'Pujol nos roba', ese será tu epitafio

Es esta justicia natural, la justicia de los días, la más implacable y cruel de todas. Sentencias inapelables, que no admiten recursos ni esperan revocaciones porque

Foto: El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)

Es esta justicia natural, la justicia de los días, la más implacable y cruel de todas. Sentencias inapelables, que no admiten recursos ni esperan revocaciones porque se graban en el aire y aparecen por los rincones en cada soplo de viento. Es esta justicia del tiempo la única que podría haberle estampado a un tipo tan arrogante como Jordi Pujol su lema reconvertido, el 'España nos roba' que ahora suena con su nombre, 'Pujol nos roba'. Nos roba como todo aquel que defrauda a Hacienda, que ha sido el delito admitido por él mismo. La 'balanza fiscal' de Pujol, ay... Esa balanza fiscal es la única que escondía un fraude, una mentira, la cínica realidad de una familia bien de la burguesía catalana con una fortuna amasada desde el franquismo y sostenida en democracia.

Sostenida en democracia, sí, y ahí esta la clave principal de esta podredumbre que ahora se comienza a destapar. Sostenida y consentida desde la quiebra de Banca Catalana, de la que Pujol salió ileso tras una de las campañas de presión políticas más sucias de la democracia. Comenzó todo con un off the record que trascendió a la prensa: a mediados de los 80, un alto cargo de la administración socialista, delegado del Gobierno en Andalucía, de nombre Tomás Azorín, se atrevió a decir que el escándalo de Banca Catalana acabaría con Pujol en la cárcel. "Vamos a meter en la cárcel a Jordi Pujol", dijo el delegado del Gobierno de Felipe González y la boutade le sirvió a Pujol para organizar una campaña extraordinaria de catalanismo que invirtió los términos de la polémica. Ya no eran las irregularidades de Banca catalana lo importante, sino el acoso, el desprecio a Cataluña.

Ya se pueden imaginar, por tanto, el ambiente de la época, la presión chantajista de Pujol y las cesiones permanentes para acallarlo. Y ya se puede comprobar, fundamentalmente, en qué ha acabado todo, la deriva independentista y la estrategia del agravio convertida ya en precepto incuestionable del catalanismo

El propio Josep Tarradellas, el histórico president de la clandestinidad y de la Cataluña preautonomica, confesó en aquellos años que le había pedido a Jordi Pujol que presentara su dimisión por el escándalo de Banca Catalana, "pero prefirió plantar cara y no me hizo caso". Tarradellas, que ahora pasaría ante los suyos como un despreciable traidor, no ocultaba ya entonces sus diferencias políticas con Pujol porque no entendía que el catalanismo tuviera que significar el odio a España, en una estrategia política de agravios permanentes. Y le parecía que lo de Banca Catalana no era sino una pieza más de esa política. "Toda la acción de Gobierno [de Pujol] está impregnada por una filosofía: Nosotros somos formidables y Madrid siempre se equivoca", dijo. Hasta Tarradellas tenía claro lo que estaba ocurriendo pero la única verdad es que la estrategia victimista de Pujol le produjo los beneficios esperados.

La querella de la fiscalía acabó archivándose y los cientos de millones de pesetas que, según las denuncias, se habrían repartido un grupo de directivos, entre ellos Pujol, se perdieron de vista en la enorme polvareda política que se levantó. Hubo un caso posterior en esa misma década, a finales de los 80, en la que un empresario destapó una trama de financiación ilegal del partido de Pujol, Convergencia Democrática de Cataluña, con pagos que alcanzaban los 3.000 millones de pesetas. Y como la anterior, también se acabó archivando.

Lo escandaloso de este caso es que, años después, el juez catalán que llevaba la instrucción, Ramón Gomis, acabó admitiendo que decidió darle carpetazo y no investigar más "por prudencia". Ya se pueden imaginar, por tanto, el ambiente de la época, la presión chantajista de Pujol y las cesiones permanentes para acallarlo. Y ya se puede comprobar, fundamentalmente, en qué ha acabado todo, la deriva independentista y la estrategia del agravio convertida ya en precepto incuestionable del catalanismo.

El proceso judicial de los Pujol sentencia políticamente a CiU, la hunde un poco más, y puede acabar sumándole a Esquerra Republicana los apoyos que le faltan para hacerse hegemónica

Tanto es así que la equivocación ahora sería pensar que la confesión de Pujol va a suponer algún quebranto del proceso soberanista, que lo entorpece o que lo bloquea. Para nada. El proceso judicial de los Pujol sentencia políticamente a CiU, la hunde un poco más, y puede acabar sumándole a Esquerra Republicana los apoyos que le faltan para hacerse hegemónica. Ya han salido, de hecho, los adalides del independentismo alabando la confesión de Pujol y sentenciando que la nueva Cataluña, la Cataluña independiente, tiene que limpiarse de las suciedades del pasado. Y Esquerra Republicana ha pasado, directamente, a la ofensiva contra Pujol, al que ya no le llaman Honorable sino "indigno", y acabarán retirándole todos los honores de expresident de la Generalitat.

"He gobernado mi país casi un cuarto de siglo y en una época decisiva. Algunas cosas debo haberlas hecho mal, pero otras han sido un acierto, porque durante mi gobierno, Cataluña ha hecho un perceptible salto adelante. En todo caso he sido un presidente importante. Hasta los adversarios lo reconocen. Quizá sí que deberé ser enterrado en un panteón de prohombres". Ese era el epílogo que esperaba Pujol para su biografía. Lo escribió así en sus memorias: el panteón de los prohombres, dice. Pues nada, en ese panteón ya tiene su lápida escrita: 'Pujol nos roba'.

Matacán

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