Es noticia
Las vacas sagradas
  1. España
  2. Madrid
Juan José Cercadillo

Miredondemire

Por

Las vacas sagradas

En India las vacas son sagradas. En España lo sagrado es el suelo, del que no podemos disponer con libertad pese al gravísimo problema de vivienda que atraviesa el país

Foto: Las torres de Castellana, cubiertas por la niebla. (Efe)
Las torres de Castellana, cubiertas por la niebla. (Efe)
EC EXCLUSIVO

Sobran vacas en la India, pero allí pasan hambre más de 150 millones de personas. No se permite ni cría ni sacrificio de uno de los animales más nutritivos que hemos sido capaces de domesticar. Pero sí usan su leche. Parece, quizá por similitud con lo que sufre uno mismo, que cobraran impuestos vacunos contra el sujeto pasivo en el acto del ordeño, atacando su liquidez, con la única diferencia de que en su caso es mamaria. En la nuestra es bancaria, que duele más y se llena con más esfuerzo.

Tienen prohibido comer su carne sagrada. Prefieren atropellarlas. No prefieren, pero no pueden evitarlo. La conjunción del libre albedrío del ungulado, los 350 millones de coches, la mitad de los conductores sin permiso válido de conducir y el trazado en asterisco de las calles y caminos de aquel país disparan la mortalidad de ese animal sagrado, consagrado a vivir hasta que Buda lo llame. Llamada que con frecuencia oyen precedida de un estruendoso bocinazo que suele llegar tarde al no tratarse de felinos. Añádanle la precisión de los trenes y la incapacidad de interpretar las señales de los bóvidos. Treinta mil vacas son anualmente desvividas por no usar pasos elevados para ir de pasto en pasto cuando se ven obligadas a cruzar alguna vía.

"En India no comen vaca. Prefieren atropellarlas. No prefieren, pero no pueden evitarlo"

Tienen los recursos —que malgastan en cunetas y vías de trenes— que acabarían con una parte importante del problema de desnutrición que sufre tanta gente. Por no hablar del déficit calórico o proteico de casi 900 millones de personas que por convicción o prohibición no tienen acceso a la proteína de la carne. No se si el decreto ley sería aplicable. Pero tienen muy fácil revertir la situación y preocuparse por su gente.

La revelación divina en forma de tablas o zarzas ardientes, palomos ventrílocuos o estrellas de Oriente podrían ser la categoría jurídica tradicional y asimilable para aplicar un alivio a tanta población indigente. Es decir, buscar una excusa para convertir en un nuevo acto de fe, un antiguo acto de fe. Problema solucionado porque el recurso principal es existente, abundante. Habría que trabajarlo, eso sí. Se organizarían granjas, se crearía empleo, se potenciaría la agricultura para alimentar al sistema, y por supuesto a las vacas. Se evitarían percances. Se resolvería un problema que en cualquiera de nuestros rincones de occidente se atajaría sin duda. Evitaríamos la carencia que ocasionara un perjuicio tan grave y tan evidente.

Foto: vivienda-en-alquiler-o-en-propiedad

Pero las creencias sobrenaturales aplicadas a la vida de la gente han generado más disgustos que alegrías. Al menos en esta vida. Que, en la que te prometen, ni Dios mismo puede acreditar que se mejore. Nadie ha vuelto desde allí con evidencias y la palabra de Dios siempre nos llegó a través de intérpretes. Ahí está el otro vórtice, en las promesas. La fe se alía con las promesas, la mansedumbre con los milagros, el conformismo con la llegada de un Salvador. La mejora de tu vida con el advenimiento de una completamente nueva, no con su lenta transformación.

El ejemplo puede parecer deslocalizado. Sobre todo, si se pretende explicar, como yo hago, el problema de la vivienda. Pero no se me ocurría otro para explicarme el contexto que hace que el problema habitacional en España nos parezca todavía hoy irresoluble. Y digo todavía hoy porque tiempo, debates, propuestas y discursos han ocupado foros, telediarios, tertulias, columnas de opinión y titulares hasta el verdadero hartazgo sin que parezca atisbarse un camino claro o al menos medianamente consensuado. El hambre o la desnutrición en España es la falta de vivienda. Es la herida más abierta, la que más escuece a los jóvenes. Es inaceptable el esfuerzo que tiene que hacer la población no propietaria para solucionarse el problema de tener un cobijo aceptable.

