¿A quién quiere Pablo Casado?
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Ángel Alonso Giménez

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¿A quién quiere Pablo Casado?

Un temporal se cernirá sobre la sede del PP en la calle Génova si el resultado electoral en Cataluña es malo o muy malo. Casado afronta un futuro difícil mientras pugna por romper con el pasado

placeholder Foto: El presidente del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

Pablo Casado terminará el domingo próximo la peor semana desde que es presidente del PP. Comenzó con el juicio de la caja B y acabará con un mal resultado en Cataluña. Como afirma un profundo conocedor del partido en dicha comunidad, tendrá "un resultado malo o uno peor".

Las últimas encuestas dibujan un paisaje negro para los populares. Incluso hay quienes creen que está en peligro la presencia de la organización en el Parlamento catalán. La desaparición de la marca de la doble 'p' infligiría un golpe demoledor a una formación que no se acostumbra a vivir en el descalabro. O al menos en la posibilidad del descalabro. El resultado en las pasadas elecciones vascas resultó penoso a pesar de la coalición con Ciudadanos, y ya entonces se notaron temblores en el despacho del presidente. El que se avecina en Cataluña puede que resquebraje la legitimidad de su liderazgo.

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A Casado se le acerca un temporal. A la probable crisis interna se le unirán los dardos del extesorero Luis Bárcenas, bien por lo que salga de su boca, bien por lo que salga de la boca de su abogado. No se sabe qué papeles tiene, si es que los tiene, pero que el juicio avance, que las testificales se sucedan, que las televisiones las retransmitan, que los medios las aborden y que la gente, al final, las lea, las escuche o las vea, todo eso, enfanga al Partido Popular en una travesía dificilísima.

Están pasando cosas extrañas en el PP. La estrategia de comunicación que ha seguido resulta desconcertante, como si no supiera nadie en Génova que se aproximaban días funestos. Hace tiempo, se marcó en el calendario la fecha de arranque del juicio de la caja B, y a tenor de lo que ha dicho Casado y de lo que han manifestado algunos dirigentes, pareciera como que nadie ha dedicado un solo minuto a construir un mensaje. Un relato. El presidente ha pasado del silencio a la omnipresencia mediática, lo cual es encomiable, pero ha hablado de purgar al imputado sin piedad al mismo tiempo que renegaba del pasado del partido. Y en medio, una afirmación asombrosa: no dio la cara por sus siglas el 1 de octubre de 2017, el día del referéndum en Cataluña, porque no estaba de acuerdo con la actuación del Ejecutivo.

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado, durante un acto electoral en Badalona. (EFE)

¿A quién quiere Casado?

En junio de 2015, Mariano Rajoy, con el asesoramiento de su poderoso jefe de gabinete, Jorge Moragas, diseñó una nueva estructura para la dirección del PP que combinaba tres elementos: la lealtad, la capacidad de gestión y la frescura. Elevó a la zona noble de la sede del PP a Fernando Martínez Maíllo y a Javier Maroto, curtidos hasta ese momento en la Diputación de Zamora y en la alcaldía de Vitoria, respectivamente. Elevó también a Andrea Levy, una joven diputada catalana en quien la jerarquía del partido había fijado su atención por sus desacomplejadas intervenciones. Y por último, a Pablo Casado, parlamentario por Ávila.

A muchos integrantes del PP les sorprendió este último nombramiento. De Maíllo se sabía su amistad con Rajoy y su talante centrado y dialogante, algo que el expresidente estima muchísimo. Maroto procedía del 'sorayismo', o por ser más preciso, del 'alfonsoalonsismo', y además de haber regido Vitoria, se había curtido en el campo de batalla del nacionalismo con habilidad. Levy era una apuesta, quizá de Moragas, catalán de origen. Pero... ¿Casado? Fue presidente de Nuevas Generaciones de Madrid, creció a la sombra de Esperanza Aguirre y buceó por los pasillos de la esfera internacional como asistente de José María Aznar.

placeholder El presidente del PP, Pablo Casado, y el expresidente Mariano Rajoy. (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado, y el expresidente Mariano Rajoy. (EFE)

Si la expresidenta madrileña y el expresidente del Gobierno son la madrina y el padrino, ambos tremendamente distanciados de Rajoy, ¿qué vio el gallego en él? "Teníamos magníficas referencias", apunta un dirigente de aquella época a este medio. "Buscamos en la cantera para dar un impulso al PP tras los malos resultados de las elecciones autonómicas y locales de 2015; necesitábamos nuevas caras, estimular el partido con juventud", añade.

