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Tú no puedes ofenderte, Lalachus sí
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Alberto Pérez Giménez

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Tú no puedes ofenderte, Lalachus sí

En esta España, hasta el acto de dónde ver las uvas se ha convertido en un ejercicio político: estás conmigo o contra mí, en un país donde se decide hasta quién puede ofenderse

Foto: La controvertida imagen de Lalachus (TVE)
La controvertida imagen de Lalachus (TVE)
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Y usted, ¿de quién es? ¿De Broncano y Lalachus o de Pedroche y Chicote? ¿Es usted de los ofendidos de derechas, capaz de sufragar la denuncia de Abogados Cristianos contra la presentadora y la estampilla del Sagrado Corazón con la cabeza de la vaquilla del Gran Prix? ¿O pertenece a los ofendidos de izquierda y el correctismo woke que piensan que no se puede reír de los kilos de más, llamar gorda a la misma presentadora y es capaz de partirse la cara por defender el derecho a respetar los "cuerpos no normalizados"?

En este tiempo de los bandos, la última noche del año (y los dos primeros días de 2025) no podía escapar a la polarización, a las dos españas, la de Broncano y la de Motos, la de Lalachus o Chicote, la de rojos y azules, la del estás conmigo o contra mí. Y, lo peor, tener que soportar el argumentario de los partidarios de los unos y los otros.

Félix Bolaños, el triministro para todo de Pedro Sánchez, el mismo que trasladó el despacho de la Abogacía del Estado a su vera en la Moncloa para tener mejor controlados todos estos temas, tardaba apenas unas horas en lanzarse de hoz y coz sobre la polémica y argumentar el peligro de los ultras y lo necesario que es que se acaben con los bulos, las amenazas y, sobre todo, el fango: "Día 1 y primer intento de los ultras de amedrentar. En 2025 impulsaremos la reforma del delito de ofensas religiosas para garantizar la libertad de expresión y creación, una medida del Plan de Acción por la Democracia. #Yoconlalachusybroncano" lanzaba en un post en X. la antigua Twitter.

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Los compañeros periodistas, que también somos los primeros en agruparnos bajo el banderín de enganche que toque, han salido en tromba a posicionarse en uno y otro bando. Para los que miran y analizan todo con el ojo izquierdo, las campanadas de la 1 fueron "históricas" (el adjetivo peor empleado en el periodismo español desde siempre); por primera vez "naturales y sin artificios" (el pobre Ramón García debe estar revolviéndose bajo su capa) y calificaban de "amenaza" y "malos católicos" a quienes denuncian y critican el uso de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús con la cabeza de la vaquilla del Gran Prix (otra vez Ramón García revolviéndose...).

En la trinchera de enfrente, con el garrote preparado como en el duelo de Goya, los del ojo derecho. Los que han quitado del mando a distancia RTVE porque es de Sánchez "y ya no podemos ver ni las uvas", y prefirieron a Pedroche "aunque a esta chica tampoco la trago". Se sienten agredidos por una imagen y responden a Lalachús que "a ver si te atreves con Mahoma, vaca de mierda", olvidando lo de la otra mejilla y la caridad cristiana... El recorrido en los tribunales de la denuncia por ofensa al sentimiento religioso va a ser mucho más corto que las 48 horas de polémica que llevamos (y las que nos quedan).

Y si usted no está ni a un lado ni al otro, probablemente habrá pasado este día bastante más pendiente de todas las subidas de impuestos que, un segundo después de las campanadas de Broncano y Lalachus, de Chicote y de Pedroche, llegaron para quedarse en este 2025: el iva de la luz del 10 al 21%; el tasazo de basuras, los peajes... O pensará en cómo es posible que en Nueva Orleans hayan fallado los sistemas de seguridad para que un musulmán nacido en Texas y que sirvió en Afganistán haya acabado con la vida de una decena de personas que solo querían celebrar la llegada del nuevo año.

Si usted, insisto, no está en una u otra trinchera, entenderá que quizá no se deban pasar ciertos límites en el humor: ni con una señora gorda muy pasada de kilos ni con una imagen que significa mucho para gran parte de la población. Y, además, un dato fundamental: hay que ser especialmente escrupuloso cuando se hace con dinero público, con el dinero de nuestros impuestos, también de los que ven en esa imagen algo que se debiera respetar.

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Pero, sobre todo, entenderá ese español hastiado del banderío que, o el humor se puede hacer siempre y con todo o nunca y con ninguno, y que no puede ser que los únicos que no puedan sentirse ofendidos son los que creen en el Cuerpo de Cristo mientras que se pone el grito en el cielo y se lanzan todas las hordas woke cuando el que se ofende es al cuerpo "no normalizado" de Lalachus.

Por cierto: las uvas las ganó el dúo de la 1 (en la polarización, como en política, los 'pequeños' son los grandes derrotados y opciones como la de Mediaset se dejaron hasta medio millón de espectadores con respecto al pasado año). Pero fuimos muchos los que echamos de menos a Ramón García y a Anne Igartiburu y aquellas nocheviejas en las que ver las últimas campanadas no era un acto político ni de reivindicación de nada ni contra nadie. Cuando se despedía un año sin la sensación de que, lo que vendrá, será igual o más de polarizado, y, permítanme el recurso, una de las dos españas seguirá helándote el corazón.

Y usted, ¿de quién es? ¿De Broncano y Lalachus o de Pedroche y Chicote? ¿Es usted de los ofendidos de derechas, capaz de sufragar la denuncia de Abogados Cristianos contra la presentadora y la estampilla del Sagrado Corazón con la cabeza de la vaquilla del Gran Prix? ¿O pertenece a los ofendidos de izquierda y el correctismo woke que piensan que no se puede reír de los kilos de más, llamar gorda a la misma presentadora y es capaz de partirse la cara por defender el derecho a respetar los "cuerpos no normalizados"?

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