Arrinconada por su gestión... y por un SPA de lujo

A las cuatro y media de la tarde de ayer, Ana Botella posaba junto a Esperanza Aguirre, Ignacio González, Salvador Victoria y Lucía Figar en la

A las cuatro y media de la tarde de ayer, Ana Botella posaba junto a Esperanza Aguirre, Ignacio González, Salvador Victoria y Lucía Figar en la sede del PP para dar comienzo a la reunión del partido regional convocada por la ‘lideresa’ del partido. Diez minutos después, la alcaldesa debía abandonar precipitadamente la reunión porque no le dejaban de sonar los teléfonos: Miguel Ángel Villanueva, el penúltimo escudo político ante la tragedia del Madrid Arena, decidía abandonar, le decía ‘ahí te quedas’ y le precipitaba la crisis de Gobierno.

Villanueva, uno de los últimos vestigios de Gallardón -junto a Calvo, también dimitido por el drama de la noche de Halloween- abandonaba tras dos meses y medio de errores, fotografías comprometidas en la prensa y ser señalado como el principal responsable de la falta de coordinación de la noche del 31 de octubre. Y sin embargo, aún no está imputado. Una fuente cercana al ya ex vicealcalde asegura que la presión ha sido “insoportable” y, al final, tiró la toalla.

No hay más fichas en el dominó que la de la propia Botella, tras la caída de su vicealcalde

Botella, ahora, se queda sola. Políticamente no tiene más escudos, salvo el de Antonio de Guindos, responsable de Seguridad la noche de Halloween y que, más pronto que tarde, será imputado en el caso y tendrá que dimitir. No hay más fichas en el dominó que la de la propia Botella, tras la caída de su vicealcalde. Deberá dar la cara y asumir lo que el juicio vaya deparando.

Y está sola no sólo en el Madrid Arena, sino, sobre todo, en el partido. Ni en el PP regional ni en Génova ni en la delegación del Gobierno ni en Moncloa, Ana Botella encontrará parapetos para esperar a que escampe. Con Ignacio González o con Cristina Cifuentes, Botella ha tenido enfrentamientos indisimulados a costa de la gestión del Madrid Arena y ahora no puede pretender ayuda por esos predios. En Génova, Dolores de Cospedal cortó de raíz su pretensión de que se convocara un congreso tras la dimisión de Esperanza Aguirre. Por último, en Moncloa, Mariano Rajoy no quiere problemas y solo pretende que la alcaldesa ‘se coma el marrón’ hasta 2014 y, después, buscar un candidato de garantías para 2015.

La soledad de Ana Botella es desde ayer clamorosa. Aprovechó la crisis para rodearse de fieles como Dancausa, Núñez o su jefe de Gabinete, Sanjuanbenito. Ahora toca aguantar hasta agosto y rezar para que, ese mes, el COI se incline por Madrid como sede de los Juegos de 2020. Es la única oportunidad para Botella, una auténtica maratón en la que corre sola, perseguida por una pésima gestión y un fin de semana en un SPA de lujo en Portugal. 

Luna de Papel
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