Psicoanálisis de la izquierda: Yolanda Díaz y Teresa Rodríguez tras el 4-M
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Ángel Alonso Giménez

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Psicoanálisis de la izquierda: Yolanda Díaz y Teresa Rodríguez tras el 4-M

En plena conmemoración del desencanto del 15-M, la izquierda se está psicoanalizando para encontrar la clave de su bienestar tras arrasar Ayuso en las elecciones del 4 de mayo y apuntar Más Madrid a un discurso diferente

placeholder Foto: La ministra Yolanda Díaz en el Senado. (EFE)
La ministra Yolanda Díaz en el Senado. (EFE)

En el día 1 de la era después de la Coleta (d. C.), Yolanda Díaz dijo: "Hay demasiada ansiedad, demasiado ruido, nos ensordece el ruido y nosotras no somos gente de ruido". Las palabras reverberaron este pasado jueves en las paredes de la Sala Constitucional del Congreso. Hasta el nombre del lugar indica la dimensión del cambio.

La izquierda española se ha tumbado en el diván después del trauma del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso ha logrado (por el momento) el objetivo que tanto tiempo persiguió: desarticular el discurso dominante del progresismo. Ha dado con una fórmula ahora infalible que mezcla el estado de ánimo de una sociedad con la apetencia política del momento. La perfección para quien se dedique a ese negocio que es la estrategia electoral. Resultado: "las gentes" de todas partes, edades y estratos sociales la han votado, como en El Confidencial contó María Zuil hace unos días. Ayuso se metió en política con una visión: incrustar códigos del liberalismo y del conservadurismo en el lenguaje cultural de la calle. Debe dormir a pierna suelta estos días.

Foto: La presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Por debajo de ese huracán se ha iluminado el otro gran cambio. Llevaba España unos años embriagada de discursos altisonantes e iracundos —que si ETA y que si el franquismo— y, por ello, no tendría que haber extrañado que la campaña electoral madrileña se enmarcara en la pugna de la democracia contra el fascismo o de la libertad contra el comunismo. Desde luego a los que nos dedicamos a esto del periodismo no nos extrañó demasiado, porque no hemos parado de teorizar y de escribir, de denunciar o de ensalzar, como si aguardáramos el momento con las instrucciones ya escritas.

placeholder El cofundador de Podemos Carlos Monedero saluda a Yolanda Díaz durante el traspaso de cartera de Iglesias a Belarra. (EFE)
El cofundador de Podemos Carlos Monedero saluda a Yolanda Díaz durante el traspaso de cartera de Iglesias a Belarra. (EFE)

Sin embargo, para "las gentes" de "ahí fuera", por seguir con expresiones empleadas el jueves por Díaz, la ecuación fue sencilla. Entre políticos que agitan fantasmas de la URSS o avientan proclamas de Mussolini y políticos que hablan de quedar con los amigos, tener abiertos los bares, salud mental y conciliación laboral-personal, ¿con quiénes te quedas?

Lo que sorprende no es que Isabel Díaz Ayuso y Mónica García hayan quedado primera y segunda en las elecciones del 4 de mayo, sino que no se hayan repartido entre ellas la Asamblea enterita.

Renacer o rehacer

Los días que han servido de transición entre la era antes de la Coleta (a. C.) y la era después de la Coleta (d. C.) han retratado los ejes en los que una nueva izquierda quiere asentar su mensaje y su actuación. Íñigo Errejón los ha ido desgranando, aunque en verdad lleva tiempo haciéndolo. Foco en la cotidianeidad, denuncia de los pequeños problemas, atención a las clases sociales humildes (cada vez más clases medias aquí), propuestas a pie de calle y no insultar al adversario político podrían ser los epígrafes que guíen el ideario. Llámelos 'verdes', llámelos 'progresistas' o llámelos 'rojos', el caso es que este vocabulario remozado, para muchos aún bastante 'naif', empieza a calar. Para empezar, Yolanda Díaz en el día 1 de la era d. C.

La vicepresidenta tercera, ministra de Trabajo, militante del PCE y previsible candidata a la presidencia del Gobierno al frente de Unidas Podemos (o como se llame cuando toque elecciones) se reunió este jueves con los diputados/as de su grupo parlamentario para lanzarles varias consignas. Un extracto: "Nosotras, a cambiar la vida de la gente. La ansiedad no es buena, hay demasiada ansiedad, demasiado ruido, nos ensordece el ruido y nosotras no somos gente de ruido. Las preocupaciones de las personas, las cosas pequeñas... Hemos de acercarnos a ellas. Para un trabajador su preocupación (sic) es saber si tendrá una pensión que le permita vivir con dignidad. Ahí tiene que estar nuestro grupo político".

Foto: El portavoz de Más País en el Congreso, Íñigo Errejón. (EFE)

Otro: "La gente siente que estamos alejadas de sus preocupaciones cotidianas, y esto es lo que de manera especial tenemos que atender: lo pequeño y lo cotidiano".

