Pacheco, las dos caras del enchufismo

Una condena y dos interpretaciones. Como en un ejercicio de retórica de los filósofos griegos, con la condena de Pedro Pacheco a cuatro años y medio

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Una condena y dos interpretaciones. Como en un ejercicio de retórica de los filósofos griegos, con la condena de Pedro Pacheco a cuatro años y medio de cárcel por enchufismo podemos armar dos discursos contrarios, que pueden ser los que dividan a la opinión pública ante un asunto como este. El primer argumento, a favor del exalcalde de Jerez y, el segundo, en su contra. ¿Se demuestra con esta condena eso que decía Pacheco de que la Justicia es un cachondeo, tan férrea para algunos y tan laxa para otros? ¿O debemos considerar que ninguna irregularidad puede ampararse en una práctica viciada por generalizada que esté, como es el enchufismo?

Los hechos probados, a partir de los cuales se construirán las dos hipótesis encontradas, están en la sentencia condenatoria: en el mandato municipal de 2005 a 2007, Pedro Pacheco, líder y fundador de PSA, un partido andalucista escindido de los nacionalistas históricos de Andalucía, se coaligó con el PSOE para gobernar el Ayuntamiento de Jerez. En el pacto firmado por los dos partidos se detallaba que la alcaldía sería para el Partido Socialista, que las áreas de gobierno se repartirían entre las dos formaciones y que cada uno de ellos tenía derecho a contratar a varios asesores municipales.

Pacheco empleó a alguno de ellos por el procedimiento habitual de aprobaciones plenarias de cargos eventuales y, además, destinó a dos de sus asesores, compañeros de partido, a dos empresas municipales de las que era vicepresidente. La sentencia lo condena por no haber seguido el procedimiento administrativo correspondiente en esos dos últimos nombramientos. Total, cuatro años y medio de cárcel para Pacheco, por ser autor de delitos de prevaricación, malversación de fondos públicos y falsedad documental, y más de dos años de prisión para sus asesores, como colaboradores necesarios para la comisión de los delitos anteriores.

¿Es justa esa sentencia? No, claro, por la sencilla razón de que, si se enviara a la cárcel a todos los políticos que han enchufado a alguien, no habría sitio suficiente en las prisiones españolas. Se trata, además, de una aseveración que es muy fácil de demostrar, porque cada uno de nosotros podría señalar ahora mismo a alguien al que han colocado en el ayuntamiento de su ciudad o en alguna empresa pública del gobierno regional. Eso sin mencionar a las diputaciones provinciales, porque ahí el porcentaje de colocados por los partidos políticos, por todos los partidos políticos, debe ser incluso más elevado que el número de funcionarios.

La distorsión aquí está en la singularidad del caso: la gota de agua de una sola condena en un mar de enchufes. Pacheco no puede ser la cabeza de turco que pague por el enchufismo generalizado que tanto irrita a los ciudadanos

Por el mismo rasero judicial que se le ha aplicado a Pacheco, todos ellos tendrían que estar condenados ya por enchufismo pero, como se ve, aquí hasta ahora la colocación de los amigos o de los compañeros de partido no se ha considerado una forma de corrupción, como tendría que haber ocurrido. Lo que no es admisible ahora es que, por los motivos que sean, se aplique todo el rigor de la ley a una sola persona y que todos lo demás sigan igual, sin inmutarse. Las sentencias ejemplarizantes como esta, que parece dictada para calmar a una sociedad escandalizada por el nivel de corrupción de su clase política, no deberían tener cabida en un Estado de derecho porque rompen el principio fundamental de igualdad ante la ley.

A Pacheco, que no ha robado nada, le ha tocado la china. A Isabel Pantoja, le salió mejor: por participar en el saqueo de Marbella, le ha caído la mitad de pena que al exalcalde de Jerez. Y eso sin mencionar a la Infanta... Pacheco dijo un día que la Justicia era un cachondeo, y ahora le están pasando la factura. ¿Es justa esa sentencia? Sí, por supuesto. Y quienes están afirmando lo contrario, sin haberla leído siquiera, no saben bien el daño que le hacen al prestigio de la democracia misma, por la desconfianza que generan en el sistema.

No es la primera vez que ocurre, claro, pero ya está bien de esta frivolidad con la que se analizan las cuestiones judiciales en España y, sobre todo, ya está bien de los juicios paralelos que, al final, lo único que persiguen es mediatizar a los tribunales, condicionarlos, como si se pretendiera, a estas alturas de la civilización, una vuelta a los juicios sumarísimos, justicia a la carta. Y si no se consigue, si la presión externa no logra doblegar el criterio jurídico, se descalifica la sentencia y a la Justicia.

Para empezar, lo que no se puede hacer es comparar procesos judiciales que nada tienen que ver. ¿Qué barbaridad es esa de medir el juicio de Pacheco con otros procesos penales, como el de Isabel Pantoja o el de la infanta Elena? No tienen nada que ver porque nada tienen que ver el delito de blanqueo de capitales, que es el que se le imputaba a Isabel Pantoja, y el delito de malversación de fondos públicos, que es uno de los que se le atribuyen a Pacheco. Tampoco tienen nada que ver las pruebas que existen en cada uno de ellos. Además, el blanqueo de capitales está menos penado que la malversación de fondos, y esas son las leyes españolas, que delimitan la condena que corresponde a cada uno de ellos.

Prescindir de todos esos elementos de análisis es prescindir de las bases fundamentales de un Estado de derecho y, por consiguiente, cualquier crítica se descalifica por sí sola. Pacheco contrató, al margen de cualquier procedimiento administrativo, a dos compañeros de partido para una empresa pública en la que nunca trabajaron. Eso es un caso de corrupción de libro, se mire por donde se mire. Por eso lo han condenado. Lo extraordinario en España es que se critique a la Justicia siempre, incluso cuando se castiga la corrupción.

Una condena y dos interpretaciones. Y ahora, volvamos a repetir la pregunta: ¿usted cree que es justa esa sentencia? Yo, así lo creo. Pero la distorsión aquí está en la singularidad del caso: la gota de agua de una sola condena en un mar de enchufes. Pacheco no puede ser la cabeza de turco que pague por el enchufismo generalizado que tanto irrita a los ciudadanos. Que no existen dos interpretaciones del enchufismo, como no pueden existir dos varas de medir.

Matacán
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