La conspiración contra España

En los días previos al referéndum, se produjo un incremento del 2.000% en la emisión de información favorable a la independencia de Cataluña que provenía de robots informáticos rusos

Foto: El fundador de WikiLeaks, Julian Assange. (EFE)
El fundador de WikiLeaks, Julian Assange. (EFE)

Laboratorio de pruebas en 1936 y laboratorio de pruebas en 2017. Por una vez, trascendamos de la cansina rutina diaria del debate sobre el conflicto catalán, este hartazgo de discursos repetidos, y hagamos el ejercicio de contemplarnos desde fuera. Con los datos que ya se tienen, podemos afirmar que España, como ya ocurrió en la Guerra Civil, está siendo utilizada como experimento de una confrontación mayor para conformar un nuevo orden mundial. ¿Perdón? ¿Todo eso de golpe? A ver, ya sé que escribo esto y, tras cada palabra tecleada, surge un resquemor de inquietud porque yo mismo he censurado mil veces la inclinación natural que tiene el ser humano a creerse las teorías de la conspiración como explicación de cualquier acontecimiento, por evidente y elemental que pueda ser la realidad.

¿No sería más fácil pensar que lo que está ocurriendo en España es fruto, exclusivamente, de una mala gestión de la Transición democrática en el desarrollo del modelo territorial? ¿Qué conspiración, si de lo que se trata aquí es de una nueva traición del independentismo catalán? Evidentemente: esa es la realidad que tenemos delante, es inobjetable, pero más allá hay una realidad superior, que se nos está escapando a todos, sobre todo a la Unión Europea, y que está aventando desde sus inicios la más grave crisis institucional de la democracia española en sus 40 años de existencia.

Lo más interesante de Julian Assange es que su afán de protagonismo lo convierte a menudo en un deslenguado, un ‘bocachancla’; la indudable capacidad de enredo que ha demostrado la desbarata siempre porque ese tipo se muere por un titular. Unos días antes del ‘referéndum trampa’ del 1 de octubre, el entramado de fundaciones y partidos independentistas financió una costosa videoconferencia del 'hacker' en la que, con ese afán suyo, ya desveló el fondo de la operación que estaba por venir: “Este choque de los catalanes con el Estado español es un hecho determinante en la historia de Occidente. Donde vaya Cataluña, la seguirán otros estados”.

Lo que sabemos tres semanas después es que no se trataba de una mera conjetura, sino que detrás había mucho más. 'La Vanguardia' publicaba el pasado domingo, sin demasiada relevancia, una información sorprendente: en los días previos al referéndum, se produjo un incremento del 2.000% en la emisión de información favorable a la independencia de Cataluña que provenía de robots informáticos rusos y que recibió el apoyo multiplicador de los diarios digitales catalanes. Tras la exitosa campaña de desestabilización de Hillary Clinton en las presidenciales de Estados Unidos, Europa es el nuevo objetivo. Con los mismos actores en los dos momentos detrás de las campañas de desestabilización en redes sociales.

Tras la campaña de desestabilización de Hillary Clinton en las presidenciales de Estados Unidos, Europa es el nuevo objetivo

Un artículo aparecido el pasado mes de septiembre en 'The New York Times' concluía que “el ataque informático ruso a las elecciones [de Estados Unidos] no se quedó en el 'hackeo' y la filtración de los correos electrónicos de los demócratas o en la pila de historias —verdaderas, falsas e intermedias— que criticaron a Clinton en medios rusos como RT y Sputnik. Mucho menos llamativo, y mucho más complicado de rastrear, fue el experimento que Rusia realizó en Facebook y Twitter, las empresas estadounidenses que inventaron las herramientas para redes sociales y, en este caso, las que no pudieron evitar que las redes se convirtieran en motores de engaños y propaganda”.

Ese mismo ‘experimento’ es el que se está desarrollando ahora en España, a sabiendas, como confesó Assange, de que si se consuma el conflicto de Cataluña, implosionará en la Unión Europea. Se trata, en definitiva, de demostrar que lo ocurrido en Estados Unidos con Donald Trump no ha sido una casualidad, sino el verdadero signo de los tiempos en la eterna lucha por el poder en el mundo.

¿Y por qué España? ¿Por qué nos han elegido para desestabilizar Europa en vez de otro país de nuestro entorno con problemas de estabilidad política por el auge de la ultraderecha, por ejemplo? Por nosotros mismos. El ‘atractivo’ que ofrece España a los arribistas es nuestro propio carácter, la pertinacia en la autodestrucción; ya dijo Pompeyo Trogo en el siglo I antes de Cristo que “los hispanos prefieren la guerra al descanso, y si no tienen enemigo exterior, lo buscan en casa”. No solo seguimos en esas sino que con el paso de los años se le han ido agregando ingredientes.

El más reciente es el fervoroso interés, dentro y fuera de España, por mantener vivo el franquismo como un elemento de confrontación. Es la Francoland idealizada por esos arribistas que con tanta pasión ha sido asumida por los nostálgicos del atraso español, como si solo fuésemos un parque temático en el que soltar adrenalina revolucionaria mientras se cena en un buen restaurante europeo con una botella de vino caro.

¿Por qué nos han elegido para desestabilizar Europa en vez de otro país con problemas de estabilidad política por el auge de la ultraderecha?

Antonio Muñoz Molina, que es la conciencia perdida de la izquierda real, ha vuelto a retratarnos, como ya hizo tras los atentados del 11 de marzo; una España amarga, impotente, amada, ansiada, siempre frustrada, puteada y acomplejada. “Condenado sin remedio a la melancolía”. Por eso la han elegido, por eso nos han elegido, porque solo aquí estaba garantizado un incendio que pueda propagarse a toda Europa.

Paul Preston, en su famoso libro sobre el conflicto del 36, afirma algo que ha tardado decenios en aceptarse y asumirse, que “la Guerra Civil española fue algo más que una lucha entre extremos fanáticos de la izquierda y la derecha y una tercera España con talante reconciliador, pues constituyó un triste ensayo para la conflagración mundial y, especialmente, pareció abrir las compuertas de una nueva y terrorífica forma de enfrentamiento bélico, temido universalmente”.

Las guerras de ahora, las batallas de estos días, nada tienen que ver con las de hace un siglo, pero el experimento tiene los mismos objetivos. Si no somos conscientes, si no es consciente Europa, de que se está repitiendo la historia, estaremos condenados a repetirla.

Matacán
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