, haciendo de la desobediencia norma de conducta, nos lleva a la inapelable derrota de nuestras propias instituciones. Más aún, el nacionalismo exaltado pone en serio peligro el propio autogobierno de los catalanes. El nuevo catalanismo también ha interiorizado que la dicotomía que hay que explicar a sus conciudadanos es la de autonomía o revolución, pues es consciente de la dificultad prácticamente inabordable de un cambio pretendidamente pacífico, con métodos basados en la desobediencia y la confrontación.

Carles Puigdemont. (Reuters)
Carles Puigdemont. (Reuters)

Para triunfar, el nuevo catalanismo debe sortear tres grandes obstáculos: el primero, la reticencia de los partidos catalanistas y del sector cívico y social a caminar juntos, cada uno con su propia personalidad, pero resueltos, sin frentismos innecesarios; argumentando que se puede ser catalanista y sentirse capaz al tiempo de hacer política en España y en Europa. Hay que explicar que los enemigos de Cataluña no están en España, y aceptar esta verdad es aún incómoda para algunos. En segundo término, el catalanismo debe ser también consciente de que el relato de la refundación y renovación del mismo aún está en construcción. A diferencia del discurso independentista, el relato no es a la ofensiva, sino más bien defensivo, tentativo. Es imposible convencer a un amplísimo sector de la población catalana si no se demuestra que se tiene la certeza de que la vía que preconizamos es la correcta para los intereses de los catalanes, y que en ningún caso estos están opuestos a los de todos los españoles. El tercer y último obstáculo, radica en que aún hoy la base social de este nuevo catalanismo está desconcertada, y se pregunta, porque así se le ha hecho creer, si no será el catalanismo el embrión primigenio de tanto disparate acumulado.

Hay que explicar que los enemigos de Cataluña no están en España, y aceptar esta verdad es aún incómoda para algunos

Hay que tener la paciencia, la constancia y la entereza de explicar que las cotas más altas de libertad y progreso las han conseguido Cataluña y España teniendo en el seno de sus gobiernos a catalanistas sinceros que se preocupaban por lo que ocurría, aquí y allí, y que tenían una visión clara de la importancia de Europa en nuestros asuntos compartidos. En definitiva, Junqueras debe seguir su camino venciendo los obstáculos que le salgan al paso y el nuevo catalanismo ha de seguir el suyo, superando todas las dificultades que aparezcan reiteradamente. Les aseguro que los catalanistas disponen de ese coraje y batallarán por defender aquello en lo que creen. Resulta decisivo, que las catalanas y catalanes entiendan y acepten que no conviene demorarse, ni distraerse en el camino.

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