Recordemos que se calcula que el 75% de los españoles son propietarios. Dato que reduce al 25% más los que nos vengan de fuera de ahora en adelante los sufrientes del problema. Muchos de ellos en condiciones de esperanza de vida tradicional no tendrían hoy ese problema. La transferencia de valor de padres a hijos se daba en épocas atrás casi dos décadas antes que ahora. Viven más los muy… propietarios. Pero no se trata hoy de las causas. Se trata de entender hacia donde dirigir las soluciones.

placeholder Un edificio en construcción en Barcelona. (Efe)
Un edificio en construcción en Barcelona. (Efe)

Nadie arreglaría el problema del hambre en la India deshaciéndose de los que pasan hambre, así que no propondremos aquí la solución final que liberaría espacios habitacionales. Pero parece que todo va contra el propietario. Y propietario también es el pequeño partícipe de un fondo o de una socimi. Pero a él no se le protege. Aquí lo primero que habría que hacer es cancelar el vórtice de las promesas. Esa especie de remolino que arrastra hacia el fondo cualquier tipo de solución técnica que se proponga. La generación espontánea de las viviendas sería más milagrosa que lo de los panes y peces. Que por otro lado siempre he pensado yo que lo que pasó es que faltó gente. Lo que no tiene pinta en nuestra España acogedora. Hay que desterrar los milagros, los actos de fe y las falacias que lo único que consiguen es distraer a la gente del esfuerzo irrenunciable que conlleva el tener una vivienda. Como le pasó a nuestros padres.

El bendito suelo

Nuestras vacas son el suelo. Vacas sagradas, por cierto. No se las puede tocar. Deben permanecer incólumes, protegidas, en su estado natural para que sea contemplado, conservado y adorado. Eso sí, la leche de los impuestos, en forma de IBIs, AJDs o plusvalías que no falten, que alguien tendrá que comer. Parece que algunos suelos, como si fuera un accidente, inician de vez en cuando el largo proceso de la transformación. Aquí el milagro es que se tarde menos de 15 años en preparar la simiente de la vivienda que no es otra que un solar disponible para su construcción.

Hay que atacar las vacas sagradas del urbanismo extensivo, de los servicios desproporcionados que soportan las cargas de urbanización, de las cargas impositivas del suelo, las cesiones, el exceso de vivienda protegida que encarece el precio del resto. Hay que acabar con el silencio negativo que permite a las administraciones ni siquiera contestar. Hay que moderar las cargas de sostenibilidad, la locura de seguir elevando el estándar de todo a través del código técnico

Foto: por-que-viena-no-es-un-ejemplo-vivienda
TE PUEDE INTERESAR
Por qué Viena no es un ejemplo para nuestros problemas de vivienda
Fernando Caballero Mendizabal

Y también hay que meditar sobre la vaca sagrada del propietario del suelo y su papel favorecedor o ralentizante. Porque hay que distinguir la industria productiva y transformadora del dueño de la vaca sagrada e intocable que arreglaría, con la determinación real de las administraciones, gran parte del problema La emergencia nacional bien merecería el debate. Porque estamos malgastando los recursos. Esto empieza a ser tan absurdo como lo de no comerse las vacas. Y no deberíamos seguir haciendo el indio.

Sobran vacas en la India, pero allí pasan hambre más de 150 millones de personas. No se permite ni cría ni sacrificio de uno de los animales más nutritivos que hemos sido capaces de domesticar. Pero sí usan su leche. Parece, quizá por similitud con lo que sufre uno mismo, que cobraran impuestos vacunos contra el sujeto pasivo en el acto del ordeño, atacando su liquidez, con la única diferencia de que en su caso es mamaria. En la nuestra es bancaria, que duele más y se llena con más esfuerzo.

Impuestos Vivienda India