Cómo ser Salvador Illa

Ministro y candidato del PSC en unas elecciones en riesgo de aplazamiento por la pandemia de cuya gestión es responsable; este doble papel le convierte en la figura política del momento

Foto: El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante su última rueda de prensa en la Delegación del Gobierno en Cataluña. (EFE)
El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante su última rueda de prensa en la Delegación del Gobierno en Cataluña. (EFE)

Estar en la mente de Salvador Illa debe ser ahora el sueño de cualquier periodista que escriba sobre política. Para sus adversarios, sería maravilloso. ¿Qué pensará sobre la tercera ola de la pandemia tras conocer los peores datos de contagios en un año? ¿Qué pensará sobre ser candidato del PSC justo cuando el coronavirus asesta otro zarpazo? ¿Y qué opinará acerca de aplazar las elecciones catalanas? ¿Le gusta la idea? ¿Le asusta? ¿Qué pensará de Pedro Sánchez o de Miquel Iceta? ¿Qué de Fernando Simón?

'Cómo ser John Malkovich' es una fascinante película de 1999 en la que el protagonista, interpretado por John Cusack, empieza a trabajar en el edificio de una empresa, en concreto, en la planta séptima y media. Allí descubre una puerta misteriosa que da a un pasadizo. El pasadizo desemboca en la mente de John Malkovich, el mismo John Malkovich. Pasados 15 minutos, es expulsado de su cerebro y aterriza en el costado de una carretera.

El aún ministro de Sanidad es la personalidad clave de la política española actual. En su cabeza están la gestión de la peor pandemia del último siglo y el manejo de las aspiraciones del socialismo catalán de volver a la Generalitat. La combinación de ambos vectores da como resultado el futuro del país, ni más ni menos. Porque de abandonar la pesadilla del covid dependerá la recuperación de la economía española, y porque de que sea 'president' dependerá la salud de la cohesión territorial. Así que si alguien quiere hacer una película sobre el mandatario más importante del momento, puede plagiar la idea de Spike Jonze (director) y de Charlie Kaufman (guionista) y hacer 'Cómo ser Salvador Illa'.

Gran popularidad

Para comprender la relevancia del ministro de Sanidad con más trabajo de la historia de España, hay que hacer un poco de retrospectiva. Illa representa el cupo del PSC en el actual Gobierno de coalición. La apuesta por el dirigente socialista, filósofo de formación académica (también cursó un máster en Dirección de Empresas), provino de su buen y discreto hacer en las salas de máquinas del partido. Cuentan los que le conocen que es muy trabajador y, ante todo, tremendamente templado. La calma del ministro se ha hecho antológica en las infinitas ruedas de prensa y en las infinitas comparecencias parlamentarias que ha protagonizado desde que asumió el cargo. El estallido de la pandemia, a mediados de marzo, no es que pusiera a este político catalán de 54 años bajo el foco; sencillamente lo convirtió en el foco.

Pedro Sánchez y Salvador Illa.
Pedro Sánchez y Salvador Illa.

Illa es necesario. Que un cargo público de primer nivel haya logrado evitar exabruptos y descalificaciones gruesas durante 10 meses (durante estos últimos 10 meses) lo hace necesario. Su gestión de la pandemia es discutible y está siendo discutida, faltaría más, pues la transparencia no está siendo precisamente su fuerte. También ha dado giros inesperados, como el de aquella rueda de prensa de septiembre en la que dio un ultimátum a Madrid y a su presidenta, Isabel Díaz Ayuso. Poco después, llegó el estado de alarma en la comunidad. El ministro se expuso al abrasamiento político precisamente para mantener el oxígeno a Sánchez, así que fue él quien sobrellevó aquel pleno del Congreso para comunicar la decisión. Soportó peticiones de dimisión y críticas feroces, y las devolvió con elegancia, sin decir mucho, por no decir nada, pero con elegancia.

A Illa se lea ha visto enfadado y a veces muy enfadado, especialmente para responder a los improperios de Vox, pero hasta en la ira ha conservado la compostura. Su carácter serio y aparentemente riguroso (ay, las cifras) le fue granjeando una popularidad que comenzó a palparse en los despachos del PSC. Durante el otoño, altos cargos del partido catalán, cuando se les preguntaba, negaban que fuera el candidato. Incuso un día antes de que se hiciera oficial la candidatura, hasta Illa lo negaba.

Su gestión de la pandemia es discutible y está siendo discutida, faltaría más, pues la transparencia no está siendo precisamente su fuerte


Se ha dicho que postular al ministro de Sanidad como aspirante a presidir Cataluña ha sido audaz. Es cierto que ha logrado conmocionar a todos los partidos en liza electoral, principalmente al adversario a batir, que es ERC. Pero este desenlace, en medio de una pandemia que ayer dejó casi 39.000 contagios nuevos, tiene riesgos severos, y uno de ellos es que la luz de Illa se vaya apagando por el empuje tan resistente del covid. En el Gobierno, creen que una vez ha comenzado la campaña de vacunación, la fuerza del coronavirus se irá mitigando, pero la realidad, a día de hoy, es que esta tercera ola es una gigantesca tercera ola y en Cataluña se ven más cerca las urnas en mayo que en febrero.

¿Aguantará el PSC?

El PSC está renuente a retrasar la jornada de los comicios. Representantes del partido quieren que siga el ritmo previsto de los acontecimientos y que se imponga la democracia. No obstante, se avecina un decreto de aplazamiento como los que hubo en Galicia y en el País Vasco en marzo. Si al final las elecciones se van a la primavera, difícilmente querrán los socialistas impugnar la decisión. La acatarán y sobrellevarán la evolución de los hechos, encomendándose al plan de vacunación. Los tribunales, en caso de recurso, preferirán seguramente proteger la salud pública. Ahora mismo, quién lo iba a decir hace apenas tres semanas, a ERC le favorece esperar y al PSC le perjudica. Y pueden pasar tantas cosas... Carles Puigdemont está al acecho. Vox, también.

En 'Cómo ser John Malkovich', la trama se vuelve delirante en cuanto John Malkovich descubre la razón por la que pierde el control de sí mismo. ¿Qué pasará en Cataluña si Illa deja de controlar los tiempos? Ojalá un pasadizo para intentar descubrir qué piensa, qué teme o qué quiere el aún ministro.

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