El conflicto vasco por la vía catalana

No van a pedir perdón. No lo van a hacer jamás. Ni siquiera van a pedir disculpas. Seguirán provocando, chulescos, seguirán exhibiéndose, grotescos, seguirán fotografiándose, desafiantes.

No van a pedir perdón. No lo van a hacer jamás. Ni siquiera van a pedir disculpas. Seguirán provocando, chulescos, seguirán exhibiéndose, grotescos, seguirán fotografiándose, desafiantes. Se trata del nuevo reto que se coloca delante de la sociedad española, de la democracia española: el independentismo vasco deja de matar y se suma a la vía catalana. Tantos años después, tantos asesinatos después, esos tipos, asesinos sanguinarios, van a ir saliendo de la cárcel, después de cumplir sus condenas disminuidas por las contradicciones y las deficiencias del sistema penitenciario español, y seguirán con la misma retórica de antes, pero sin pistolas. Y como de esa gentuza nada se puede esperar, y acaso nada pueden hacer para calmar el dolor que han provocado, la cuestión no está en ellos, sino en nosotros. Qué podemos hacer, qué debemos hacer.

La tentación primera, acaso la más aclamada, es la que sale directamente de las vísceras de todos nosotros, asqueados por el espectáculo, y que sólo pide escupirles, devolverlos a la prisión de la que nunca debieron salir, y gritarles a los cuatro vientos lo que nunca van a dejar de ser aunque cumplan sus condenas, viles asesinos. Pero esa reacción, que ya digo que es la tentación primera, no nos conduce a ninguna parte. Mucho menos se puede esperar aún de aquellas voces que interpretan lo que está sucediendo como una victoria de ETA o, peor aún, como el fruto de una confabulación de políticos, jueces y fiscales para sacarlos de la cárcel.

La apología del terrorismo se acaba cuando se acaba el terrorismo, entonces sólo queda la reivindicación políticaSencillamente no es verdad, por mucho que se repita y se siga obviando que casi 600 presos de ETA siguen en prisión y que la doctrina Parot y su posterior derogación es consecuencia de las lagunas de la legislación española, que se corrigieron demasiado tarde. Un etarra que haya salido de la cárcel tras 27 años entre rejas, como sucede con muchos de los excarcelados recientemente, no supone ninguna amnistía porque, con doctrina Parot o sin ella, el máximo de cumplimiento de condena está en los 30 años. Por tanto, ni amnistía ni conspiración proetarra. ETA no ha ganado, ha sido derrotada por la democracia española, y ahora sólo cabe esperar dos cosas: que los asesinos encarcelados cumplan el máximo posible en las cárceles y que la banda terrorista se disuelva definitivamente.

Pero, junto a eso, de forma paralela, lo que no se puede frenar es que esos tipos y sus cómplices de siempre, reconvertidos ahora en independentistas que renuncian a la violencia, se presenten a las elecciones y lleguen a las instituciones. Ya ha ocurrido en las últimas elecciones celebradas en Euskadi y, a partir de ahora, tras la reunión de los excarcelados en Durango, esa vía se va a intensificar. Porque, como ocurre en Cataluña, en el País Vasco tampoco es ilegal defender la independencia y el derecho a decidir; lo que convertía en ilegales esas proclamas eran los asesinatos, pero sin pistolas, sin una banda terrorista detrás, no existe delito. Esta obviedad conviene que nos la repitamos casi a diario porque es muy probable que, en breve, la banda terrorista anuncie su disolución y entonces ya no habrá debate. La apología del terrorismo se acaba cuando se acaba el terrorismo, entonces sólo queda la reivindicación política.

