Marihuana de Granada. Made in Spain

Las intervenciones policiales localizan las plantaciones debido al olor y a los cortes de suministro que se producen por el alto consumo de electricidad de los pisos invernadero donde se ubican

Foto: Una agente de la Policía Nacional, en una intervención en una plantación.
Una agente de la Policía Nacional, en una intervención en una plantación.

La mejor. Que nadie tenga dudas: la marihuana de Granada es la mejor de España. Habrá muchas clases de marihuanas, pero seguro que ninguna alcanza el nivel de pureza de la de Granada. Unos dicen que es por el agua de Granada y otros, que lo fundamental es la autovía del 92, que muchos llaman la ‘autovía del hachís’ por la cantidad de cannabis que sube hasta Madrid, hasta el norte del España y, más allá de los Pirineos, hasta algunas de las principales ciudades europeas. Marihuana de Granada. Y aunque digan que es el agua o las carreteras, lo fundamental es España, este país. Ese es el principal ingrediente del fenómeno que ocurre en Granada con la marihuana.

Porque lo que pasa en España, con un guion que cada día escribe Berlanga, no pasa en ningún otro lugar. Imagine una ciudad del mundo civilizado en la que, de forma periódica, se producen apagones de luz que afectan a barrios enteros porque existen tantas plantaciones ilegales de marihuana, y consumen tanta electricidad por las conexiones también ilegales, que colapsan la red eléctrica. ¿Se lo imagina? Esa es Granada. 'Marihuana made in Spain'.

Una plantación encontrada por la Guardia Civil.
Una plantación encontrada por la Guardia Civil.

Sucede, además, que al margen de cualquier valoración sobre lo inexplicable de algunas de las cosas que ocurren en España, el dato objetivo que corroboran las fuerzas de orden público es que Granada, en la actualidad, se ha convertido en una de las mayores productoras de cannabis de Europa. Desde que comenzó la crisis, la producción se ha multiplicado de forma exponencial hasta el punto en el que se encuentra ahora: incontrolable. Cada mes, en los periódicos locales aparecen varias noticias de alguna plantación que se ha intervenido, dentro o fuera de la ciudad, y siempre se ofrecen perfiles de ‘cultivadores’ variopintos. Lo mismo se han encontrado cultivos ilegales en chalés de lujo que se ha detenido a un sencillo pastor con la mayor plantación de marihuana aprehendida.

Desde que comenzó la crisis, la producción se ha multiplicado de forma exponencial hasta el punto en el que se encuentra ahora: incontrolable

El centro neurálgico de la marihuana de Granada, de todas formas, no está ahí, sino en el distrito norte, que es donde se ubican los ‘pisos invernadero’ que provocan los cortes de electricidad por los enganches ilegales. La anterior concejal de Medio Ambiente, Telesfora Ruiz, llegó a explicar el problema de esta forma tan gráfica: “Son bandas organizadas que llegan incluso a expulsar a los vecinos de un bloque de pisos para convertirlo en grandes plantaciones. Nos ha dicho Endesa que las instalaciones eléctricas que utilizan (para cultivar la marihuana) tienen un consumo descomunal. Si la plantación es en un solo piso, consume el equivalente a un bloque completo, pero si son varios pisos en un solo bloque, pueden llegar a consumir como una pequeña localidad. Es lamentable, pero es así".

Tan abrumadora es la presencia de la marihuana en Granada que en una ocasión, el diario local, 'El Ideal' de Granada, publicó una carta al director definitiva: “Soy un vecino de Granada residente en el pueblo de Atarfe. No sé si ya estáis al corriente de qué pasa en este pueblo. Muchos vecinos estamos desesperados por la cantidad de marihuana que hay. El olor es tan fuerte e insoportable que se detecta varios kilómetros antes de llegar al municipio, si enciendes el aire acondicionado del coche el olor se queda en los filtros durante días. Y ahora con el frío el hedor baja algo, pero con el calor no se puede ni abrir las ventanas”.

Un miembro de la Guardia Civil registra una plantación.
Un miembro de la Guardia Civil registra una plantación.

