Tú, estibador; yo, obrero gilipollas

El problema no es la política, sino los privilegios y la certeza de los trabajadores anónimos de toda España de que jamás los van a defender así, aunque pidan menos

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Tú eres un estibador, un oso panda de los obreros, por lo menos eso es lo que nos han dicho. Con lo cual, yo debo ser un obrero simplón, vulgar, y en muchos sentidos, un obrero gilipollas por no poder ser como tú y tener este maldito remordimiento de que, en el fondo, tú eres un oso panda porque yo soy un gilipollas. ¿Te parece raro que lo diga, estibador? Pues no, verás. Es normal que mucha gente en este país tenga esa impresión porque viene de antiguo y porque se ha acrecentado en los últimos años, con las apreturas de la crisis, que ha caído a plomo sobre las espaldas de los de siempre.

Te levantas cada mañana y cuando vas camino del trabajo, en la fábrica o en el hospital, cuando vas conduciendo tu camión de mercancías o tu coche hacia el instituto, piensas una vez más que tu sueldo no se puede estirar más, que no sabes si vas a llegar a fin de mes. Entonces, pones la radio y oyes el discurso encendido de una dirigente de Podemos, Teresa Rodríguez, del ala más radical de Podemos, el sector más a la izquierda, que sale en defensa de los estibadores con palabras que te hacen temblar: “Tenemos que cuidar a los estibadores como si fueran un oso panda porque para un colectivo que tiene unas condiciones laborales dignas, hay que defenderlos”. Tiemblas, sí, tiemblas, porque en ese momento caes en la cuenta de que a ti nunca te defenderán así, que tú no eres un oso panda. A ti lo que te toca es pagar muchos impuestos y no llegar nunca tranquilo a fin de mes.

Cuarenta y seis sociedades de estibadores (Sagep) hay en España, una por cada puerto, y algo más de 6.000 trabajadores, pero en realidad el conflicto es mucho más reducido; en realidad son tres puertos con una enorme capacidad para doblegar a un país entero y ponerlo de rodillas si deciden paralizar la entrada de mercancías por mar, los puertos de Valencia, Algeciras y Barcelona, que gestionan el 42% del tráfico portuario. Jornadas de seis horas, que se pueden duplicar en los periodos de más trabajo, y sueldos que, con los extras que conllevan las horas extra, oscilan desde los 70.000 y los 150.000 euros.

¿Peligroso? Puede ser la impresión, pero mucho menos que otros; por ejemplo, tres veces menos que el de un albañil que cobra cuatro veces menos

¿Trabajos peligrosos? Puede ser esa la impresión que se ofrece, pero mucho menos que otros; por ejemplo, tres veces menos peligroso que el de un simple albañil que, además, cobra cuatro veces menos. Son solo datos: el índice de mortalidad de la construcción es de 9,4 cada 100.000 trabajadores, y el de los estibadores es de 3,66 por cada 100.000. El sueldo medio de un albañil es de 16.500 euros y el de los estibadores ya está dicho.

En cualquier caso, como ya se ha repetido muchas veces, el conflicto mayor no llega por los elevados salarios, ni por la organización de las jornadas ni, mucho menos, por el temor a que se rebajen las condiciones de seguridad de los muelles de carga y descarga. El conflicto real se produce por el control absoluto del negocio; son los trabajadores quienes deciden en última instancia quién trabaja y quién no, por eso el índice de afiliación a sindicatos entre los estibadores es del 100%, 80 puntos por encima de la media nacional. El control de ese monopolio que lleva, por ejemplo, a que no se contrate a mujeres en el puerto de Algeciras o a que se haya perpetuado la herencia familiar en los puestos de trabajo.

Isabel Morillo. SevillaIsabel Morillo. Sevilla

Con esos sueldos y con el monopolio de la contratación, es fácil entender que los sindicatos hayan visto en los 6.000 estibadores a ‘soldados’ dispuestos a combatir por sus derechos, como decían en el famoso vídeo en el que mostraban su disposición a ‘reventar’ los puertos españoles si no se cedía a sus pretensiones. Para defender privilegios, siempre habrá consenso y determinación. Como dicen las mujeres que quieren ser estibadoras en Algeciras, el ministro de Fomento no se da cuenta de que ellas no están de su lado; lo que quieren es poder trabajar en los puertos como los hombres y compartir sus privilegios. “No se da cuenta de que nosotras no queremos la liberalización del sector. Así que no nos utilice. No nos vais a manipular”, ha dicho la presidenta de la Asociación de Mujeres Estibadoras del puerto de Algeciras, Raquel Saavedra.

Desde el principio, cada vez que en El Confidencial se ha abordado esta polémica, no han faltado quienes, en los comentarios a cada artículo, hayan salido en defensa de los estibadores como si estuvieran padeciendo uno de los mayores latrocinios laborales de la España contemporánea. “Una campaña de fango”, dicen. “La sentencia y los sueldos solo son pretextos para resetear el sector. Fin a los convenios y a la estabilidad laboral, a la fuerza sindical y los sueldos dignos”. Y luego, de remate, invocan la solidaridad de la izquierda con el listado completo de los eslóganes contra la derecha española: “El Gobierno de la corrupción, el de las armas de destrucción masiva en Irak, el de que las bombas en el 11-M son de ETA, el de los papeles de Bárcenas, el de la financiación ilegal, el de las cajas B, el del Madrid Arena, el del Yak-42…”.

En fin, cada cual es libre de pensar lo que quiera y hasta de bramar lo que quiera, pero de lo que no se dan cuenta es de que si el conflicto de los estibadores ha irritado a tanta gente es por la misma razón por la que un día tantos se levantaron en este país contra los privilegios de la casta política. El problema no es la política, sino los privilegios. Los trabajadores anónimos de toda España, de todos los sectores, de todas las profesiones, que hoy se han vuelto a levantar con la certeza de que a ellos, a sus problemas laborales, a sus incertidumbres, a sus miedos, jamás los van a defender así; aunque pidan muchísimo menos que los estibadores. Acaso porque como piensan en Podemos, los trabajadores en España se dividen en dos, osos panda y gilipollas.

Matacán

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