Defiendes el independentismo y no lo sabes

Defiendes el independentismo y no lo sabes

En la manipulación de la historia, todos los pueblos de España podrían iniciar una carrera interminable porque cada uno de ellos tendría razones para argumentar su independencia

Foto: Estatua de Cristóbal Colón en Barcelona con la camiseta del Barça. (EFE)
Estatua de Cristóbal Colón en Barcelona con la camiseta del Barça. (EFE)

Las crónicas de estos días han repetido con increíble pasmo que Quim Torra ha sido elegido el 131º presidente de la Generalitat de Cataluña. Bastaba un somero repaso por los principales periódicos y medios digitales, comenzando por El Confidencial, para comprobar la extraordinaria coincidencia de que en todas las informaciones se destacara ese dato asombroso, aunque solo en algunas, especialmente en medios catalanes, se subrayaba que “Torra es el presidente 131º desde que ocupara el cargo Berenguer de Cruïlles en 1359”.

El detalle es importante porque, dicho así, con el número a secas, 131 presidentes de la Generalitat, puede suceder que alguien no repare en lo importante, que es la fecha a la que se eleva el origen de la nación catalana, casi siglo y medio antes de que Colón descubriera América. Es curioso, pero solo en un periódico vasco se podía encontrar un matiz que en el resto se ignoraba: “El nuevo presidente de la Generalitat es el décimo desde la Segunda República y el 131º, según la numeración soberanista que remonta la existencia de la Generalitat al siglo XIV”.

No se trata de un hecho histórico, la Generalitat no existía en el siglo XIV, todo se debe a la invención independentista

Este detalle es fundamental, “según la numeración soberanista”, porque ya nos deja claro que no se trata de un hecho histórico, que la Generalitat no existía en el siglo XIV, que todo se debe a la invención independentista, de ahí la relevancia de que en España todo dios repita como papagayos los delirios catalanistas. Y se hace, además, en las mismas informaciones y comentarios en los que se habla del desvarío del independentismo catalán sin reparar en que, de forma subliminal, todos ellos han caído ya en ese mismo delirio. Es decir, que mucho criticar el adoctrinamiento de la educación en Cataluña, la “fábrica de crear independentistas”, que dicen algunos, cuando resulta que todos van repitiendo aquello en lo que se fundamentan las reivindicaciones inventadas de que Cataluña es una nación histórica a la que se le ha arrebatado el Estado.

El origen de esa 'boutade' aceptada sin reparos tiene incluso respaldo legal, porque se incluyó tal cual en el preámbulo del último Estatuto de Autonomía, en el que se dice literalmente que “el pueblo de Cataluña ha mantenido a lo largo de los siglos una vocación constante de autogobierno, encarnada en instituciones propias como la Generalitat, que fue creada en 1359 en las Cortes de Cervera”. Ese es el origen de la mentira, y está en una ley.

Es una mentira doble, porque en 1359 no nació la Generalitat de Cataluña y ni siquiera existía un reino de Cataluña, como correspondería a ese periodo de la Edad Media. Lo que se creó ese año fue la Diputació del General, un organismo destinado a la recaudación de impuestos, y por mucho que el nombre de Generalitat provenga de ahí, es un disparate histórico que solo sirve a la causa independentista decir que fue entonces cuando se designó al primer presidente de Cataluña y que la institución permanece en el tiempo hasta llegar a este Quim Torra.

Por esa misma ‘regla de tres’, en Asturias, que sí tenía un reino, los presidentes del Principado deberían empezar a contarse desde Don Pelayo

Por esa misma ‘regla de tres’ de las versiones de la historia, en Asturias, que sí tenía un reino, los presidentes actuales del Principado deberían empezar a contarse desde Don Pelayo, primer monarca del reino, ídolo de los astures. Y en Andalucía, si se quiere, se puede modificar otra vez el Estatuto y comenzar la lista de presidentes de la Junta de Andalucía desde Argantonio, rey de Tartessos, que según los historiadores griegos, que según Heródoto, fue la primera civilización de Occidente, seis siglos antes de que naciera Jesucristo. Y luego va sumando reinos árabes y califas de Al Andalus, que tanta inspiración les provoca a los (afortunadamente) pocos independentistas andaluces. O Castilla y León, que puede exhibir ante el mundo entero la certeza de haber convocado en 1188 las primeras Cortes, pioneras del parlamentarismo de Europa y de cualquier otro continente.

En el disparate, en la manipulación de la historia, en la utilización del pasado, todos los pueblos de España podrían iniciar una carrera interminable, porque cada uno de ellos, en un país con 3.000 años, tendría razones para argumentar su independencia. Pero no ha sido así, ni ha ocurrido nunca así, y nuestra realidad se resume en una confluencia de gentes, de costumbres, de terruño y de paisaje que nos ha hecho comunes y distintos: se llama España. Por eso, ahora que lo estamos pasando mal, ahora que amenazan todo aquello que hemos conseguido, se hace más necesario que nunca que abramos los ojos. Y sin pudor, porque no existe, solo con la razón y con la historia, exijamos a todos nosotros que, por lo menos, no nos hagamos corresponsables y cómplices inconscientes de la mentira independentista.

Matacán

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