Que Puigdemont no te confunda

Puede mofarse de la Justicia española, de las leyes españolas y de la Policía española, pero no puede detener el reloj del tiempo, el tiempo judicial y policial, que nunca se detiene

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, cuando le veas, como ayer, pasearse libre por Europa, difamando una vez más a la democracia española, que es como insultarnos a cada uno de nosotros, hombres y mujeres libres de un país con una gran historia y un honroso presente que conquistamos todos cuando el dictador se murió tras un largo periodo de oscurantismo y represión en España.

Tuvo que pasar España por una Guerra Civil, soportar la incomprensión y la displicencia de quienes pudieron ayudarnos entonces y no lo hicieron, y ahora que hemos conquistado la democracia, ahora que España está integrada y reconocida en una Europa nueva, ahora que disfrutamos del periodo de mayor prosperidad y libertad de toda nuestra historia, tenemos que soportar la infamia de quien va diciendo que en España sigue imperando la sombra alargada de Franco, que nuestra democracia es solo una democracia sobre el papel.

Puede Carles Puigdemont decir todo eso, pasearse por Europa, mirar a la cámara y esbozar la sonrisa burlona que se te clava en el alma porque parece que es de todos nosotros de quien se ríe. Puede mofarse de la Justicia española, de las leyes españolas y de la Policía española, pero no puede detener el reloj del tiempo, el tiempo judicial y policial, que nunca se detiene. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, España es un Estado de derecho y, por suerte para todos, un Estado de derecho le impone al poder grandes limitaciones en su ejercicio, también al poder judicial; limitaciones que evitan que en una democracia el poder se pueda ejercer como en una dictadura. Todo eso son garantías para los ciudadanos libres, pero es inevitable que se conviertan en artimañas y escapatorias que utilizan delincuentes y sinvergüenzas. Si ese tipo, junto a los otros que formaron parte de la rebelión independentista, se ha fugado de España y lleva 80 días viviendo en Bélgica, es solo por el cálculo preciso que ha realizado sobre las garantías judiciales de las que goza como ciudadano español, y las está utilizando para ofrecer una falsa imagen de impunidad.

Su huida, su estancia en Europa, sus ruedas de prensa, sus conferencias y sus paseos por Flandes son la mejor demostración de que España no es el Estado represor que él denuncia, sino la democracia consolidada y el Estado de derecho que le permite utilizar las garantías de las que disfruta todo ciudadano libre incluso para pervertirlas. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, porque, por muchas veces que lo repita, no existe un Estado democrático en todo el mundo en el que sus dirigentes puedan saltarse la ley sin que nada ocurra a continuación. “No hay derecho sin obligación, y no hay ni derecho ni obligación sin una norma de conducta”, decía el gran politólogo italiano Norberto Bobbio. La democracia implica una ética, una norma de conducta, derechos y obligaciones, y todo eso lo desconoce quien, en su delirio extravagante, se proclama presidente de Cataluña en el exilio. No existe ninguna Constitución democrática que permita el derecho de autodeterminación; la unidad de los territorios es una de las normas fundamentales de todos los textos constitucionales.

Por mucho que lo repita, incluso en Dinamarca se hubiera dictado una orden de detención contra él si, como presidente de alguna de las regiones de ese país, hubiera proclamado la independencia. Porque Dinamarca, igual que el resto de países de Europa, es un Estado unitario que no contempla la secesión de su territorio. Lo repetiremos otra vez: Si España es franquista por incluir y defender en su Constitución la “indisoluble unidad de la nación española”, podemos encontrar por todo el mundo decenas de ejemplos de ‘países franquistas’ en los que jamás estuvo Franco ni nada que se le pareciera. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, cuando lo veas entrar en una universidad europea, como si fuera un gran estadista, una celebridad, o un político aclamado por las masas. La fama, sobre todo en estos tiempos que vivimos, es una bolsa vacía, llena de aire, tanto que a veces no es posible distinguir siquiera entre la fama y la mala fama. Lo de Puigdemont es la notoriedad del despropósito, que también se alcanza, y solo el estulto no logra diferenciarla de la fama por la excelencia. No es admiración, es curiosidad. Calderilla. Tan artificial es todo, tan falso, que ni siquiera había sido invitado a dar una conferencia en la Universidad de Copenhague, como se ha repetido en España.

Que Puigdemont no te confunda

Menos mal que lo ha aclarado en El Confidencial Marlene Wind, profesora de esa universidad, que estuvo presente en la conferencia de Puigdemont y supo desmontar al personaje, su retahíla falsa y victimista, y presentarlo como el peligro público en el que se ha convertido para toda Europa. “Nosotros ni siquiera le hemos invitado. Él se invitó solo y la universidad aceptó porque es un espacio libre donde se permite el debate. Nos ha tomado como rehenes para montar su circo”.

También de Marlene Wind se acabó burlando Puigdemont cuando escuchó sus críticas; le espetó algo que suelen repetir los independentistas en España, que aquí nadie los comprende, que nadie los entiende, porque no conocemos sus problemas ni su realidad. Sucede lo contrario, que es la fiebre independentista la que ha provocado que cientos de miles de catalanes hayan dejado de escuchar, de entender, de razonar. Y de todo eso se aprovecha Puigdemont para desplegar, cínicamente, su populismo. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Matacán
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