Genios o idiotas. ¿Quién manda en el PSOE?
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Javier Caraballo

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Genios o idiotas. ¿Quién manda en el PSOE?

Es imposible pensar que se haya debilitado de esta forma al PSOE por el mero hecho de cargarse al secretario general

Foto: Pedro Sánchez, la noche de su renuncia. (Reuters)
Pedro Sánchez, la noche de su renuncia. (Reuters)

He pedido ayuda en las alcantarillas y en las azoteas, entre las bambalinas y en los palcos. Al menos eso, una ayuda, aunque solo fuera una leve indicación de lo que está ocurriendo en el PSOE, porque no puede ser cierto esto que vemos. La realidad tiene que ser mucho más completa. No puede ser verdad, tiene que ocultar algo, me digo, algún secreto que se nos escapa, una carta marcada, una sorpresa reservada. Lo vivido en la última semana, la convulsión telúrica que se desató, la alineación de los más diversos intereses políticos y mediáticos con un solo objetivo, derribar al secretario general del PSOE; toda esa operación tiene que esconder algo más de se lo que se está viendo, de lo que ha comenzado a trascender.

¿Era esto? ¿De verdad? ¿Tumbar al secretario general y nada más, sin ningún plan alternativo para sucederlo? No puede ser porque en el momento político que está viviendo la izquierda en España, con el fraccionamiento del electorado que no se ha dado en 40 años, es imposible pensar que se haya debilitado de esta forma al PSOE por el mero hecho de cargarse al secretario general. Si es así, será difícil encontrar en la centenaria historia del Partido Socialista un ejercicio mayor de irresponsabilidad.

Foto: (Imagen: Raúl Arias)

En lo único que parecen coincidir en este momentos todos los dirigentes socialistas, y acaso también las bases socialistas, es que la posibilidad de que se celebren unas terceras elecciones sería algo catastrófico para el PSOE. En realidad, no es un pensamiento nuevo, porque desde diciembre del año pasado, cuando irrumpió por primera vez Podemos en el Congreso y el PSOE cayó hasta los 90 escaños, su mínimo histórico entonces, los socialistas son conscientes de que necesitan un periodo mínimo de estabilidad para intentar recomponer el partido, zanjar las luchas internas y comenzar a reducir a Podemos con la reconquista de algunas de las banderas de la izquierda que han perdido en el camino.

Ya entonces podrían haber admitido, como hacen ahora tantos de los que han participado en el acoso y derribo de Pedro Sánchez, como el propio presidente de la gestora, que “abstenerse no es dar apoyo”, pero se optó por lo contrario en sucesivos comités federales. La consecuencia fueron las segundas elecciones en las que, como se temían muchos socialistas desde diciembre, el PSOE volvió a bajar en las urnas; nuevo mínimo histórico con 85 diputados.

También tras las elecciones del 26 de junio se podría haber modificado el criterio, sobre todo por la notable subida experimentada por el Partido Popular, pero de nuevo el comité federal del PSOE rehusó cualquier posibilidad de abstención. Especialmente contundentes en el comité federal de julio pasado fueron los socialistas andaluces: un doble no y un doble no “rotundo”, dijeron. Ni abstención ni, por supuesto, una gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos porque “no es buena para España”.

Foto: La polémica comida en Amazónico en un fotomontaje realizado en Vanitatis

Y esa fue la posición que aprobó por unanimidad el comité federal; la posición que se mantiene en la actualidad porque no se ha vuelto a votar. Lo increíble es explicar el salto que se produce desde ese cComité federal, el “doble no rotundo”, hasta la convulsión de la semana pasada, alentada por el ataque frontal de Felipe González contra Pedro Sánchez por no haber defendido la abstención. Es increíble por inexplicable, porque a partir de ese momento es cuando se produce el desconcierto. ¿Qué había detrás?

Lo que pensaban muchos en el PSOE —lo consideraban así, por ejemplo, algunos miembros de la ejecutiva de Pedro Sánchez— es que el ataque coordinado de Felipe González, desde fuera, y de Susana Díaz con el resto de barones afines, desde dentro, escondía una salida pactada para poner en práctica una vez caído Pedro Sánchez. En concreto, se pensaba en un acuerdo pactado con el Partido Popular, con el respaldo de potentes grupos económicos y financieros, para que el Gobierno de Rajoy cediera algunas reformas importantes a los socialistas con las que poder justificar su abstención en el Congreso. Sin embargo, no parece que esto sea así: “Estábamos convencidos de que había una hoja de ruta, algo amarrado, pero no hay nada: todo el plan consistía en conseguir la cabeza de Pedro Sánchez”, confesaba ayer un antiguo miembro de la ejecutiva federal.

Con lo cual, sin hoja de ruta, la complicación para el PSOE en el mes de octubre es extraordinaria. Para empezar, el presidente de la gestora no puede negociar nada con Rajoy porque es un órgano sin poder político. Para negociar la abstención, tendría que convocar previamente un nuevo comité federal, que podría celebrarse el sábado 15 de octubre, a 15 días tan solo de la disolución de las Cortes si no hay Gobierno. Aun suponiendo que el comité federal apoyara mayoritariamente la abstención, lo cual es bastante improbable, quedarían otras dos semanas para que el Rey proponga una nueva investidura y se celebre la correspondiente sesión plenaria contrarreloj.

Si no hay ni abstención ni investidura, lo único que queda es que haya terceras elecciones en diciembre

Ocurre, sin embargo, que en el Partido Popular, con las encuestas más favorables desde 2011, ya se muestran abiertamente partidarios, aunque no públicamente, de unas nuevas elecciones, salvo que el PSOE ofrezca su abstención acompañada de un compromiso cerrado de apoyo en algunos de los aspectos fundamentales de la legislatura. "Si la urgencia de la abstención la tiene el PSOE, tendrá que ser el PSOE el que se la gane". Ese es el pensamiento en el Partido Popular. Pero también lo saben en el PSOE, como escribió ayer Josep Borrell en un artículo: “Ahora será Rajoy el que nos pondrá condiciones, más allá de la mera investidura. Víctima de sus divisiones, el PSOE habrá perdido en todos los frentes”.

Si no hay ni abstención ni investidura, lo único que queda es que, en efecto, haya terceras elecciones en diciembre a las que el PSOE acudirá con una gestora para coordinar la campaña electoral. ¿Y será, entonces, cuando Susana Díaz acepte ser la candidata? En teoría, también debería ser así, porque ha sido Susana Díaz la que ha encabezado la revuelta, pero no parece que esté dispuesta a asumir la severa derrota que le pronostican las urnas al PSOE en las elecciones de diciembre y, además, perder la presidencia de la Junta de Andalucía. Así que, volvamos a la duda inicial. ¿Era esto? ¿De verdad? Como sea esto, los que han pasado por geniales estrategas durante unos días pueden acabar como los mayores idiotas que han gobernado el Partido Socialista en toda su historia.

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