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Podemos, tesis y antítesis de la imbecilidad
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Javier Caraballo

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Podemos, tesis y antítesis de la imbecilidad

Vivimos tiempos de cambios profundos que, quizá, ni siquiera sabemos valorar. También esta invasión de imbéciles debe tener tesis y antítesis

Foto: La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. (Reuters)
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. (Reuters)

A la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, la coherencia sólo le aguantó unos minutos en el discurso. Alejada de la hoguera lecomenzaron a arder los tuits de su concejal Zapata, se remontó a aquellos días negros en los que unos terroristas entraron en la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo y la barbarie provocó oleadas de solidaridad por todo el mundo. Solidaridad por encima de la muerte, del asesinato; solidaridad también con el humor negro y descarnado de esa revista que alegraba sus portadas con dioses sodomizados por el espíritu santo, Mahomas con turbante explosivo y rabinos reprimidos. Lo de Zapata, aquellos tuits que ardían en la hoguera, formaban parte de la misma facilona y estúpida broma que consiste en provocar con la ofensa. Ni siquiera, como explicaba Carmena, había sido Zapata el origen de aquellos tuits, sino que formaban parte de la defensa de otro, Nacho Vigalondo, que decidió experimentar con pólvora en las redes, a ver qué ocurría. Hasta ahí la coherencia. Lo que no se entiende ya es todo lo demás, cómo es posible que la alcaldesa de Madrid se haya sumado también a la hoguera con el cese de Zapata como concejal de Cultura de Madrid, sabiendo, como ella misma decía, que era inocente de las acusaciones que le hacían.

¿Es este acaso el sentido recto de la justicia de la alcaldesa de Madrid, condenar a quien es inocente de lo que se le culpa? En Podemos, y en sus satélites, debe haber decenas o cientos de militantes o inscritos, como les llamen, que tienen un historial en redes sociales bastante más salvaje que el del sacrificado Zapata. ¿Van a actuar de la misma forma con todos ellos? No, claro, porque ya tienen su víctima propiciatoria, como si con la cabeza del concejal barbudo, servida en bandeja de plata como en una tragedia griega, se pudieran purgar todas las demás barbaridades de esa tropa.

Si los imbéciles consiguen ser legión es que porque una sociedad entera se desvive por la imbecilidad, en cuyo caso el problema sería aún mayor e irreparable

Con el cese de Zapata, Podemos vuelve a actuar de la misma forma que la “vieja clase política” que tanto censura. Mera estrategia. Y esa es la equivocación de quienes han defendido con ardor el cese del concejal sin reparar en que le estaban procurando a Podemos la excusa perfecta para sacarle rentabilidad electoral a la polémica de Zapata, que oculta todas las demás, la de todos aquellos que, sin comillas ni humor, soñaban con la muerte de dirigentes del PP o se divertían con las víctimas de ETA. A partir de la salida de Zapata, sólo tienen que exponer su caso para demostrar lo que a todas luces ha sido un exceso. La cabeza la han cortado ellos mismos, pero dirán que el cese se debe a las presiones de la caverna mediática de España, y en esa lectura de nuevo sesgada de lo ocurrido ni siquiera les faltará razón.

Que no, que no era Zapata el problema, sino el ejército de ‘quincemayistas’, como se denominan, que han entrado en las instituciones con ínfulas de ser los únicos que representan a la ciudadanía.

En Participa Sevilla, han colocado un gran cartel en su página web en el que se ve al pueblo entrar en un hemiciclo, como si hubieran derribado una de las paredes. “Las candidaturas ciudadanas han tomado su cargo con el compromiso para abrir las instituciones a la gente, que pasen a manos del pueblo. (…) Ese es el verdadero cambio. Sin duda, lo de ayer, trae evocaciones claras al año 31”. Esos son los quicemayistas, con sus camisetas de úteros y papas con cuernos. “¿Qué es lo que queremos? Lo queremos todo porque todo era de todos. (…) Nosotras les acusamos, les señalamos y les juzgamos. Y el veredicto es uno: culpables”, dijo la concejal de Málaga Ahora en su discurso de toma de posesión.

