Juana Rivas, el final de la huida

La madre de los dos niños ha mantenido una peligrosa estrategia. Ella, o quienes la asesoran, ha pretendido forzar la legalidad y solo ha logrado comprometer cada vez más su situación judicial

Foto: Juana Rivas, tras recibir la libertad provisional por el Juzgado de Guardia de Granada. (Reuters)
Juana Rivas, tras recibir la libertad provisional por el Juzgado de Guardia de Granada. (Reuters)

Hace mucho tiempo que Juana Rivas decidió convertir lo suyo en un despropósito. Pudo ser ella misma, o quienes la han asesorado en el proceso judicial, quien llegó a la conclusión irrefutable de que, en los días que vivimos, una causa judicial como la suya tiene que ganarse primero en la calle. Un buen eslogan hace más que una sentencia; la mejor defensa es una campaña viral en las redes sociales.

Lo único que ocurre es que esa estrategia, que acaba convirtiéndose en una constante huida hacia adelante, genera tanta popularidad como frustración. Eso quizá no se lo advirtieron quienes la jalearon. Pero es lo que ocurre siempre cuando se construye una realidad paralela, que crece y crece como pompas de jabón, hasta que explotan en el aire. La cronología del caso judicial se encuentra en ese punto exacto: la huida hacia adelante ya no tiene más recorrido, por lo que Juana Rivas ha decidido entregar la mañana de este lunes a sus dos hijos a la Guardia Civil.

Personas concentradas junto al juzgado de Granada en apoyo a Juana Rivas. (EFE)
Personas concentradas junto al juzgado de Granada en apoyo a Juana Rivas. (EFE)

Podría haber sucedido, sin embargo, que Juana Rivas hubiese complicado definitivamente su vida, y la de sus hijos, con un órdago mayor de desobediencia judicial que ya no podría haberse resuelto como el anterior, con la extraordinaria comprensión demostrada por el juez al que se ‘entregó’ después de haber permanecido desaparecida durante un mes con sus dos hijos. Ya ese día, el pasado 22 de agosto, muchos debieron advertirle de que lo peor que podía hacer era manipular y pervertir el verdadero sentido de la orden judicial por la que quedaba en libertad, en vez de ir a prisión por desobediencia, como aconsejaba la Fiscalía. Lo único que hizo el juez, en realidad, fue no complicar más la situación para que fuese el juzgado que llevase su caso el que adoptase las medidas más graves en caso de que se negara una vez más a obedecer.

Pero Juana Rivas, ella o quienes la asesoran, no solo no lo interpretó así, sino que a la salida del juzgado alzó los brazos, con el auto judicial en la mano, y lo exhibió como si fuera la prueba definitiva de su victoria sobre la Justicia. “Hoy me han escuchado, no me voy a la cárcel, me voy a mi casa con mis niños y vamos a seguir peleando”, dijo al salir del juzgado. El matiz casi inapreciable del “hoy me han escuchado”, al principio de esa frase, es muy revelador de la peligrosa estrategia que mantenía Juana Rivas. ¿Qué quiere decir, que si un juez no le da la razón es que no la escucha? Eso es lo que se desprende, por eso no se presentó en el juzgado que lleva su caso, por eso, durante su comparecencia, solo quiso contestar a las preguntas de su abogada y se negó a responder a la Fiscalía.

La estrategia de Juana Rivas acaba convirtiéndose en una constante huida hacia adelante y genera tanta popularidad como frustración

Luego dijo algo más: “Ningún maltratador es un buen padre". Como se advirtió aquí al principio de toda esta polémica, ese debería ser el principal eje del debate, aunque resulta imposible cuando la polvareda es tan grande como la que se ha levantado en España con el caso de Juana Rivas. ¿De verdad estamos seguros de que eso es así? ¿Ningún padre condenado por maltrato debe tener derecho a ver a sus hijos? Vamos a detenernos un instante en el caso de Francesco Arcuri, la pareja de Juana Rivas durante mas de 10 años. La condena que le otorga a Arcuri el calificativo de 'maltratador' especifica que incurrió en un delito de lesiones en el ámbito familiar, contemplado en los artículos 153.2, 3 y 4 del Código Penal español.

Es decir, se trata de delitos referidos a lesiones de menor gravedad o incluso a las agresiones o el maltrato que no causa lesión alguna. Una abogada experta en Derecho de Familia, Penal y de Menores ha especificado uno de estos días de trifulca mediática, mientras Juana permanecía desaparecida, que los delitos contemplados en ese artículo pueden incluir desde una bofetada a un empujón.

¿Suscribimos sin dudarlo lo que dice Juana Rivas: todos los condenados por maltrato deben perder el derecho de ver a sus hijos el resto de sus vidas? Yo no lo suscribiría, desde luego, pero al margen de lo que podamos opinar cada uno de nosotros, quienes tienen que contestar a esas preguntas son los equipos psicosociales que atienden estos casos en los juzgados. En el caso de Juana Rivas, después incluso de fugarse en 2016 de Italia, haciéndole ver a su pareja que solo venía a pasar unos días de vacaciones, lo que han dictaminado los asesores del Juzgado de Granada que llevan su caso es que existe una “vinculación afectiva y segura con ambos progenitores”, padre y madre.

Por eso, en diciembre del año pasado, se le ordenó a Juana Rivas que permitiera a su expareja ver a sus hijos. En vez de hacerlo, comenzó la campaña, con más de 200.000 firmas recogidas a través de Change.org, para evitar que los hijos vuelvan con sus padres maltratadores. Como se decía antes, desde ese día, la popularidad de Juana Rivas ha ido creciendo a la par que la frustración. Porque ella, o quienes la asesoran, ha pretendido forzar la legalidad y lo único que ha logrado ha sido comprometer cada vez más su situación judicial.

Francesco Arcuri, expareja de Juana Rivas. (EFE)
Francesco Arcuri, expareja de Juana Rivas. (EFE)

En la batalla de los juzgados, ha sido su expareja, Francesco Arcuri, el que ha conseguido los mayores éxitos: una sentencia firme para poder ver a sus hijos, con pronunciamientos favorables de la Audiencia de Granada, del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y hasta del Tribunal Constitucional. Y ante los tribunales europeos, que es donde Juana Rivas ha amenazado con acabar, la cuestión se le presenta más compleja aún porque, al no haber presentado en Italia ninguna denuncia por maltrato, la única realidad que se puede demostrar es que Juana Rivas ha vulnerado lo suscrito por España e Italia en el Convenio de La Haya sobre sustracción internacional de menores. Punto final, por tanto. Basta ya de esa espiral de equivocaciones que comenzó en el mismo instante en el que cogió a sus hijos y dejó plantada a su pareja en Italia. Desde entonces, Juana Rivas no ha hecho más que equivocarse mientras todos a su alrededor la jaleaban, un apoyo que este lunes se ha mostrado insuficiente. Tras más de un año huyendo hacia adelante, Juana Rivas ha tenido que enfrentarse a la realidad.

Matacán

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