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Una patada a Susana Díaz
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Javier Caraballo

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Una patada a Susana Díaz

La destitución de Tomás Gómez sólo obedece a un ánimo de venganza interno y de reivindicación personal que nada tiene que ver con la Federación Socialista Madrileña

Foto: El secretario general del PSM, Tomás Gómez (EFE)
El secretario general del PSM, Tomás Gómez (EFE)

“Ea, ya estamos todos igual, sin candidatos”. La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, es como una niña cuando se expresa. Cuando le preguntaron ayer por la pedrada a Tomás Gómez, sólo le faltó la interjección para redondear el mejor análisis de la descomposición a la que estamos asistiendo de los partidos políticos tradicionales; con Madrid como símbolo de un nerviosismo más extendido.

A tres meses de las elecciones municipales y autonómicas, los tres partidos sobre los que ha gravitado la vida política española en la democracia se han embarcado en batallas internas que han acabado en portazo. La propia Ana Botella en el Partido Popular, Tania Sánchez en Izquierda Unida, y ahora Tomás Gómez en el Partido Socialista.

Por eso, la aparente inocencia de la alcaldesa es la que con más crudeza, como ocurre con los niños, señaló el panorama. “Ahora ya estamos todos iguales porque ahora ya no sabemos candidatos ni del PP ni del Partido Socialista ni de Izquierda Unida. Los madrileños deben estar desconcertados…” El ‘avispero de Madrid’ ya hace honor a su nombre. Madrid, rompeolas de todas las Españas; Madrid, rompeolas de todas las batallas.

De todas formas, aunque el panorama general sea este, lo ocurrido ayer con la pedrada a Tomás Gómez tiene la trascendencia principal de la guerra interna que se está librando en el Partido Socialista. Ni el tranvía de Parla, ni las encuestas, ni los apoyos internos en la agrupación de Madrid; nada de eso influye en la decisión radical, extraordinaria y grave que se adoptó ayer. La destitución de Tomás Gómez sólo responde a un ánimo de venganza interno y de reivindicación personal que nada tiene que ver con la Federación Socialista Madrileña.

Es un gesto de autoridad del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ante la persona que en las últimas semanas ha estado moviéndole la silla. Un gesto calculado, como birlarle la torre al oponente en un descuido. Se trata, vamos a ver, de una patada a Susana Díaz. La propina Pedro Sánchez y la recibe el trasero de Tomás Gómez.

Ahora, tras lo ocurrido ayer, cobran sentido las confidencias de pasillo que, semanas atrás, realizaban algunos socialistas del entorno de Pedro Sánchez cuando, un día tras otro, se ponía en duda el liderazgo del secretario general y se aventuraba que ni siquiera llegaría a las primarias que deberán elegir al candidato socialista en las elecciones generales. Decían entonces, casi proclamaban, que quienes le mueven la silla a Pedro Sánchez estaban olvidando el detalle esencial de la fuerza orgánica que tiene un secretario general y, por extensión, la ejecutiva federal del PSOE.

Fuerza orgánica, por ejemplo, para decidir en las candidaturas que se presentan a las elecciones, y fuerza orgánica, también, para manejar el censo de los militantes cuando se acuda a unas elecciones primarias. Pedro Sánchez, decían, llegó a la secretaría general gracias al impulso interno de Susana Díaz, pero desde que fue elegido por el apoyo masivo de los militantes ya no depende de nadie para seguir su camino. Y si algo tiene decidido Pedro Sánchez es que, ocurra lo que ocurra, se presentará a las elecciones primarias y las peleará frente a quien quiera disputárselas, con las armas de las que dispone un secretario general.

Ese mensaje, como queda dicho, circulaba en los pasillos, pero no había trascendido en los discursos. Lo ocurrido ayer supone el primer gesto serio de lo que está por venir. De hecho, la destitución de Tomás Gómez fue interpretada al instante de esa forma por la agrupación socialista andaluza, que incluso llegó a ‘retirar’ de la reunión de ayer de la permanente de la ejecutiva federal a alguno de sus peones, como Antonio Pradas, secretario de Política Federal del PSOE.

Lo mismo hicieron otras voces destacadas que, en la actualidad, proyectan la imagen de Susana Díaz, como la exministra Carme Chacón, que pidió la palabra en la reunión para decir que se trataba de un inmenso error y, al poco, se largó. Otras voces, de menor importancia en el peso orgánico del actual Partido Socialista, también exhibieron su desacuerdo, pero sobre todos ellos pesaba, como una losa, el único mensaje que quiso trasladar ayer Pedro Sánchez: “Que no se nos olvide, el PSOE está dirigido por la dirección federal. En el PSOE manda y gobierna la dirección federal, Pedro Sánchez”, como recalcó su secretario de organización.

“Ea, ya estamos todos igual, sin candidatos”. La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, es como una niña cuando se expresa. Cuando le preguntaron ayer por la pedrada a Tomás Gómez, sólo le faltó la interjección para redondear el mejor análisis de la descomposición a la que estamos asistiendo de los partidos políticos tradicionales; con Madrid como símbolo de un nerviosismo más extendido.

Pedro Sánchez Tomás Gómez Susana Díaz