España está podemizada, quién la despodemizará…

Que “España está podemizada” lo dijo uno de los dirigentes de Podemos, Juan Carlos Monedero, en uno de esos debates que frecuentan, hace tres o cuatro

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias. (Daniel Muñoz)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias. (Daniel Muñoz)

Que “España está podemizada” lo dijo hace tres o cuatro meses uno de los dirigentes de Podemos, Juan Carlos Monedero, en uno de esos debates que frecuentan, cuando todavía muchos pensaban que el resultado de las elecciones europeas había sido una patada eventual al sistema político tradicional, aprovechando que esas elecciones no le importan a nadie en realidad.

“España está podemizada”, dijo, y el trabalenguas se ha ido completando en los meses siguientes, hasta llegar al acojone de ahora cuando han comenzado a llegar las primeras filtraciones de la próxima encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que retrata la convulsión política del momento, con Podemos como segunda fuerza política en España y con una intención directa de voto superior incluso a la del partido del Gobierno. Por eso, Podemos se ha convertido de pronto en trabalenguas. España está podemizada, quién la despodemizará…

La marejada, que no se limitó a una patada al sistema en las elecciones europeas, ha ido creciendo todos estos meses, al mismo ritmo que han ido decayendo los intentos de desmontar Podemos con descalificaciones desmesuradas, desde friquis a filoterroristas. Antes que socavar la fuerza creciente de Podemos en la sociedad, todos esos ataques iracundos a lo único que han contribuido es a su fortalecimiento, porque no hay nada más efectivo que rebatir un argumento con insultos para reafirmar la posición del menospreciado, aunque no tenga razón alguna. Es más, es que parece que eran los propios de Podemos los que elegían a sus adversarios, a sus rivales, porque acaban fortaleciéndolos con cada exabrupto.

El corolario de desastres sociales, políticos y económicos se sobrepone al esquema clásico de izquierdas y derechas, y es el sistema mismo lo que se colapsa. La clave está en el verbo que vienen repitiendo desde el principio los de Podemos: empoderar

La realidad, el momento político de España, estaba y está muy lejos de esos menosprecios. En los treinta años de democracia, ha habido tan sólo dos o tres momentos que puedan asemejarse a lo que está ocurriendo en la sociedad española estos días, y que se está catalizando en Podemos. Y una vez más se repetirá aquí algo en lo que se viene insistiendo: el hecho de que una gran parte de la sociedad manifieste ahora su simpatía por Podemos no presupone que se hayan vuelto bolivarianos, porque la ideología aquí queda en un segundo plano.

El corolario de desastres sociales, políticos y económicos se sobrepone al esquema clásico de izquierdas y derechas, y es el sistema mismo, todo lo conocido, lo que se colapsa. La clave está en el verbo que vienen repitiendo desde el principio los de Podemos: empoderar. “La gente no compra ideología, la gente compra esperanza, empoderamiento. Por eso funcionan bien los anclajes ‘viejo contra nuevo’ o ‘ciudadanía contra casta o élite’”, como sostenía en El Confidencial hace unos días una de las asesoras políticas del Senado, Inma Aguilar.

El ciclo que ha descrito la democracia española hasta el momento actual, hasta el colapso que se percibe de las fuerzas políticas tradicionales, nada tiene que ver con un movimiento político efervescente. Podemos, en contra de lo que aún siguen sosteniendo algunos, no es equiparable a otras fuerzas políticas que se salen del bipartidismo, como UPyD, Ciudadanos o la propia Izquierda Unida. Podemos es la respuesta al colapso del sistema.

¿Pero por qué se llega al colapso? No hay más que mirar alrededor, poner el oído en las aceras. El sistema se colapsa a base de casos de corrupción, uno tras otro y otro, que salpican a todos; a base de recortes sociales generalizados en todas las Administraciones Públicas; a base de subidas de impuestos y de bajadas de salarios; a base de aumento del desempleo y de escándalos de despilfarro en las administraciones.

Podemos es la espita. Para algunos, será la esperanza y para otros será un desahogo o una patada, pero se suman ambos a la corriente porque han salido achicharrados de lo que conocían. Se vio muy claro este verano, en el teatro romano de Mérida, cuando el público en estalló con un solo grito: “Estamos de ladrones hasta los cojones”. Como se decía entonces, aquello ya no era teatro, no.

Podemos es la espita. Para algunos, será la esperanza y para otros será un desahogo o una patada, pero se suman ambos a la corriente porque han salido achicharrados de lo que conocían

En cualquier caso, aunque de forma general se pueda afirmar que Podemos no responde a un giro ideológico determinado de la sociedad española, parece evidente que se trata de una formación  política que arrasa sobre todo en la izquierda española. Pero las circunstancias son muy distintas entre Izquierda Unida y el PSOE. Lo que ha hecho Izquierda Unida ante ese fenómeno, que desde dentro de IU se ve como un tsunami, es sumergirse en la ola, dejarse llevar, con la certeza de que sólo puede optar entre eso, sumarse al fenómeno o jugarse la propia supervivencia en las primeras elecciones que se presenten. Dentro del tsunami, por lo menos, se garantizan llegar a la orilla.

Para el PSOE, la coyuntura es mucho más compleja, entre otras cosas porque los objetivos políticos, como partido de Gobierno, son otros muy distintos. Hace unos días, Belén Barreiro, socióloga y directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas, ofrecía en una entrevista una reflexión interesante: “Es como el juego de las sillas: Podemos se ha sentado en la silla del PSOE y el PSOE de momento se ha quedado de pie”.

Esta misma socióloga se sumaba también a otra impresión generalizada, en el sentido de que el fenómeno Podemos, por el momento, no le afecta tanto al PP como al PSOE pero que, de consolidarse en el panorama político español, acabará disputándole la mayoría. Algo de eso, de hecho, es lo que ya se comienza a vislumbrar en los sondeos. También comparte la inquietud mayor, el efecto que puede tener un grupo político así en el Gobierno y en la estabilidad de un país como España. Pero, para eso, lo prudente es esperar a ver qué programa electoral confeccionan para las elecciones generales. Y falta un año para esas elecciones, que en política es una eternidad.

Hoy, lo único que se constata es que, como dice el CIS, España se ha podemizado. Y que el trabalenguas puede completarse porque nadie sabe dónde está el despodemizador que la despodemice.

Matacán
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