Pablo Casado siempre se caracterizó por hablar sin complejos. Al igual que otros exponentes de su generación, como por ejemplo Isabel Díaz Ayuso, considera que la escena mediática está ocupada por el lenguaje de la izquierda y que urge poner fin a ese dominio. Sus discursos durante la época al frente de las juventudes del PP labraron precisamente ese plan: mirar de frente a la hegemonía 'progre' y cultivar un lenguaje de derechas. De una derecha moderna y liberal. En aquella época de 2015, en la que los códigos de la comunicación política los estaban manejando Pablo Iglesias y Albert Rivera en todas las tertulias habidas y por haber, el PP necesitaba a alguien como Pablo Casado.

Foto: El extesorero del PP Luis Bárcenas (d), sentado en el banquillo de los acusados. (EFE) Opinión

Así que su adolescencia política la ha pasado con Aznar y su juventud, con Rajoy. En el PP, hay un sector convencido de que es 'hijo' del primero. Otro, que es 'hijo' de los dos. 'Hijo' de Rajoy... eso no lo piensan muchos.

Romper todo

Un antiguo cargo de la formación aprecia un nerviosismo muy acusado en el partido. Es lógico, porque un señor que fue tesorero pretende aniquilar 30 años de historia. 30. Desde los primeros ochenta a 2009. En ese marco, sitúa este exdirigente la negación de Casado a la gestión de Mariano Rajoy durante la crisis del referéndum ilegal celebrado en Cataluña. En este marco, ubica también la intención del actual líder de encarnar un Partido Popular completamente desvinculado de las versiones anteriores. También la etiqueta de 'gran luchador contra la corrupción' que se ha pegado a la solapa desde que ganara las primarias, como si a Soraya Sáenz de Santamaría esa pelea no le interesara.

Pablo Casado quiere romper con el pasado, pero puede que el pasado rompa con él. Las malas prácticas, algunas ya acreditadas por la Justicia, siguen salpicando lodo al presente de un partido que es necesario porque representa una ideología y a unos cuantos millones de ciudadanos. Levantar un muro que proteja el presente y el futuro del PP es ni más ni menos que la tarea que Casado tiene por delante. Sin embargo, los vaivenes expuestos en la gestión comunicativa de la caja B y de la amenaza de Bárcenas oscurecen los mejores pronósticos. Personalidades del partido ya retiradas lamentan la bisoñez de la dirección.

Su tenacidad y resistencia se parecen a las de Pedro Sánchez. Solo algo muy grande, o alguien muy fuerte, podrá apartarle

Pero el actual líder es una roca. Como cuenta Graciano Palomo en su último libro, 'La larga marcha', Casado había decidido instalarse en París junto a su familia para trabajar en una potente multinacional cuando un grupo de dirigentes, Teodoro García Egea entre ellos, le convence para presentarse a las primarias. Casado era entonces un tipo con un rastro de amargura en su paso por la política, es lo que tienen los sueños incumplidos. Se lanzó a por ello y ahora es el jefe y aspira a gobernar España. Su tenacidad y resistencia se parecen a las de Pedro Sánchez. Solo algo muy grande, o alguien muy fuerte, podrá apartarle.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, defendió ayer la actuación del Gobierno de Rajoy ante el referéndum del 1-O, por recordarlo.

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Pablo Casado terminará el domingo próximo la peor semana desde que es presidente del PP. Comenzó con el juicio de la caja B y acabará con un mal resultado en Cataluña. Como afirma un profundo conocedor del partido en dicha comunidad, tendrá "un resultado malo o uno peor".

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