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Millonadas: la vivienda no se soluciona con dinero
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Juan José Cercadillo

Miredondemire

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Millonadas: la vivienda no se soluciona con dinero

Toda iniciativa que acelere la producción de viviendas me parece bienvenida. La industria está deseando subirse a cualquier carro que vaya en la dirección correcta, o aproximada

Foto: Nueva promoción de vivienda pública de la EMVS de Madrid. (EFE/Nahia Peciña)
Nueva promoción de vivienda pública de la EMVS de Madrid. (EFE/Nahia Peciña)
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A las hadas de los millones, esas que parecen resolverlo todo, bien podríamos llamarlas millonhadas. Un amigo argumentaba con frecuencia que cualquier problema al que se enfrentara, con la técnica adecuada, podía reducirlo a términos monetarios. Su alambique mental destilaba chulería. Tal era su irreductible convicción, que llegué a confundirla con arrogancia. No importaba la naturaleza ni las causas del problema, todo tenía solución con la cantidad adecuada de dinero. El problema final siempre era la ausencia de este. El resto, en su retorcido razonamiento, sucumbían al poder del talonario, a la capacidad de inversión, al precio justo pagado a tiempo. Ni la aleatoriedad de la salud se le resistía al argumento. Con dinero vives más y te curas antes y mejor. Millonhadas, le puse yo.

Durante años he sucumbido a su enfoque y la verdad es que casi siempre ha sido un atajo pensar en cuál era la necesidad de dinero, su destino final, a la hora de diseñar soluciones rápidas a problemas urgentes. Cuando coges cierta práctica, acabas divirtiéndote con el juego. Pero hay una línea que pasas que no tiene retorno. Te puedes volver mala persona. Sobre todo cuando aplicas calculadora a determinados sentimientos. Matrimonio, amistad, compañerismo, socios, familia incluso. Sus éxitos y sus fallos pasados por una integral económica te pueden dar respuestas que hubieras preferido no obtener. Las frases vueltas en cifras son mensajes contundentes, transparentes y concretos. Con el análisis frío se pueden volver radiografías, te dan el poder de los rayos equis. Y… X igual a Y, la mayoría de las veces. Volverse demasiado clarividente puede molestar a los que preferirían seguir con esa fuerte miopía que nos da el consorcio social. Conviene ser prudentes.

Al cabo de los años, la retorcida mente de mi directo amigo a punto estuvo de conseguirle una habitación barata, cien por cien subvencionada. Y con todos los servicios adicionales incluidos, también los de manutención y atención sanitaria. Concretamente en la Unidad Residencial y Rehabilitadora de enfermos psíquicos y mentales de Alcohete. Pensaba bien, pensaba rápido. Quizá demasiado. Los patinazos neuronales aumentaron y el desgaste de la sinapsis que produjeron tan brillantes razonamientos le convirtieron, al cabo de los años, en candidato a vivienda pública y gratuita. Su argumento, de forma colateral, le sirvió para resolver su problema de vivienda.

Y ahí me mató. Porque si veía alguna falla a su tesis, era la de la vivienda. La vivienda no se soluciona con dinero. Se compra con dinero, pero no se soluciona. Hoy hablamos de millonadas. Sin hache de hacer algo que funcione de verdad. Es loable vertebrar líneas de financiación, pero el diagnóstico está incompleto. Hoy la financiación privada cubre con creces las necesidades de capital que tiene el sector inmobiliario. A pesar de la reducción drástica de entidades financieras que sufrimos después de la crisis de 2008, la capacidad y la voluntad de los principales bancos especializados en el mercado hipotecario está al alza. Tienen más recursos que proyectos a los que aplicarlos. Y a precios competitivos. Desde un Euribor estable en el entorno del 2%, el coste de financiación de una vivienda (durante el periodo de construcción porque hoy ya apenas se financia el suelo) podría suponer entre 30 y 50 euros por metro cuadrado. Con precios que no bajan de 3.000 euros en las zonas más baratas de la Comunidad de Madrid sin ir más lejos. No puede bajar significativamente ese coste y aunque lo hiciera y bajara a la mitad, por ejemplo, su impacto en el precio sería inapreciable.

Foto: entrevista-jorge-galindo-problema-vivienda-solucion-sueldos

Hablando de millonadas, conviene recordar que el coste fiscal de la vivienda nueva está por encima del treinta por ciento de su precio. Significa que una pareja que compre su primera vivienda y que firme una hipoteca a treinta años para hacer frente a su pago, destinará en torno a un tercio de los recibos mensuales a pagar impuestos y los intereses que le generarán el tenerlos que haber pagado al contado. Diez años pagando hipoteca sobre el dinero que ha recaudado la administración. IVA, ITP, AJD, ICIO, tasas municipales… sin incluir el IBI de la vivienda ya acabada, se estiman que recaudan a nivel nacional por encima de los 23.000 millones año. Recaudación directa, sin contar costes de urbanización de las cesiones obligatorias o infraestructuras añadidas que solucionan problemas ajenos a los desarrollos. Una cifra bastante asimilable a los 23.000 millones que se quieren poner en circulación. Quizá hubiera otras formas de abaratar la vivienda evitando el prepago y que el dinero pase de mano en mano a destinos que nada tienen que ver con la emergencia que tanto se cacarea.

Siendo honestos, no creo que rebajar los impuestos abaratará la vivienda, al menos a corto plazo. Es duro decirlo, pero mientras "la gente" pueda pagar lo que paga, no van a bajar los precios. Vivienda hecha, vivienda transaccionada es el mejor epitafio de la vivienda asequible. Solo cuando este axioma se incumpla empezarán a bajar los precios. Primero el del suelo, que no podrá recoger de forma impune y nada productiva —y con tanta facilidad— la mayoría de las plusvalías que se generan. Y después, de la vivienda vendida sobre plano, que requiere porcentajes de ventas elevados y seguros. Ese desequilibrio, para volver al equilibrio de poder adquirir tu morada, solo lo alimentará el aumento de la oferta. Mientras tanto, el dinero será más bien millón-nadas porque poco aportarán al descenso de los precios.

Foto: vivienda-el-cuello-de-botella-autoimpuesto Opinión

Sin embargo, toda iniciativa que acelere la producción me parece bienvenida y espero que los reglamentos que desarrollen la idea den con los caminos correctos para ayudar al objetivo. La industria está deseando subirse a cualquier carro que vaya en la dirección correcta, o aproximada. A gritos se marcan algunos desvíos en el trayecto que desgraciadamente estamos dejando pasar y que aumentan los rodeos. La gestión del suelo, los silencios administrativos negativos, los nuevos códigos técnicos de la construcción, las dificultades de contratación del personal de obra, la escasa edificabilidad, las ordenanzas restrictivas, la rigidez de los usos, los anticipos de impuestos… por caminos inexplorados hasta ahora, que podríamos probar, seguro que no será.

A las hadas de los millones, esas que parecen resolverlo todo, bien podríamos llamarlas millonhadas. Un amigo argumentaba con frecuencia que cualquier problema al que se enfrentara, con la técnica adecuada, podía reducirlo a términos monetarios. Su alambique mental destilaba chulería. Tal era su irreductible convicción, que llegué a confundirla con arrogancia. No importaba la naturaleza ni las causas del problema, todo tenía solución con la cantidad adecuada de dinero. El problema final siempre era la ausencia de este. El resto, en su retorcido razonamiento, sucumbían al poder del talonario, a la capacidad de inversión, al precio justo pagado a tiempo. Ni la aleatoriedad de la salud se le resistía al argumento. Con dinero vives más y te curas antes y mejor. Millonhadas, le puse yo.

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