Ceballos, nuevo icono anticatalanista

El jugador de la selección española sub 19 escribió, cuando tenía quince o dieciséis años, una serie de barbaridades en su cuenta de Twitter

Foto: Dani Ceballos en la final del Europeo sub 19. (EFE)
Dani Ceballos en la final del Europeo sub 19. (EFE)

A Daniel Ceballos le han hecho Zapata. Y ha salido petróleo; petróleo anticatalán. ¿Ininteligible? A ver, vayamos por partes. Daniel Ceballos es un joven futbolista de la cantera del Real Betis Balompié que el otro día, con la selección española sub 19, se proclamó campeón de Europa. Como fue uno de los jugadores más destacados de la final y del campeonato, se han puesto a revisarle el Twitter a ver qué encontraban. Y han encontrado que hace tres años, cuando tenía quince o dieciséis años, coleccionaba barbaridades en su cuenta. Barbaridades de todo tipo, exabruptos propios de un niñato maleducado que ni siquiera sabe escribir. Entre chistes de gitanos, groserías sexuales y bilis anticatalana. Con lo cual se ha convertido en noticia de primera página en la prensa catalana. Eso es hacer un ‘Zapata’; al futbolista del Betis le han revisado el Twitter como le hicieron al concejal de Manuel Carmena y ahora se ha convertido en un nuevo símbolo del anticatalanismo español. En poco tiempo, las redes sociales se han puesto a hervir con los tuits del joven futbolista del Betis y, como es de imaginar, el debate se encauza por los mismos derroteros de siempre, más madera para el odio cruzado.

Los tuits de Ceballos. (Twitter)
Los tuits de Ceballos. (Twitter)

¿Tiene importancia todo esto o debemos dejar que pase como una mera anécdota? Hombre, por la deriva que ya se aprecia en multitud de polémicas similares, lo que parece claro, de entrada, es que nuestra sociedad no tiene todavía asimilada una relación normal con las redes sociales. Nada es normal. Y antes de volvernos todos locos, sería bueno que nos detuviéramos un momento. Vayamos por partes. Para empezar, estamos en los pliegues mismos de un cambio histórico en la comunicación y es posible que ni siquiera seamos conscientes de que ya nada sucede como hace tan sólo diez o quince años. Julian Assange, con su WikiLeaks, fue el primero en darse cuenta, hace ocho años, de la profunda modificación de las normas que rigen la comunicación y la información en todo el planeta. Las barbaridades de un niñato de 16 años que no pasaban del chisme en la pandilla de amigos, un mensaje de móvil entre colegas, se pueden convertir ahora en un trending topic que incendie un país o que le dé la vuelta al mundo. En suma, el protagonismo, los ‘quince minutos de gloria’, que eran patrimonio exclusivo de los medios de comunicación de masas, la televisión, la radio o la prensa escrita, está ya al alcance de todo el mundo. Sin distinción, porque todo el mundo tiene ya en su bolsillo un smartphone desde el que colocar en las redes sociales lo primero que se le venga a la cabeza. Primera distorsión, por tanto: el niñato piensa que escribir en redes sociales es igual que escribirle un mensaje a su grupo de amigos.

Es lo que le ha pasado a Daniel Ceballos, el futbolista del Betis, cuando, con en mayo de 2012, escribió los tuits que ahora le han explotado en la cara. “Mee da una verguenza la tremenda pitada al himno español tendria que caer una bonba en la grada y mata a todo los perro catalanes y bizcaino”. Como este mensaje, una docena de barbaridades más en las que las constantes faltas de ortografía colaboran para darle la apariencia adecuada de vómito o escupitajo impresentable de un niñato. Pero todo esto es tan evidente que casi no merece debate. La cuestión está en la segunda distorsión a la que nos sometemos: ¿qué relevancia se le debe dar a una cosa así? Los medios de comunicación, por ejemplo. ¿Es pertinente que ahora, bajo el título de jugador revelación de la selección española, se aireen los comentarios escritos en 2012? ¿Es noticia o es la versión actualizada del viejo periodismo amarillo, sensacionalista?

La cuestión está en la segunda distorsión a la que nos sometemos: ¿Qué relevancia se le debe dar a una cosa así?

Si hago preguntas es, desde luego, porque tampoco yo tengo respuestas claras, más allá de la sensación anterior de que estamos en un momento de cambio profundo y que lo prudente es, a cada paso, en cada polémica similar, detenerse un momento y valorar la trascendencia real de las cosas, más allá del incendio pavoroso que se desata en un instante y que puede abrasar a cualquiera. En el caso del jugador bético, además, la utilización en el caso de algunos titulares de la prensa catalana es evidente porque la polémica se encabeza como una nueva ofensa a Cataluña. Y claro, por groseras e imbéciles que fueran aquellas barbaridades de 2012, colocarlas ahora bajo el estandarte de la selección española, en el momento político que se vive en Cataluña, obtiene la respuesta inmediata de quienes buscan permanentemente el agravio y fomentan el odio.

Ya se comentó aquí, con motivo de la polémica de Zapata, aquello que decía Umberto Eco sobre la “legión de imbéciles” que ha propiciado internet. “El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad. (…) Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Antes, rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles", decía el afamado filósofo y escritor italiano. ¿Habría alguien que dijera lo mismo cuando se inventó la imprenta? En fin, que eso. Dudas. Seamos conscientes del momento y, como medida preventiva, lo razonable es tener presente siempre que la legión de imbéciles necesita la colaboración necesaria de quien está dispuesto a propagarlos.

Matacán
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