Con el permiso de Alá

Si Alá permite lapidar a una mujer musulmana en Irán, ¿por qué no iba a permitir asesinar a una infiel de Europa?

Foto: Flores colocadas en memoria de los 22 muertos, entre ellos niños, en el atentado de Mánchester. (EFE)
Flores colocadas en memoria de los 22 muertos, entre ellos niños, en el atentado de Mánchester. (EFE)

Con el permiso de Alá, una niña de 15 años lloraba el lunes con la mirada perdida, absorta, a la salida del estadio en el que los cadáveres de sus amigos estaban esparcidos por el suelo porque un fanático hijo de puta los había asesinado unos minutos antes. La mente humana, y menos aún la mente de un adolescente, no es capaz de asimilar una tragedia así, ocurrida a la puerta de un concierto, cuando salían cantando las canciones de su estrella favorita y sus madres las esperaban para volver a casa.

Cómo asimilar que un instante después todo sea sangre y destrucción. Tus amigos ya no están y las cámaras han captado su cara, paralizada, viva y muerta, envuelta en las mantas térmicas de la policía, los ojos abiertos, enrojecidos, y sobre el pelo una diadema con orejas de conejita. Poco después, el grupo terrorista Estado Islámico ha emitido un comunicado: todos ellos eran “cristianos infieles”, “cruzados”, que acudían a un “concierto desvergonzado”. En el comunicado del Estado Islámico incluyeron esa frase, “con el permiso de Alá”. Por eso había que matarlos.

Celia Maza. ManchesterCelia Maza. Manchester

Con el permiso de Alá, también a un bloguero al que consideraron transgresor o a un estudiante que llevaba una camiseta que solo ponía 'Una nación sin tortura' los detuvieron y encarcelaron en Egipto hasta que se perdió el rastro de ellos en los periódicos. Alguna campaña de Amnistía podrá rescatarlos un día, y que sus fotos de carné circulen otra vez por las redes sociales, con la sonrisa que ya habrán perdido para siempre, tirados sobre el asqueroso suelo de una cárcel de Egipto. O de Turquía, o de Arabia Saudí, o de Yemen. La represión religiosa somete a los ciudadanos de la inmensa mayoría de los países árabes que jamás han conocido una democracia completa. Porque un Estado teocrático nunca podrá albergar una democracia completa.

Con el permiso de Alá, habrá una niña de Yemen que contraerá matrimonio estos días con el hombre que le ordenen sus padres. No tiene más que 14 años, pero está obligada a casarse y entregarse para el resto de su vida a un hombre que ni conoce. Las esclavizan, las ignoran, las desprecian, las mutilan. Como en otros países, no podrán viajar, tener trabajos remunerados, recibir educación superior, ni siquiera salir a la calle sin el permiso de un tutor varón. Si algún día las violan, habrán firmado su condena de muerte porque la ley islámica va a interpretar que se trata de relaciones extramatrimoniales. Como en los Emiratos Árabes, donde las víctimas de violación son acusadas de haber mantenido relaciones sexuales ilícitas y las acusaciones contra el agresor se quedan sin investigar. El embarazo se considera prueba del delito cometido.

Con el permiso de Alá, persiguen, torturan y asesinan a los homosexuales. En países con los que los gobiernos europeos se esfuerzan en mantener buenas relaciones, en países que consideramos amigos y aliados, la homosexualidad es una condena que puede costar la vida, aunque siempre será penada con la humillación, con la tortura, con la muerte civil. En Irán, Mauritania, Arabia Saudí, Sudán, Yemen, en Nigeria y en Somalia existen leyes que sancionan la homosexualidad con la pena de muerte. Y todo el mundo mira hacia otra parte. Como Ahmadineyad, cuando se fue a una gira de conferencias por Estados Unidos y, en la Universidad de Columbia, un estudiante le preguntó por la represión. Ahmadineyad, sin inmutarse, lo negó: “Nosotros no tenemos homosexuales como en su país; nosotros no tenemos de eso”.

“Con el permiso de Alá” actúan porque lo primero que aprenden es que Alá es magnánimo con todos aquellos que quieran abusar de sus semejantes

Con el permiso de Alá, ignoran el Estado de derecho porque la única ley a la que atienden es la Sharia, la ley islámica. Incluso en el Reino Unido existen barrios completos en los que la sharía es la ley que todos están obligados a acatar. Existen otro Estado y otras leyes, pero en esos barrios cerrados, cuya vida gira en torno a un imán y a una mezquita, el gueto islámico impone sus normas. En una escuela islámica del barrio londinense de Myrdle Street, dominado plenamente por musulmanes, a las niñas se les impone como uniforme obligatorio a partir de los 11 años el 'niqab', que solo deja al descubierto los ojos. Si esto ocurre en Londres, por la imposición de la sharía, es fácil imaginar las reglas de la ley musulmana en Arabia Saudí, en Yemen, en Mauritania, en Qatar…

Hace ya muchos años —en una sentencia de 2003 sobre un conflicto en Turquía— que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos estableció que “la sharía es incompatible con los principios fundamentales de la democracia, en los términos de la Convención Europea de Derechos Humanos”, pero la realidad que se ha descubierto en muchos barrios musulmanes repartidos por toda Europa demuestra que se sigue ignorando incluso aquí.

Que sean los musulmanes los primeros en exigir, como esos jóvenes, una revisión en profundidad del Corán. Detrás nos pondremos todos los demás“Con el permiso de Alá” actúan los terroristas porque, cuando observan el mundo en el que viven, el mundo por el que rezan, la vida para la que los han educado, lo primero que aprenden es que Alá es magnánimo con todos aquellos que quieran abusar de sus semejantes. Si Alá permite lapidar a una mujer musulmana en Irán, ¿por qué no iba a permitir asesinar a una infiel de Europa? Alá lo permite todo. Una cosa lleva a la otra, y es de lo que no nos queremos enterar. Es una perversión en cadena del islam lo que amenaza a la humanidad.

El islam no es terrorismo, pero es el islam el que produce el terrorismo. Y no será efectiva la batalla hasta que, sin hipocresías diplomáticas, sin intereses comerciales y sin prejuicios de falsa progresía, se ataque la raíz de esta terrible lacra. Debe acabarse de una vez con “la estructura de la ortodoxia islámica, que se aferra a las enseñanzas de la era medieval”, para adaptarla a la modernidad, a la justicia, a la igualdad y “a la realidad actual de los musulmanes” que nada tiene que ver con la represión ni la violencia. Lo acaba de proclamar así en Indonesia, tras el atentado de Mánchester, la mayor organización juvenil musulmana, llamada Gerakan Pemuda Ansor. Con el permiso de Alá, que sean los musulmanes de todo el mundo los primeros en exigir, como esos jóvenes, una revisión en profundidad del Corán. Detrás, o a su lado, nos pondremos todos los demás.

Matacán

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