Puigdemor de la Pradera

Entenderá Carles Puigdemont que el volcán de la guasa, que en España siempre está en erupción, se haya fijado en él ahora por las mismas razones que aquel marqués del Contadero

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, es una de las figuras de los 'caganers'. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, es una de las figuras de los 'caganers'. (EFE)

En Sevilla es conocida y recurrente la azarosa vida del marqués de Contadero, aquel que extendió su fama de tonto por toda España por culpa de un mal nombramiento para un cargo público. La anécdota la ha contado siempre, mejor que nadie, Antonio Burgos, y dice así: “Bien plantado, garboso, era una estampa del XIX en la ciudad de los tranvías, guiando su landó. Se llamaba Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas. Marqués del Contadero. La gente sabía que era rico, marqués, aficionado a los caballos, dueño de una casa con mucho plan de criados con blanca guerrera de dorados botones con la corona de los cinco florones, emparentado con ganaderos y gente principal. Lo que se dice un señor para la ciudad, que solo conocía su altivo gesto en el pescante, la manta de buena lana inglesa por las rodillas, el acompasado sonido de las herraduras sobre los adoquines. Hasta que un día, sin que nadie se explicara cómo ni por qué, Franco decidió hacerlo alcalde. Fue entonces que entró en erupción el volcán de la guasa. Y sus amigos, entre el café y los cigarros puros de las butacas del Aero Club, dijeron: ‘Ea, que Momo Contadero era tonto nada más que lo sabíamos aquí, pero ahora, por culpa de Franco, se va a enterar Sevilla entera...”.

Entenderá Carles Puigdemont que el volcán de la guasa, que en España siempre está en erupción, se haya fijado en él ahora por las mismas razones que aquel marqués del Contadero, porque hace dos años solo lo conocían en Girona, y a lo mejor solo unos pocos lo habían visto hacer el ridículo en su ciudad, pero ahora ya lo conocen en toda Europa, y unos se ríen, otros lo ignoran y otros lo compadecen.

Hace dos años, solo lo conocían en Girona, pero ahora ya lo conocen en toda Europa, y unos se ríen, otros lo ignoran y otros lo compadecen

Puigdemont ha conseguido internacionalizar el 'procés', como había prometido a los catalanes, pero lo que ha extendido es la perplejidad, el desprestigio y el ridículo del independentismo catalán. Hasta la fuga patética de Puigdemont, al independentismo catalán se lo respetaba con un considerable silencio, “un asunto interno de España”, ahora el presidente catalán ha convertido su causa en un incordio, porque se comporta en Bruselas como el invitado coñazo que se presenta a la cena sin avisar y se hace protagonista con sus chaladuras.

“¿Qué estupidez es esta?”, se preguntaron en el editorial de 'Le Soir' cuando se dieron cuenta de que la estancia allí de Puigdemont solo podía ocasionarles más problemas de los que ya tienen; la mera vinculación de Bélgica con la causa independentista les parecía que sumía a todo el país “en un ridículo internacional”. Tampoco en la prensa catalana han sido mas benévolos, sobre todo tras la incalificable rueda de prensa primera que ofreció Puigdemont en su ‘exilio’, “uno de los episodios más esperpénticos de la historia catalana”, dijo el director de 'El Periódico'. 'La Vanguardia', en un editorial, lo calificó de “pirueta” y le pidió expresamente que no siguiera dañando más con su errático comportamiento el prestigio de Cataluña.

El año pasado, cuando ya en los carnavales se comenzaron a parodiar los desvaríos del proceso independentista, que se sumaban a las andanzas judiciales de los Pujol, en algunos periódicos catalanes aquellas burlas se percibían como una ofensa a toda Cataluña. Esto, desde luego, no es privativo del nacionalismo, porque es moneda común de todos los mandamases autonómicos; en Andalucía, por ejemplo, ocurre con frecuencia: cada censura a la presidenta o a las políticas andaluzas es una ofensa al pueblo andaluz. En cualquier caso, es posible que este año la reacción no sea la misma, porque Puigdemont ya es oficialmente un espantajo burlón dentro y fuera de Cataluña y, porque como dice un colega, a este paso en los Carnavales de Cádiz van a tener que limitar la presencia de un Puigdemont por chirigota y un Junqueras por comparsa.

La crítica satírica es una realidad consolidada en España, con periodos consolidados de periodismo satírico en el siglo XIX que ahora serían impensables, o inaceptables, porque está demostrado que la censura ambiental de lo políticamente correcto es más implacable que la censura oficial. Sea como fuere, la realidad es que la oleada de burlas que ha inundado las redes sociales ha convertido a Puigdemont en un persona satírico. Una rumba, un monólogo, un montaje de fotos, un fandango… Hasta se llega a pensar que la sátira, el humor, es la válvula de escape que tiene España a lo largo de su historia para poder superar momentos como los que vivimos.

El hombre de los seis apellidos catalanes, y dos andaluces, Carles Puigdemont Casamajó Oliveras Ruiz Padrosa Ballart Gaceran Toledo, pasará a la historia, si esa era su obsesión, por haber repetido la historia del independentismo como farsa. Porque la sentencia de Marx, al cabo de los años, se demuestra a cada paso como uno de sus mayores aciertos.

Puigdemont era un desapercibido alcalde hasta que Mas lo llamó para colocarlo en la presidencia de la Generalitat, como el marqués de Contadero

Así que ahora, en homenaje al gran Chiquito de la Calzada, que pasa por momentos delicados en un hospital de Málaga, el expresidente de la Generalitat merece inscribirse en la historia con el apelativo de Puigdemor de la Pradera. Y que sus discursos más célebres se recuerden siempre trufados de los gritos de Chiquito de la Calzada: “¿Cómoor? Eres un fistro. ¿Te da cuén? Anda, relájate físicamente, moralmente. Que no te digo trigo por no llamarte Rodrigo, pecador de la pradera”.

Carles Puigdemont era, desde 2011, un desapercibido alcalde de Girona, hasta la mañana del sábado 6 enero de 2016 en que Artur Mas lo llamó para colocarlo en la presidencia de la Generalitat de Cataluña, “sin que nadie se explicara cómo ni por qué”, como el marqués de Contadero. Hasta entonces, solo en su ciudad conocían sus extravagancias, como esa idiotez aérea que han contado sus amigos en algunos reportajes sobre el personaje: “Cuando tenía que ir a Madrid, en vez de coger el puente aéreo aprovechaba los vuelos internacionales aunque fuesen más caros, por ejemplo, Bruselas-Barcelona-Madrid. Así entraba y salía por la puerta de los destinos internacionales y en lugar del DNI, mostraba su pasaporte”.

¿Se puede ser más bobo? Y más allá, ¿puede un tipo así presidir una institución? Ese es el mal que le han hecho a Puigdemont, que por un capricho de Artur Mas, ahora en toda Europa conocen de verdad al hijo del pastelero.

Matacán

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