Puede suceder, además, que el propio lehendakari, Iñigo Urkullu, se sume decidido al movimiento, sobre todo si ETA anuncia su disolución, y comience a promover manifestaciones, cadenas humanas, seminarios y movilizaciones ciudadanas a favor del derecho a decidir de los vascos. Esa dinámica, de hecho, ya ha comenzado a desarrollarse; el lehendakari ha expresado su deseo de que 2015 sea el año del “derecho a decidir” en el País Vasco y los portavoces de Bildu lo han apremiado para que sea en este 2014 recién inaugurado cuando establezca una “agenda” precisa para que “sea realidad” que el País Vasco pueda votar su independencia y “ganar un espacio propio en Europa”. La ‘hoja de ruta’ catalana se ha calcado en el País Vasco y ya sólo falta saber si Urkullu va a aprender de la inmolación política de Artur Mas, desbancado en todas las encuestas por Esquerra, que es lo mismo que le podría suceder al PNV con Bildu.

Pero volvamos a la duda inicial: ¿qué puede hacer el Estado español? Sin renunciar, en ningún momento, al cumplimiento de la legalidad constitucional, ya se ha apuntado aquí que el Gobierno de la nación debería ser quien tome la iniciativa política (‘Cataluña, receta contra un pelmazo’) y esa necesidad se hace imperiosa ahora que la vía catalana se está extendiendo al País Vasco. Como en los momentos convulsos de la Transición, los dos grandes partidos españoles, PP y PSOE, deben promover un gran acuerdo para aprobar una legislación que fortalezca el cumplimiento de la Constitución y que impida que el mapa autonómico salte por los aires con el voto del 30 o el 40% del censo de vascos o catalanes. Los referendos se pueden celebrar, acaso porque en el futuro no se podrán evitar, pero es fundamental que, si se desarrollan, finalmente se hagan en unas circunstancias radicalmente distintas a las actuales. O se toma la iniciativa, se fortalece la legislación y se intenta el diálogo, o esperamos con los brazos cruzados a que pase el tiempo.

La ‘hoja de ruta’ catalana se ha calcado en el País Vasco y ya sólo falta saber si Urkullu va a aprender de la inmolación política de Artur Mas, desbancado en todas las encuestas por Esquerra, que es lo mismo que le podría suceder al PNV con BilduEl 28 de octubre de 1985, Yoyes, la etarra arrepentida, adelantó su epitafio en un diario personal; escribió aquellas hojas como si estuviera tallando su lápida. “Es una injusticia monstruosa lo que hacen conmigo. ¡Tengo un hijo!, quiero vivir, ¡lo tuve porque quería vivir! Es Akaitz, un niño maravilloso”. Con su hijo estaba paseando por la plaza de Ordizia cuando se le acercó un tipo. “Soy de ETA y vengo a ejecutarte”. La mató delante del niño, de tres años, que ni siquiera lloró hasta que fueron a recogerlo. “Abuela, dos hombres han matado a mamá”. Esos asesinos son tan despiadados, tan crueles, que tenía que ser precisamente Kubati, el que mató a Yoyes, el que leyera el otro día el comunicado en el que piden lo mismo por lo que la mataron: abandonar las armas, hacer política. Estos días, tras el comunicado que leyó Kubati en Durango, le han preguntado a Akaitz, que ya tiene 30 años y es médico en Estados Unidos, y no quiere hablar. Tampoco sus familiares; nadie quiere decir nada porque en la mentalidad de la sociedad vasca siguen funcionando los mecanismos mentales de siempre ante la banda terrorista; unos callan por miedo, otros por complicidad y un sector más por un sentido cobarde de la equidistancia.

Nada se puede esperar ni de una parte de la sociedad vasca, que seguirá enferma de odio, de fundamentalismo, de irracionalidad, ni, por supuesto, de esa banda de asesinos, que lo seguirán siendo siempre. La respuesta está en nosotros, en el estado de Derecho, en la democracia. Con firmeza, sin provocaciones, sin absurdas irritaciones, sin flagelaciones demagógicas. La vía catalana ya es el guion del conflicto vasco, es urgente darle respuesta a los dos. 

Matacán
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