La mili vuelve, pero al colegio

¿Le aportaría algo a la sociedad española la implantación de una nueva mili? Aunque la respuesta sea afirmativa, el problema es que no hay nadie en España capaz de llevarlo a cabo

Foto: La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. (EFE)
La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. (EFE)

Austria tiene una mili de seis meses para varones a partir de los 18 años. Alemania está estudiando cómo reimplantar el servicio militar obligatorio dentro de un nuevo concepto de ‘defensa civil’. En Chipre, el servicio militar es de 25 meses y en Dinamarca, de cuatro meses para hombres entre 18 y 27 años; otro tanto sucede en los países en los que nunca llegó a suspenderse, como Suiza, Grecia o Finlandia. Noruega, tantas veces considerado como el país más democrático del mundo en las estadísticas internacionales, tiene una mili obligatoria de 19 meses que, desde 2013, incluye también a las mujeres. Y el país vecino, Suecia, que la suprimió hace ocho años, ha decidido rectificar y la recuperará este año como servicio militar obligatorio.

En Francia, que abolió la mili con Chirac en 1997, el presidente de la república, Emmanuel Macron, va a incrementar sustancialmente el presupuesto de Defensa y, además, va a imponer un mes de servicio cívico-militar con el objetivo de que los jóvenes, hombres y mujeres, “reciban una formación militar elemental: disciplina y autoridad, conocimiento de las prioridades estratégicas del país y de las grandes problemáticas de la seguridad”. Todos los países europeos, en fin, han entendido que los tiempos que corren requieren de nuevos conceptos que refuercen ideales antiguos, y en todas partes se están tomando medidas. Pero nadie va a ser tan original como España, aquí la mili va a volver, pero a la escuela.

Lo dijo ayer la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, en la radio; le preguntó Alsina en Onda Cero, y aunque a la ministra le gusta la fórmula de Francia, piensa que la sociedad española no está preparada para algo así. Mucho menos lo está, obviamente, entiende la ministra, para volver a un servicio militar obligatorio, como el de antes. “No se entendería”, dice. Se comprenderá que todo eso son eufemismos, claro, porque quien realmente no está preparado para adoptar medidas así es el Gobierno de la nación y, por extensión, nadie de la clase política en España. La incomodidad de las medidas políticas en España se limita a los aspectos económicos y fiscales, todo lo demás se considera un engorro evitable. Para lo que implique modificaciones en los esquemas sociales actuales, la decisión está tomada antes de hacer el diagnóstico: “No nos metamos en eso”.

¿Le aportaría algo a la sociedad española la implantación de una nueva mili, de la forma que se plantea en Francia y Alemania? Aunque la respuesta sea afirmativa, el problema es que no hay nadie en España capaz de llevarlo a cabo. Así que, en esas, por lo que ha optado el Gobierno de Rajoy es por cubrir las apariencias: acuerdo con el Ministerio de Educación para “insertar en la Educación pública, dentro de los estudios sociales, la cultura de la Defensa para que conozcan lo que son las Fuerzas Armadas y lo que hacen por su país para defender su soberanía, su integridad territorial y aquello que está en la Constitución, el derecho a ser defendidos y protegidos”.

Por cierto: es muy llamativo —dicho sea como paréntesis— el poco respeto que se le tiene en España a la Educación pública. Esto se demuestra por el intento permanente de llevar a la escuela los problemas que no se resuelven en la sociedad por motivos muy distintos. Si se atendieran las peticiones que se realizan a diario desde los distintos colectivos y partidos políticos, la educación básica en España se repartiría entre distintas asignaturas de nueva creación: Sostenibilidad y Medioambiente, Mujer e Igualdad, Seguridad Vial, Ciudadanía, Violencia de Género, Defensa Militar, Historia Autonómica, Redes Sociales, Laicidad y Religiones… Y ya por la tarde, si eso, en las extraescolares, Matemáticas y Lengua como opcionales, así España logra quitarse de encima el engorro de los exámenes del informe PISA, que siempre nos suspenden en esas dos materias. Lo dicho, no cabe mayor falta de respeto y desconsideración hacia la Escuela pública, pilar esencial para el progreso de cualquier sociedad y “la menos cara de las defensas de una nación”, como dejó dicho hace dos siglos el estadista y filósofo británico Edmund Burke .

No cabe mayor falta de respeto hacia la Escuela pública, pilar esencial para el progreso de cualquier sociedad y “la menos cara de las defensas”

En toda Europa el debate sobre la mili ha vuelto a resurgir por las amenazas del momento, que van desde la necesidad de reforzar la defensa ante los ataques terroristas del Estado Islámico hasta las continuas interferencias de Rusia o el discurso antieuropeo de Donald Trump, pasando por el Brexit, que va a provocar que el gasto de Defensa de la UE se recorte en una cuarta parte en cuanto se deje de sumar a Reino Unido.

En España, a todo eso, que es común y nos afecta igual, se le debería sumar el principal motivo de la vuelta de un servicio obligatorio al Estado, ya sea militar o civil, que es la propia idea de España. No existe ni una sola personalidad que se pronuncie sobre los problemas actuales que no señale la educación como factor determinante de lo que ocurre en España.

A todo eso se le debería sumar el principal motivo de la vuelta de un servicio obligatorio al Estado, ya sea militar o civil, que es la propia idea de España

Lo que sostenía aquí mismo Fernando Savater hace unos días, que la quiebra de España se produce por la inexistencia de una educación cívica elemental; conceptos como saber qué es un Estado de derecho, que el cumplimiento de la ley no se discute o que en una democracia no existen privilegios que se adquieren por el nacimiento: solo hay un tipo de ciudadanos, ciudadanos españoles que viven en Cataluña, en el País Vasco o en Andalucía. El problema es “la ausencia de España”, como también decía otro filósofo admirable, Javier Gomá. Ese vacío es el que nos ha llevado al despropósito vivido y el que nos puede conducir al desastre, si no se corrige.

Servicio militar obligatorio o servicio social obligatorio, en este caso la mili es el medio, no es el mensaje. El mensaje no es el Ejército sino la sociedad española, la defensa del país que nos garantiza un sistema de derechos y libertades, una educación universal y una sanidad pública. Solo una sociedad mejor garantiza mayores oportunidades para el desarrollo personal. La parte acepta que el libre ejercicio de su individualidad depende de la supeditación y la defensa del todo; esa es la compleja metonimia que garantiza el funcionamiento de una democracia.

Matacán
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