Y no exageraba nada este vecino. En una de las intervenciones policiales que se han dado recientemente, la Brigada de Policía Judicial localizó la plantación por el fuerte olor a marihuana que había. “Un fuerte olor a Cannabis sativa a determinadas horas del día”, decía la nota de la policía. En el interior, uno de esos pisos de la zona norte, se encontraron ocho kilos de cogollos de marihuana y el modelo de producción habitual: 25 lámparas halógenas de alta intensidad, 25 balastros eléctricos y cuatro aparatos de aire acondicionado enganchados ilegalmente a la red eléctrica.

En mayo del año pasado, el popular juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, escribió en su blog: “Me cuentan los que entienden del tema –es decir, los miembros de las fuerzas de seguridad y los propios ‘agricultores’– que en Granada hay tanta marihuana –parece que somos el primer productor nacional de esta droga, lo cual no es para estar orgullosos– porque el agua es muy buena. Pues nada, a ver si las autoridades suben un poco el nivel de cloro y conseguimos reducir los cultivos. Porque esto no es una broma: un kilo de ‘maría’ se paga a dos mil euros y no hay droga más adictiva que el dinero. Así que en Granada hay cientos de personas que oficialmente figuran como desempleados, pero que en realidad se dedican a la ‘maría’. Y eso no es bueno para una sociedad. Se está normalizando el cultivo y el consumo, y pagaremos las consecuencias, porque la marihuana no es una droga inocua ni el dinero tampoco”.

El centro neurálgico de la producción está en los ‘pisos invernadero’ del distrito norte, que provocan cortes de electricidad por los enganches ilegales

¿Y no se desmantelan esas plantaciones ilegales? Pues claro, como se decía antes, de forma periódica aparecen intervenciones de la Policía o de la Guardia Civil desmantelando ‘invernaderos de maría’, pero como explican los propios agentes, al poco tiempo vuelven a la actividad y vuelven a ‘enchufarse’ a la red eléctrica, con lo que el proceso vuelve a empezar: localización de la plantación ilegal, denuncia a Endesa, localización de la conexión ilegal, autorización judicial, registro y detenciones. “Además –aclaran a este periódico en fuentes judiciales–​ los enganches ilegales son cada vez más sofisticados y cuesta más detectarlos. Estamos ante un problema muy serio”.

Varios kilos de cogollos incautados por la Policía Nacional.
Varios kilos de cogollos incautados por la Policía Nacional.

Volvemos a las peculiaridades de España. Si todo esto es así, si se roza el ridículo de forma tan visible (el ridículo con respecto al cumplimiento de la ley, quiere decirse), es porque la legislación española ofrece lagunas que aprovechan los cultivadores de marihuana. Lo que señala el Código Penal en su artículo 368 es lo siguiente: “Los que ejecuten actos de cultivo, elaboración o tráfico, o de otro modo promuevan, favorezcan o faciliten el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, o las posean con aquellos fines, serán castigados con las penas de prisión de tres a seis años y multa”. Pero en ese mismo artículo, más abajo, se modula la pena y se aclara que “los tribunales podrán imponer la pena inferior en grado a las señaladas en atención a la escasa entidad del hecho y a las circunstancias personales del culpable”.

Este atenuante final tiene que ver, desde luego, con el hecho de que el consumo de marihuana no esté penalizado y que, en consecuencia, tampoco lo esté ‘de facto’ el cultivo de marihuana en pequeñas cantidades, cuando se pueda demostrar que es para consumo personal. Existen, de hecho, alguna web de venta de semillas que pone a disposición de cualquiera un amplio catálogo de variedades. Gea Seeds es una de esas empresas y en su página web “pone al alcance de todo el sector cannábico sus variedades feminizadas y autoflorecientes de genética extraordinaria; semillas de alta calidad de cosechas recientes, sin acumulaciones de 'stock'”. Y manuales para el cultivo perfecto. Y recetas para hacer 'brownies', bizcochos o aceites de marihuana. ¿Alguien da más? ¿Debería esta realidad conducir a un debate serio sobre la legalización del cannabis? ¿Por el contrario, tendría que extremarse la represión? Esas preguntas se quedan así, abiertas. Y antes de contestarlas, es bueno volver a pensar en lo que ocurre en Granada.

Matacán
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