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Relato y manipulación
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Antoni Fernàndez Teixidó

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Relato y manipulación

¿Cuál es el relato alternativo? ¿En qué consiste? ¿Qué discurso se enfrenta al que pretende ser el hegemónico en la sociedad catalana?

Foto: Manifestación convocada por los CDR en Barcelona. (EFE)
Manifestación convocada por los CDR en Barcelona. (EFE)

El relato es consustancial a la política. En última instancia, toda política necesita de uno convincente para ser útil. Hasta la fecha, el relato independentista ha explicado y en buena medida, justificado, sus propósitos últimos. Desde la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Autonomía del 2006 y las fantasiosas estructuras de Estado, hasta la movilización del 1 de octubre y la proclamación de la República, los soberanistas han elaborado un complejo argumentario, para que más de dos millones de catalanes lo sintieran como propio y lo hicieran suyo. Este es un hecho incontestable. La grosera utilización del 1-O instrumentalizando la controvertida jornada que se vivió en Cataluña, ha sido el elemento decisivo a la hora de configurar un horizonte acorde a los intereses materiales, a corto y a medio plazo, de los dirigentes secesionistas.

Este relato se asienta y se proyecta hoy sobre tres elementos determinantes: el primero, la represión, indiscriminada según ellos, del Estado español en los últimos años y particularmente, a partir de los sucesos del 1-O; el segundo, la dimensión política que para el movimiento separatista tiene el hecho del encarcelamiento de los políticos catalanes pendientes de juicio; y el tercero, la proclamación de un eventual derecho de autodeterminación que debería permitir un referéndum para la separación de Cataluña. Este discurso ha ido ganando intensidad en los últimos meses y ha despertado en buena parte de la ciudadanía catalana un victimismo creciente, interpretado en términos cada vez más dramáticos. La dura pugna, jurídica y política, en torno a la libertad de los políticos presos, ha dado un salto cualitativo con la huelga de hambre de Sánchez, Rull, Turull y Forn. Este es también otro hecho indiscutible. El discurso independentista está trufado de medias verdades, mentiras completas y desatinos notables, y la amalgama de estos recursos ha producido y produce una grave manipulación de miles de catalanes que confían ciegamente en sus dirigentes.

El discurso está trufado de medias verdades, mentiras completas y desatinos notables. Esta amalgama produce una grave manipulación

Sorprende comprobar como estos ciudadanos se resisten al debate, niegan la lógica de los argumentos contrarios y se encastillan en la posesión de una verdad, por principio, irrefutable. Aunque pueda parecer lo contrario, a pesar de las innumerables páginas dedicadas al 'procés', el debate de contenidos respecto al mismo ha sido bien pobre en Cataluña. No por falta de voluntad de muchos catalanes, que hemos querido contrastar sus posiciones con una mirada distinta en torno al 'procés', pero hasta el momento el resultado ha sido francamente desalentador. La influencia que algunos medios de comunicación ejercen sobre el imaginario político catalán es extraordinaria y, en particular, la de los medios públicos de la Generalitat, que si bien pretenden y proclaman una exquisita neutralidad, han asestado un fuerte golpe a la aspiración de un debate riguroso, serio y equilibrado.

No se trata solamente de la voluntad política de la Dirección de estos medios. Tiene que ver también con la actitud y militancia de muchos de sus profesionales que creen sinceramente en la causa que el independentismo defiende. No hablamos de directrices, sino de convicciones, y sujetas a ellas, el papel de periodistas, contertulios, analistas, etc. tiene el letal efecto que desde el principio se ha perseguido. A saber, que la separación de España es la única solución viable para resolver los serios problemas a los que nos enfrentamos los catalanes. Tanto es así que las políticas del gobierno de Torra merecen menos atención que la agitación y propaganda permanentes del Govern. Hay poca gestión y escasas soluciones para los problemas que aquejan a los ciudadanos. No hay voluntad para pensar en alternativas concretas, y si estas surgen son tratadas en esos medios con relativo interés. En ese contexto, cientos de asociaciones en Cataluña juegan un papel determinante, pues se convierten en altavoces permanentes de las consignas políticas que el independentismo pone en circulación, día sí, día también.

