El paro andaluz en una Thermomix de Cádiz

La ciudad del mundo con mayor número de Thermomix por habitante forma parte de la provincia europea con más paro. ¿Y eso cómo se explica?

Foto: Vista de Cádiz. (EFE)
Vista de Cádiz. (EFE)

El director general de Thermomix en España, Ignacio Fernández-Simal, ofreció hace poco un dato desconcertante, de verdadero impacto: Cádiz es la ciudad del mundo que tiene un mayor número de Thermomix por habitante. Conviene enfatizarlo: ¡del mundo! Un 25 por ciento de los hogares de Cádiz tienen uno de esos robots de cocina, que son unos aparatos que cuestan bastante caros, como es sabido, por encima de los mil euros. Es decir, ¿que la provincia europea con más paro es la que tiene más Thermomix del mundo? ¿Y eso cómo se explica?

El paro en Cádiz suele estar en torno al treinta por ciento, ahora que la economía parece que vuelve a funcionar, pero en los peores años de la crisis ha superado el 40 por ciento. De forma periódica, cuando se conocen los datos de la Encuesta de Población Activa o del paro registrado en las oficinas de Empleo, se publican reportajes alelados sobre Cádiz, al ver que entre las diez ciudades españolas con más paro, siempre suele haber cinco o seis de la provincia gaditana, entre otras Sanlúcar de Barrameda, que ofrece balances simultáneos de líder en pobreza por la renta per cápita de sus habitantes, o Algeciras y La Línea, que otra vez están en todas las noticias por el avance del narcotráfico.

La sola exposición de esas dos afirmaciones, una detrás de otra, es tan incomprensible que merecería un análisis detallado por parte de los organismos públicos y académicos porque, a lo mejor, es ahí donde se encuentran muchas claves del pertinaz desempleo andaluz; ahí, en una Thermomix de Cádiz. Lo primero que puede venirse a la cabeza, quizá, es que las cifras de desempleo oficiales no son reales, porque no contemplan la existencia de una actividad económica oculta. De hecho, los altos índices de economía sumergida en Andalucía han sido, desde hace años, materia de estudio para investigadores y analistas. ¿Será eso lo que ocurre, que no es verdad que en Cádiz haya tanto paro real como dicen las estadísticas? Para empezar, habría que diferenciar entre dos conceptos distintos: economía sumergida y empleo irregular. La Unión Europea define la segunda como "cualquier actividad retribuida que sea legal en cuanto a su naturaleza, pero que no sea declarada a las autoridades públicas"; la economía sumergida tiene un carácter más amplio y engloba "todas las actividades de producción de bienes y prestaciones de servicios para el mercado que eludan normas fiscales, laborales, de seguridad u otras de carácter legal".

En el caso de Cádiz, la incidencia del empleo irregular debe ser tan elevada como la de la propia economía sumergida porque las altas tasas de desempleo acaban generando un bucle arrollador para el progreso de una sociedad. "La existencia de elevadas tasas de desempleo en el mercado de trabajo regular es una de las deficiencias de su funcionamiento que favorecen el crecimiento del empleo irregular. Cuando existe un número importante de personas desempleadas es más factible para los empleadores encontrar trabajadores que, en peores condiciones laborales, están dispuestos a ofrecer sus servicios en actividades productivas ocultas. Además, son las propias personas desempleadas las que demandan empleo en el mercado de trabajo irregular como forma alternativa de encontrar ocupación, aunque esta no se adapte a sus niveles de formación y cualificación", se dice en un estudio de la propia Junta de Andalucía dirigido por Francisco Ferraro, uno de los economistas que con más rigor ha analizado el fenómeno y, por extensión, las causas del subdesarrollo estadístico de la economía andaluza, siempre a la cola de todos los indicadores españoles y europeos.

Un grupo de personas hace cola en una oficina del INEM. (EFE)
Un grupo de personas hace cola en una oficina del INEM. (EFE)


De todas formas, tampoco podría afirmarse que la economía sumergida es un factor determinante en Cádiz, en comparación con otras provincias andaluzas o con la media nacional. La Confederación de Empresarios de Cádiz cifra el peso de la economía sumergida en la provincia gaditana en el 29'3 por ciento del Producto Interior Bruto provincial, casi en consonancia con el promedio andaluz, el 29'2 por ciento del PIB regional. Andalucía supera en casi cinco puntos a la media nacional, tasada en el 24'6. En Andalucía hay cuatro provincias que registran peores índices que Cádiz: Almería (33'5), Granada (32'1), Córdoba (30'69 y Jaén (29'5). Otro dato interesante que ofrece ese estudio es que las rentas sin declarar "han experimentado un sensible crecimiento en la provincia de Cádiz", hasta de diez puntos, desde el 19'3% del PIB de los años 2000 al actual 29'3 por ciento.

Tampoco parece estar la explicación en los subsidios, "la paguita, la paguita", como le suelen llamar algunos de forma despectiva a las prejubilaciones o subsidios que se hayan pactado en Cádiz tras el cierre de algunas grandes empresas que sostenían el empleo, desde los Astilleros hasta Delphi, pasando por Tabacalera. En otras ciudades o regiones españolas, sometidas a procesos de reconversión, la existencia de esos subsidios debe ser igual o superior a la que existe en Cádiz y, por otra parte, lo que indican los datos oficiales es que la mayor parte de los parados, un 68 por ciento según las denuncias del PSOE, no tiene una ayuda estatal. Con lo cual, volvemos de nuevo a la misma duda del principio.

¿Alguna razón más? Bueno, en Cádiz, ante Cádiz, lo fácil es recurrir a la picaresca o a la holgazanería, como sucede de forma general con los andaluces. Ese trazo grueso de tópicos que se escupen, como insultos. Como el empresario que hace unos meses levantó una gran polémica en la ciudad al decir que "Cádiz es complicada para invertir. Son muy graciosos con sus carnavales, pero es que allí no se trabaja". Lo que no dijo ese empresario, Miguel Ángel Tamarit, dueño del grupo aeronáutico Faasa, que para más inri es también andaluz, cordobés, es que, como queda dicho, Cádiz es una ciudad asolada por una reconversión industrial. Y es ahí donde muchos equivocan el pronóstico, al confundirlo todo.

Piensan que el duende es una excusa para no hacer nada, no la clave del arte, de todo arte, como lo contó Federico García Lorca en la fabulosa conferencia que dio en Buenos Aires en 1933, tres años antes de que lo mataran: "Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos". Y era en Cádiz donde Federico encontraba la fuente del duende, como si manara por las calles y se impregnara en las tabernas. En esa misma conferencia, García Lorca contaba una anécdota sublime, que es de la que nace el equívoco y la demagogia insultona. Hablaba el poeta sobre el duende y citó como ejemplo a un cantaor gitano, de principios del siglo pasado: "Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana, a quien preguntaron una vez: '¿Cómo no trabajas?'; y él, con una sonrisa digna de Argantonio, respondió: '¿Cómo voy a trabajar, si soy de Cádiz?'".

Matacán
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