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Dónde come McCoy | Pelotari, La Parra... Mis restaurantes en la semana Michelin
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Alberto Artero

Dónde come McCoy

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Dónde come McCoy | Pelotari, La Parra... Mis restaurantes en la semana Michelin

Nunca había estado en uno de ellos y es como entrar en otra dimensión, una vuelta conceptual y estética a una época pasada de señores con mostacho y señoras con parasol

Foto: Restaurante Pelotari.
Restaurante Pelotari.

Ha sido esta semana de estrellas Michelín y también de amplio recorrido de un servidor por alguno de los comedores más señeros de la capital. Por eso voy a obviar lo primero, reservándome mis juicios que tantos callos pisan en ocasiones, para centrarme en lo segundo, no vaya a ser que agüemos la fiesta a alguno con un baño de realidad.

Años sin pisar Pelotari y una de las mejores experiencias gastronómicas de hace tiempo en un comedor convencional en el que se cuida servicio, vino y cocina. Espectacular de sabor en su sencillez la ensalada de tomate de Nízar con bonito y cebolla, rape a la brasa de quitar el hipo, como hacía tiempo que no probaba, y ternera negra avileña con sus patatas y pimientos de llorar. Lo convencional, si resulta efectivo, se convierte en insuperable. Pantxineta y biscuit de nueces, ricos ambos, de postre y una original garnacha de Calatayud con algo de Bobal y Monistrel, Manda Huevos de 2018, para acompañar. Buena velada en la mejor compañía.

Foto: El chef Quique Dacosta se fotografía con los premiados con tres estrellas Michelin. (EFE/Kai Försterling)

Tiempo también desde la última visita a Alabaster que lo vi, como siempre, a tope de parroquia pero que, culinariamente, me faltó algo. Nos recomendaron un cardo fuera de carta que realmente no decía nada, ni la verdura en sí ni su preparación. Bien, sin embargo, la sardina ahumada con pan de cristal y queso de Arzúa, pero sin más. Eso sí, inenarrables de buenos tanto el steak tartar de solomillo de rubia gallega como la tarta de merengue tostado y crema de limón que es como para pedir de diez en diez. Óscar sigue manejando la sala como un reloj. No nos complicamos mucho con el vino: Finca Moncloa 2017, vino mestizo de Cádiz que ya conocíamos de los veranos en Zahara.

Sí lo sé, en qué mundo vives McCoy, pero nunca había estado en Horcher que es como entrar en otra dimensión, una vuelta conceptual y estética a una época ya pasada de señores con mostacho y señoras con parasol. Esta semana por fin traspasé su umbral y entre Rajoy a un lado, Spottorno al otro, el duque de Huescar algo más allá y los Encinar en la sala de al lado me quedé con la sensación de estar perdiéndome algo no yendo allí todos los días.

La experiencia culinaria, sin embargo, pues muy normalita, la verdad. Menestra de verduras del montón, sosaina. Un muy buen guiso de setas con huevo escalfado, adoptado por un gran número de restaurantes capitalinos. Y un ganso, que era el ‘mes del’, que por probarlo pero que, para mi gusto le sobraba algo de horno.Tampoco para la memoria. Dicho esto, pues eso, que hay que ir aunque, in my humble opinion, no es templo de la gastronomía (o nosotros no acertamos en nuestras elecciones, que también puede ser). Nos perdonamos el vino para no caer en tentación que la tarde se presentaba dura.

No hay allí espacio para la decepción en el restaurante La Parra

Me gusta mucho La Parra, en la calle Montesquinza. Era comedor de referencia en mis inicios profesionales de Castellana 18 y Castellana 21 en donde, acera frente a acera tuve ocasión de trabajar para dos entidades financieras distintas. Sigue igual, yo diría que hasta los comensales son los mismos. Local de mesas prietas con buena atención de las mismas por mezcla de camareros veteranos y noveles, bodega clásica -nos bajamos un CVNE Imperial Reserva 2017- y cocina solvente, sin alharacas. No dejamos en esta ocasión mucho espacio a la imaginación. Buen jamón, ricas anchoas y reiteración en el steak tartar, santo y seña de la casa que se me quedó algo por detrás del de Alabaster. Deliciosos tanto el 'apple crumble' como el hojaldre fino con crema de queso y coulís de frutos rojos. No hay allí espacio para la decepción.

Y ya está, que no les quiero enredar mucho más que, llegadas estas fechas, es pensar en comida y se le pone a uno el cuerpo del revés de los excesos acumulados y de los que están por venir. La semana que viene espero que pueda volver a encontrarme con ustedes para contarles más cosas y, seguro, mejores. Y si no, pues ahí estoy haciendo de teenager en mi Instagram @_albertoartero por si les pica la curiosidad.

Feliz Pascua del Nacimiento del Salvador a todos.

Ha sido esta semana de estrellas Michelín y también de amplio recorrido de un servidor por alguno de los comedores más señeros de la capital. Por eso voy a obviar lo primero, reservándome mis juicios que tantos callos pisan en ocasiones, para centrarme en lo segundo, no vaya a ser que agüemos la fiesta a alguno con un baño de realidad.

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