Botín, el banquero rojo

Los bandazos de un empresario ante el poder nunca le pueden sorprender a alguien que, previamente, hubiera conocido a Rafael Álvarez Colunga. Porque él lo decía

Los bandazos de un empresario ante el poder nunca le pueden sorprender a alguien que, previamente, hubiera conocido a Rafael Álvarez Colunga. Porque él lo decía con la naturalidad con la que otros lo disfrazan o lo camuflan: “Los empresarios somos como los camaleones, nos volvemos del color político de quien gobierna”, me confesó unos años antes de morir. 

Si me entusiasmaba hablar con él era, precisamente, porque Álvarez Colunga era tan rico que no sentía la necesidad de mentir sobre sus propias renuncias. Banalidades de tiesos. Era como una pose superior, como un privilegio más que otros no se podían permitir. Pero él, sí. “Los que hemos nacido con independencia económica siempre hemos tenido una enorme ventaja en eso. Para mí, decir lo que pienso es un estado natural”. 

Es evidente, como se puede entender, que tener la independencia suficiente para decir lo que le venía en gana en cada momento era una máxima que se aplicaba incluso a él mismo, a la hipocresía interesada que, como empresario y, más allá todavía, como representante de los empresarios, le hacía arrimarse siempre al poder. Como en el clásico, cada noche electoral se preguntaba ¿quiénes hemos ganado las elecciones? Eso lo hacen muchos en ese gremio, pero sólo él lo reconocía. 

Esta semana, que por la alfombra roja de la Junta de Andalucía se ha paseado lo mejor del Ibex 35, parecía que el espíritu de Álvarez Colunga andaba por allí, por los rincones, soplando el aire que envolvía a los nuevos camaleones del empresariado español, una especie sin peligro alguno de extinción. 

Botín y Alierta han bajado hasta Sevilla para bautizar a Susana Díaz con la única bendición que le faltaba, la de los poderes económicosBotín y Alierta, que por momentos sólo se diferencian en que uno lleva la corbata roja y el otro azul, han bajado hasta Sevilla para bautizar a Susana Díaz, la presidenta andaluza, con la única bendición que le faltaba, la de los poderes económicos. Su ascensión, su estrellato, como ya se ha detallado aquí en alguna ocasión, es imparable, difícilmente comparable a otros. Susana Díaz asumió de golpe el poder de una de las mayores autonomías, y todo lo demás le ha venido por añadidura, el control del partido, la expectación de los medios de comunicación y la creciente popularidad. 

Faltaba la escena de esta semana, el baño representativo del poder económico y financiero que, por lo demás, nos viene a retratar bien a la clase empresarial española, en el sentido del que hablaba Colunga. Emilio Botín, por ejemplo; el primero que ha querido sentarse en el despacho de Susana Díaz, se entiende que por decisión propia del patrón del Santander, para abrir caminos y, sobre todo, marcar distancias con todos los que puedan venir detrás. 

Pues bien, al margen de lo firmado (créditos por valor de 500 millones de euros), lo importante es que Emilio Botín ha dicho que el Banco Santander “comparte plenamente las prioridades del Gobierno andaluz en el empleo, la mejora de la competitividad de las empresas, la simplificación administrativa y la mejora en la prestación de servicios”. 

Es curioso porque a este mismo Emilio Botín lo recordamos tan sólo unas semanas antes elogiando en Nueva York el cambio "muy drástico" que se ha producido en España gracias a las políticas del Gobierno del Partido Popular, la contención del gasto público y las reformas financiera y laboral. “Es un momento fantástico para España; porque llega dinero de todas partes”. 

Políticamente, la Junta de Andalucía de Susana Díaz es la antítesis del Gobierno de Mariano Rajoy, pero a Emilio Botín le parecen ambas maravillosasPolíticamente, la Junta de Andalucía de Susana Díaz es la antítesis del Gobierno de Mariano Rajoy, pero a Emilio Botín le parecen ambas maravillosas. ¿Quiénes vamos ganando? Pues eso. Como cuando le decía a Zapatero, en febrero de 2010, muy poco antes del desastre total, que las medidas que estaba adoptando su Gobierno eran “muy buenas y contundentes”, “magníficas”. Cuando sobrevino el desastre, Emilio Botín sólo tuvo que adaptarse al nuevo entorno. Camaleón rojo, camaleón azul. Esta semana tocaba banquero rojo. 

Luego está Alierta. Telefónica ha firmado con la Junta de Andalucía "el mayor acuerdo público-privado entre una comunidad autónoma y una empresa", según han reseñado en el Gobierno andaluz. En total, casi nueve millones de euros para becas distintas y ayudas para apoyar la innovación o la creación de empresas. Se entenderá que una inversión así en una comunidad que gestiona al año 35.000 millones de euros en su presupuesto es una gota de agua, pero lo significativo, lo importante para la presidenta andaluza, es el gesto.   

Andalucía tiene las mayores tasas de fracaso escolar y no abandona los últimos lugares de la lista cada vez que el PISA hace un examen. En el último informe, Andalucía estaba a la cola, por debajo de la media nacional y de la OCDE, en todas las categorías. ¿Está bien entonces que Telefónica apueste por Andalucía e invierta nueve millones de euros en innovación? Pues naturalmente que está bien. Lo único que se debe objetar es que eso no da para decir, como hizo Susana Díaz ante César Alierta, que Andalucía se coloca como "referente en el sur de Europa". El poder, o las expectativas del poder, que lo es todo, que da para todo. Dicho de otra forma, que Alierta no se habría decidido a firmar ese gran contrato si no fuera por las leyes camaleónicas del empresariado. 

Por eso, siempre vuelvo a la sinceridad abrupta de mi añorado Álvarez Colunga. “Yo soy un señorito. Todos preguntan siempre cómo hice mi primer millón y yo les digo que se equivocan, que cuando nací ya tenía mi primer millón”, me soltó cuando yo, torpemente, le buscaba las cosquillas del tópico andaluz que él tan bien encarnaba, el empresario del sombrero de ala ancha, la caseta de postín en la Feria de Sevilla, la casa con sirvientes uniformados en la aldea del Rocío. Y añadió: "Lo que nos hace falta en Andalucía es abandonar la cultura del subsidio, iniciar una cultura emprendedora. Ese es el reto". Pues amén. Palabra de camaleón.

Matacán
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