Foto: Ana Stanic. (Coppieters Foundation, Vimeo)

¿Cuál es el relato alternativo? ¿En qué consiste? ¿Qué discurso se enfrenta al que pretende ser el hegemónico en la sociedad catalana? Hasta hoy es más bien inexistente. Conocemos que sostienen PP y Cs, y hemos visto en los últimos meses como el PSOE ha ido cambiando su vieja orientación para tratar de modificar la desfavorable situación en el país. La última narración socialista ha consistido en la combinación esperanzada y fútil de iniciativas moderadas y prudencia política. Sánchez aun defiende esta difícil vía, no importa si por convicción o por oportunismo, lo que cuenta son sus resultados. Este quehacer político ha servido para templar gaitas y tratar de moderar el clima que se vivía en Cataluña en los meses anteriores a su investidura. Pronto procederemos a su balance. El próximo 21 de diciembre se encargará de clarificar este escenario.

Sospecho que el independentismo ha declarado amortizada esta vía, y lo ha hecho por dos razones fundamentales: la primera, porque esperaba que se dieran pasos en la línea de la aceptación del referéndum, que a día de hoy no se han producido; y la segunda, porque Torra, Puigdemont, el PDeCAT y las asociaciones de base del soberanismo creen saber que, para sus intereses, cuanto peor, mejor. Puigdemont piensa que la movilización permanente de sus electores es fundamental, y está en lo cierto, pero el ariete de esta actitud de combate y desobediencia permanentes, resultan ser los CDR, la CUP y los ciudadanos más radicalizados por la causa separatista. En otras palabras, la movilización, la radicalización, la desobediencia y el enfrentamiento, pagan.

La última narración socialista ha consistido en la combinación esperanzada y fútil de iniciativas moderadas y prudencia política

El PSOE descubrirá cuál es el desenlace de su política de apaciguamiento. Es dramático que el relato alternativo a los independentistas y al PSOE se quede en la mera aplicación de un nuevo 155, eso sí, en términos incomparablemente más duros, con la pretensión, a mi juicio vana, de cambiar la presente correlación de fuerzas. No es una perspectiva que pueda abrir puertas al diálogo, ni con el conjunto del independentismo, que es imposible, ni con su fracción más moderada, aquellos que intuyen o saben que la vía apuntada por Puigdemont y Torra es una falsa ruta. No conduce a Ítaca. No conduce a la independencia. No conduce a la República. Nos lleva derechos a la ruina de Cataluña. Los catalanes tienen el derecho a disponer de un relato informado y veraz, que justifique que existe un camino por el que transitar entre la República independentista y un nuevo 155.

No debemos imaginar escenarios cómodos que no se van a dar, ni elucubrar con aspiraciones infantiles que no se van a cumplir. No hay que alentar ninguna falsa esperanza, ningún atajo imposible, ninguna expectativa gratuita. Hay que decir bien alto, que la Autonomía Plena de Cataluña es, en una España constitucional, no solamente imprescindible, sino el mejor camino, quizás el único. Hay que tener el coraje de decir aquí y allí, que lo nuestro es vuestro y que lo nuestro es de todos, y que cuanto más tardemos en volver a comenzar, más difícil será hacerlo después. ¿Un relato ingenuo? No. Hay que aceptar y asimilar que en las circunstancias actuales, este discurso en Cataluña es profundamente osado y atrevido.

El relato es consustancial a la política. En última instancia, toda política necesita de uno convincente para ser útil. Hasta la fecha, el relato independentista ha explicado y en buena medida, justificado, sus propósitos últimos. Desde la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Autonomía del 2006 y las fantasiosas estructuras de Estado, hasta la movilización del 1 de octubre y la proclamación de la República, los soberanistas han elaborado un complejo argumentario, para que más de dos millones de catalanes lo sintieran como propio y lo hicieran suyo. Este es un hecho incontestable. La grosera utilización del 1-O instrumentalizando la controvertida jornada que se vivió en Cataluña, ha sido el elemento decisivo a la hora de configurar un horizonte acorde a los intereses materiales, a corto y a medio plazo, de los dirigentes secesionistas.