El caso Bolinaga como síntoma: el etarra libre, la forense de baja

El doloroso caso del etarra Iosu Uribetxeverría ‘Bolinaga’ -332 días en libertad después de que un juez decidiera obviar dos informes de la forense de la

Foto: Iosu Uribetxebarria Bolinaga. (Efe)
Iosu Uribetxebarria Bolinaga. (Efe)

El doloroso caso del etarra Iosu Uribetxeverría ‘Bolinaga’ -332 días en libertad después de que un juez decidiera obviar dos informes de la forense de la Audiencia Nacional en los que aseguraba que no estaba terminal y que podía ser tratado en la cárcel, como desveló este diario hace un año- es sintomático de cómo se desarrollan los acontecimientos en una España donde se premia al políticamente correcto, a quien se comporta al dictado del viento que sopla en cada momento y se castiga al que osa dejarse guiar única y exclusivamente por el principio de la honestidad y la profesionalidad.

Hace prácticamente un año, El Confidencial desvelaba el informe de la forense de la Audiencia Nacional Carmen Baena en el que se descartaba que Bolinaga tuviera un 90% de posibilidades de morir en los meses siguientes, como aseguraban los médicos del hospital Donosti, que reclamaban su puesta en libertad inmediata por la metástasis del cáncer que sufría el etarra que mantuvo en cautiverio, además de ser cómplice en el asesinato de varias personas, al funcionario José Ortega Lara.

La forense Baena cometió el pecado de desafiar a los jueces y fiscales políticamente correctos, al Ministerio del Interior y a los medios que entendían, hace un año, que entorpecer la libertad del etarra Bolinaga era “ir contra los tiempos”, poner “palos en el proceso”, etc., etc. Baena, simplemente, presentó varios estudios médicos que demostraban que el cáncer de Bolinaga ni siquiera se había comenzado a tratar con quimio y radio, y que podía estancarse. También, que el tratamiento de su enfermedad era compatible con su estancia en prisión.

El Colegio de Médicos de Madrid emitió hace un par de meses el resultado de la ‘investigación’ y archivaba la denuncia que se había presentado contra la forense: su informe era impecable médicamente y Bolinaga podía haber sido tratado en la cárcel… La respuesta fue inmediata: el juez de Vigilancia Penitenciaria recriminaba a la forense su informe; otro colega le solicitó uno nuevo, aplazando sus vacaciones y con una urgencia que le obligó a pasar toda una noche en vela para poder entregarlo en los plazos que le exigía; un medio de comunicación publicó una supuesta negligencia de la forense con un documento que luego se demostró falso; fue denunciada ante el Colegio de Médicos de Madrid por su informe por parte de los círculos próximos al etarra; las presiones en el trabajo se hicieron más que evidentes… Baena se mantuvo firme, el nuevo informe no difirió del anterior: Bolinaga no estaba terminal. Pero el juez decidió: Bolinaga pasaría a disfrutar de la libertad en Mondragón porque, según los médicos del Donosti y la opinión de los jueces, tenía más de un 90% de posibilidades de morir en los próximos tres meses…

333 días después de la salida de prisión de Bolinaga, el etarra ha ganado peso, el cáncer -según el último informe de la Audiencia conocido hace poco más de 48 horas- se ha estabilizado y no ha crecido, el juez solicita un nuevo reconocimiento a fondo e independiente y el Gobierno, al igual que los actuales forenses de la Audiencia, asegura que Bolinaga no debe volver a prisión y no pedirá su encarcelamiento

¿Y Carmen Baena, la forense? Según ha sabido este diario, ha pasado la mayor parte de este año de baja por las presiones y sucesos inexplicables en su propio lugar de trabajo que están siendo investigados. Eso sí, el Colegio de Médicos de Madrid emitió hace un par de meses el resultado de la investigación y archivaba la denuncia que se había presentado contra ella: su informe era impecable médicamente y Bolinaga podía haber sido tratado en la cárcel… si no se impusieran los criterios políticos. No es de extrañar que otro etarra encarcelado haya solicitado su traslado desde una cárcel de León para ser tratado por los médicos del hospital Donosti.

Hace un año, en este mismo periódico se escribió que todo el caso Bolinaga era una historia que apestaba a “un guión escrito de antemano”. Un año después, nada parece haber cambiado. El etarra sigue en la calle, no quiere ser reconocido por la Audiencia, y la forense incómoda se mantiene de baja y se debe conformar, de momento, con el discreto apoyo de las víctimas del terrorismo, que claman en el desierto solicitando el reingreso del etarra en prisión, y con tener la conciencia muy tranquila. Lo que en esta España de hoy, y con la que está cayendo, no es poco. 

Luna de Papel
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