Suena tan parecido a lo que Errejón ha ido proclamando durante la campaña del 4 de mayo, tan parecido a lo que Mónica García ha ido diciendo, esa reivindicación de la política de las pequeñas cosas (que son las que engrandecen la política), que es fácil pensar mal y tildar la intervención de la ministra de plagio indisimulado o de apropiación cultural.

El tiempo de una determinada izquierda lo dilatará o estrechará Yolanda Díaz

Pero Díaz no está copiando. La vicepresidenta tercera lleva tiempo encastillada en esa defensa, la de lo cotidiano y la de la humildad, aunque calladamente. Vale ese mutismo para criticarla, ya que en medio del ruido ensordecedor que profería Iglesias apenas retumbó su protesta, más bien al contrario. Como parece que es ahora la que tendrá la voz cantante, quizá sea justo darle margen y que, así, el discurso lo vaya edificando. Su estreno ante la bancada de Unidas Podemos, en la Sala Constitucional, resulta prometedor por lo que significa de reivindicación de la modestia y de ese arte tan sutil como efectivo: la discreción y el saber estar.

El tiempo de una determinada izquierda lo dilatará o estrechará Yolanda Díaz, quien con la apuesta por vivir en "lo pequeño" y en "lo cotidiano" revela un trabajo de terapia interesante. Tanto el que ha hecho como el que quiere seguir haciendo. Después de unos años en los que el enfrentamiento fue la tónica, se avista una era de más diálogo y pactismo, esperemos que con menos desprecio y víscera. Puede que sea el renacimiento de la política con mayúsculas, o una reconstrucción. Al menos perfila una voluntad, la de querer pegarse a la piel del trabajador, del ciudadano, del repartidor, de la camarera de piso, de la ingeniera, del autónomo...

Próxima estación: Andalucía

Mientras el PSOE andaluz cava trincheras y estira alambradas, Teresa Rodríguez sigue tejiendo los hilos del "andalucismo progresista". Cuando El Confidencial se puso en contacto con ella para que desgranara su proyecto, llamado Andalucía No se Rinde, con motivo de un reportaje sobre el alumbramiento de una nueva izquierda identitaria, contó que el andalucismo, como concepto, es trasunto de "una ideología de izquierdas por cuanto representa a las mayorías sociales". Añadió que la plataforma que está auspiciando ha dirigido la linterna a "los problemas estructurales" de los andaluces, que son "una sanidad, una educación y una cultura" de base, es decir, pensadas y confeccionadas para ser inclusivas.

Foto: La líder andaluza de Anticapitalistas, Teresa Rodríguez. (EFE)

Ya entonces hablaba de conectar con la juventud, de escuchar sus pulsiones de cambio. Las reivindicaciones de los acentos y de las etnias, de las minorías como parte de las mayorías y de la igualdad entre provincias y segmentos sociales formaban parte de su estribillo. A la espera de una decisión definitiva del Tribunal Constitucional sobre la legalidad de su expulsión de Adelante Andalucía, en el Parlamento autonómico, Rodríguez ha empezado a expandir la red por los círculos en los que sigilosamente se mueve Más País. Es más que probable, según apuntan fuentes conocedoras del proceso, que en esta nueva etapa de refundación de la izquierda la antigua representante de los anticapitalistas en Podemos abandere un discurso pintado de verde y con los decibelios "de la lucha de clases" más bajos. La unión de estas dos sensibilidades anda cerca.

El PSOE, entretanto, sigue aguardando a quién llevar al diván, si a Juan Espadas o a Susana Díaz

También ella, tras el divorcio con Iglesias y tras la charada de su supuesto transfuguismo parlamentario, está yendo a sesiones de psicoanálisis, metafóricamente hablando. Ha hurgado en lo que ha sido y está definiendo lo que quiere ser. Aunque las encuestas de intención de voto le "regalan" porcentajes bajísimos, la tendencia es al alza. El PSOE, entretanto, sigue aguardando a quién llevar al diván, si a Juan Espadas o a Susana Díaz, pues las antiguas batallas de la izquierda cainita no sirven para la nueva era que ha llegado, haya coletas o haya pelazos de cuando fuimos jóvenes.

Es tan evidente que la política española asiste a un cambio de paradigma que hasta Pablo Casado se ha embarcado a fondo en una renovación del mensaje. Pero eso es algo que se tratará en este blog más adelante.

En el día 1 de la era después de la Coleta (d. C.), Yolanda Díaz dijo: "Hay demasiada ansiedad, demasiado ruido, nos ensordece el ruido y nosotras no somos gente de ruido". Las palabras reverberaron este pasado jueves en las paredes de la Sala Constitucional del Congreso. Hasta el nombre del lugar indica la dimensión del cambio.

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