Nunca tendréis Al Ándalus

La alucinación de los yihadistas de reconquistar Al Ándalus encierra una perversión: utilizar los avances del progreso y de la libertad para devolver al hombre a las cadenas de la Edad Media

Foto: Un taxi pasa junto a los mensajes de apoyo escritos con tiza en una acera de las Ramblas de Barcelona. (EFE)
Un taxi pasa junto a los mensajes de apoyo escritos con tiza en una acera de las Ramblas de Barcelona. (EFE)

De nada valen todas esas proclamas, ni las amenazas, ni la sangre derramada, porque nunca tendréis Al Ándalus, malditos asesinos que vais sembrando el terror por todo el mundo en el nombre de un diosque os escupirá en la eternidad por haber manchado su nombre. Ningún dios puede llamarse dios si se reconforta con la muerte de un niño, por eso Jesús dijo que el Reino de los Cielos es como el mundo de los niños, “dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis porque el Reino de los Cielos es de quienes son como ellos”; por eso el profeta Mahoma advirtió a los creyentes de que “la verdadera riqueza de un hombre está en la bondad que hace en el mundo”.

Inocencia, bondad y vida, ese ha sido el símbolo asesinado en las Ramblas de Barcelona cuando aquella furgoneta irrumpió por el paseo y, al final de un reguero inmenso de gritos y de dolor, quedó tendido en el suelo, sin vida, un niño de tres años que paseaba de la mano de su familia. Su cadáver pequeño estaba en el suelo y era el mismo dios el que yacía, asesinado por vosotros, malditos, en ese paseo que antes olía a flores y a bullicio de verano.

Nunca tendréis Al Ándalus, por mucho que siga aumentando la presión propagandística contra España, por mucho que proliferen los vídeos en español con el señuelo repetido de aquel Califato. “Al Ándalus es la tierra de nuestros abuelos. Al Ándalus, no eres española ni portuguesa, tú eres la Al Ándalus musulmana”.

El nacimiento del Estado Islámico en 2014 se sustenta sobre la promesa a los musulmanes de conquistar el mundo

Uno de los mayores expertos en terrorismo yihadista, Manuel R. Torres, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, tiene publicado un libro con el acertado nombre de ‘Al Ándalus 2.0. La ciber-yihad contra España’. Ese es el objetivo, bien lo sabemos. El nacimiento del Estado Islámico en 2014 se sustenta sobre esa alucinación ideológica, la promesa a los musulmanes de conquistar el mundo con la reconstrucción de Al Ándalus, el regreso al Califato.

La denominación del profesor Torres es acertada, porque esa alucinación de reconquistar Al Ándalus encierra una perversión terrible: utilizar los mayores avances del progreso y de la libertad para someter al hombre y devolverlo a las cadenas de la Edad Media. Sin las redes sociales, que hacen posible la información al instante de todo lo que está ocurriendo en el mundo; sin las nuevas tecnologías, que han eliminado el concepto de distancia entre dos personas para comunicarse por muy lejos que estén; sin internet, que ha propagado la divulgación del conocimiento por todo el mundo; sin esos avances de la Humanidad, el Estado Islámico no tendría el poder terrorífico que posee.

Al Ándalus 2.0’ es la mejor definición que puede encontrarse para definir esa paradoja del destino, esa burla cruel, que los terroristas obtengan su poder gracias a los avances de un progreso que quieren exterminar. El terrorismo del Estado Islámico es global porque convierte en simultáneo para millones de personas en todo el mundo el miedo atroz de unos cuantos, corriendo despavoridos por las Ramblas de Barcelona, mientras alguien, desde un balcón, graba las imágenes con su móvil y las cuelga en la red. Pero tras la angustia, siempre llega la reafirmación, la determinación: “No tenemos miedo”, 'no tenim por'.

Pero de nada os servirá la invención de este terror globalizado porque nunca tendréis Al Ándalus. Lo que nunca se dice en esos vídeos que se propagan por las redes sociales, malditos bastardos, es que sois vosotros los que representáis lo peor de Al Ándalus. De aquella mítica tierra, vosotros sois los herederos exclusivos del odio y del rencor, de la barbarie, de la represión. Los que persiguieron y desterraron a Averroes, uno de los intelectuales más influyentes de toda la Edad Media, filósofo, matemático, médico, astrónomo, nacido en Córdoba, la capital del Califato.

De la larga historia de Al Ándalus, el Estado Islámico es heredero solo de la muerte, destrucción, incultura, odio y tiranía

El fanatismo religioso que hoy representa el Estado Islámico lo condenó al exilio hasta su muerte y quemó sus libros. Como a Maimónides, príncipe de médicos, teólogo de referencia que aún persiste, nacido en la comunidad sefardí de Córdoba, perseguido y humillado hasta el exilio por la misma intransigencia que quiere extender el Estado Islámico por toda la tierra. El odio que cegó sus vidas condenó también a Ibn Gabirol, filósofo y uno de los mayores poetas de Al Ándalus, y lo persiguió hasta una tumba lejana, igual que le ocurriría después a Al Mutamid, el rey poeta del reino de Sevilla. De la larga historia de Al Ándalus, el Estado Islámico es heredero solo de la muerte, de la destrucción, de la incultura, del odio, de la tiranía. A ese Al Ándalus, y no al de crisol de culturas y religiones, es al que quieren volver y someter a toda la humanidad.

Solo hay una posibilidad de que el terror acabe triunfando, y eso también tenemos que saberlo: que el espíritu acomodaticio y displicente que tantas veces se adivina en Occidente acabe destruyéndonos a nosotros mismos, abriendo las puertas de la barbarie. Por eso nunca debemos olvidar lo que nos dejó dicho un historiador y filósofo americano, Will Durant, porque no existe otra verdad en toda la historia: “Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro”.

Conservemos la fortaleza de nuestros valores, nuestros principios, y no confundamos jamás la tolerancia con la dejadez

Conservemos la enorme fortaleza de nuestros valores, nuestros principios, no confundamos jamás la tolerancia con la dejadez, que nadie nos haga creer que la democracia no tiene vallas ni límites, que nadie nos convenza de que el respeto consiste a veces en mirar para otro lado, que la igualdad también existe en la sumisión. Cuidemos la muralla inexpugnable de nuestra libertad, de nuestros derechos, porque solo así se combate la amenaza, solo así estaremos seguros de vencer y de poder gritarles siempre que de nada valen las proclamas, ni las amenazas, ni la sangre derramada, porque nunca, malditos asesinos, nunca, tendréis Al Ándalus.

[Y mientras tanto, sobre el minarete más esplendoroso de Al Ándalus, la Giralda de Sevilla, vestida de luto, las campanas tañían, graves y tristes, su lenta melodía de duelo por las vidas segadas una tarde de verano en las Ramblas de Barcelona.]

Matacán

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