Todo eso, claro, aliñado con el gesto de decenas de concejales que, por toda España, decidieron quedarse sentados cuando sonaba el himno. “En la mayoría de los municipios de Canarias no suena esta pieza", dijo una concejal de Sí se Puedeen Santa Cruz, como si estuviera hablando de un solo de piano. “Permanecí sentada por una pequeña bajada de tensión que me produjo escuchar las notas del himno nacional al pensar que hoy todavía permanecían en las cunetas cientos de miles de huesos de personas aún sin nombre, personas que fueron asesinadas mientras sonaba esa música”, dijo otra concejal, esta de Sí se PuedeDos Hermanas, en Sevilla.

La realidad que no vemos, la que ha ocultado la humareda que levantó la hoguera de Zapata, es la de estos ‘quincemayistas’, que se escapan incluso del control de Podemos. Pero¿saben qué? Pues que también todo eso, esa caterva de insultones prepotentes sentada en las instituciones, tiene su parte positiva. A ver. Cuando el ‘quincemayismo’ estalló en las calles, y ocupó las plazas, el riesgo mayor era que las instituciones, la propia democracia española, no fuese capaz de reconducir el evidente malestar de la calle; que no lo pudiese digerir y que el movimiento antisistema se hiciera fuerte en las aceras. Todos decían entonces: “Si quieren hacer política, que se presenten a las elecciones”. Pues eso es exactamente lo que han hecho. Parece contradictorio, por tanto, quejarse también de las consecuencias de aquello que todo dios pedía. Ya están los ‘quincemayistas’ en las instituciones, han pactado con aquellos que llamaban ‘casta’ y de la mano del PSOE se han sentado en los gobiernos. Mejor eso que la protesta callejera. Así funciona una democracia.

Con el cese de Zapata, Podemos vuelve a actuar de la misma forma que la 'vieja clase política' que tanto censura. Mera estrategia

Dice Umberto Eco que el problema de las redes sociales es que ha propiciado “una invasión de imbéciles”. Y añade: “Si la televisión había aprobado al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha aprobado al tonto del pueblo como el portador de la verdad”. No existen ni más tontos ni más imbéciles que antes, pero sí es verdad que nunca tantos imbéciles han tenido más cerca los quince minutos de gloria con los que soñó Andy Warhol sin conocer internet. Lo que olvida Umberto Eco es que es en la sociedad en la que recae la responsabilidad de convertir a un imbécil en un héroe de las redes sociales o en un pobre idiota al que nadie le presta atención. Es decir, si los imbéciles consiguen ser legión es porque una sociedad entera se desvive por la imbecilidad y le da protagonismo, en cuyo caso el problema sería aún mayor e irreparable.

Vivimos tiempos de cambios profundos que, quizá, ni siquiera sabemos valorar. También esta invasión de imbéciles debe tener tesis y antítesis. El escándalo preventivo, la alarma preventiva, el catastrofismo preventivo son las primeras armas para combatirlo; las primeras reacciones, como se ha visto sobradamente en el episodio del tal Zapata. El consejo, frente al tremendismo como respuesta, es alejarse ante cada escándalo, intentar contemplarlo desde algo más de distancia, sin caer en la acelerada turbamulta que se origina siempre y sin facilitar la propagación de lo que sólo consideramos una imbecilidad. Y, por encima de todo, pensar que es la sociedad la que, al final, lo decide todo en una democracia. Sociedad como usted, como yo, como aquel…

A la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, la coherencia sólo le aguantó unos minutos en el discurso. Alejada de la hoguera lecomenzaron a arder los tuits de su concejal Zapata, se remontó a aquellos días negros en los que unos terroristas entraron en la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo y la barbarie provocó oleadas de solidaridad por todo el mundo. Solidaridad por encima de la muerte, del asesinato; solidaridad también con el humor negro y descarnado de esa revista que alegraba sus portadas con dioses sodomizados por el espíritu santo, Mahomas con turbante explosivo y rabinos reprimidos. Lo de Zapata, aquellos tuits que ardían en la hoguera, formaban parte de la misma facilona y estúpida broma que consiste en provocar con la ofensa. Ni siquiera, como explicaba Carmena, había sido Zapata el origen de aquellos tuits, sino que formaban parte de la defensa de otro, Nacho Vigalondo, que decidió experimentar con pólvora en las redes, a ver qué ocurría. Hasta ahí la coherencia. Lo que no se entiende ya es todo lo demás, cómo es posible que la alcaldesa de Madrid se haya sumado también a la hoguera con el cese de Zapata como concejal de Cultura de Madrid, sabiendo, como ella misma decía, que era inocente de las acusaciones que le hacían.

Manuela Carmena