Alaya derriba a Alaya

Alaya derriba a Alaya

Una trayectoria impecable puede acabar ardiendo por el desvarío de un solo día

Foto: La jueza Mercedes Alaya. (Raúl Arias)
La jueza Mercedes Alaya. (Raúl Arias)

Mercedes Alaya, que lleva grabado en la cara el hieratismo de una muñeca de porcelana o de una virgen esculpida en mármol, era intocable mientras permanecía ajena a los torbellinos que se formaban a su alrededor. Guardaba el silencio implacable y temible de los jueces que trazan líneas negras, como barrotes, en los autos judiciales que firman; impávida ante los ataques que le lanzaban, impermeable a las presiones. Cuando se mantenía alejada de sí misma, podían criticarse sus autos judiciales, diferir de sus estrategias de instrucción, pero nadie cuestionaba el mérito indudable de haberse enfrentado al mayor poder que ha existido en Andalucía durante decenios, el poder socialista, que alcanzaba con sus terminales todos los rincones de esta tierra tan grande como Portugal, tan poblada como Austria.

Ahora, Mercedes Alaya ha lanzado un ataque brutal contra Mercedes Alaya, y al ver las repercusiones nos damos cuenta de que solo ella podía hacerlo de esa forma, tan devastadora. Ocurre en la vida que, a menudo, los malos momentos se sobreponen a los buenos, saben vencerlos, quizá porque la memoria de las malas experiencias es más fuerte que la de los buenos ratos. En la vida profesional de cualquiera de nosotros ocurre igual, incluso de una manera más cruel todavía. Una trayectoria impecable puede acabar ardiendo por el desvarío de un solo día.

Mercedes Alaya construyó un muro infranqueable de prestigio que, ahora, ha decidido dinamitar

Mercedes Alaya supo durante años resguardarse de ella, de sus demonios interiores, y gracias a eso construyó un muro infranqueable de prestigio que, ahora, ha decidido dinamitar. Ahí es donde radica, precisamente, la gravedad de sus acusaciones: de los ataques que recibe a diario el poder judicial, este de Mercedes Alaya es, quizás, el más corrosivo de todos porque quien denuncia oscuras conspiraciones tiene el prestigio social de ser una jueza íntegra, honesta y decidida. Aún más, en la entrevista del diario 'ABC' con la que ha decidido romper con años de silencio, lo que hace Mercedes Alaya es combinar algunas acusaciones concretas fácilmente contrastables y verificables con otras genéricas, sin precisión, que, de la forma que se realizan, están más cerca de las injurias y calumnias que de cualquier otra cosa.

Alaya combina acusaciones concretas fácilmente contrastables con otras genéricas que están más cerca de las injurias que de cualquier otra cosa

Seguro que Alaya sabe apreciar la diferencia. Por ejemplo, cuando habla de la politización de la Justicia, lo que nadie le puede negar es que la clase política en España, desde la Transición, ha invadido el poder judicial. Si solo fuera por el viejo adagio cesariano de parecerlo, además de serlo, el modelo de aforamiento que impera en España es, por lo menos, sospechoso de parcialidad. Hablamos del pernicioso circulo de exclusividad judicial que se diseñó en los primeros años de democracia, en que el poder político determina la composición del Consejo General del Poder Judicial, que es quien designa los puestos clave del Tribunal Supremo y de los tribunales superiores autonómicos, que es adonde van a parar los miles de aforados que hay en España, como en ningún otro país de nuestro alrededor.

¿Quiere eso decir que, en consecuencia, toda la Justicia en España es corrupta, en tanto en cuanto está politizada? ¿Todos los miles de jueces y fiscales? ¿Todos menos Mercedes Alaya? Cualquiera de ellos, jueces y fiscales españoles, y especialmente andaluces, no habrá sentido otra cosa que eso al conocer las declaraciones de Mercedes Alaya. Todos los jueces que han colaborado con ella en las causas que instruía, como los ERE, han salido escaldados; a unos los ha tachado de vagos y frívolos y a otros, directamente, de peligrosos infiltrados del Gobierno socialista.

La inquina contra los fiscales, a los que considera una mera correa de transmisión del poder político, es especialmente llamativa e inconsistente

Según Alaya, solo es válida Alaya. La inquina contra los fiscales, a los que no considera más que una mera correa de transmisión del poder político, es especialmente llamativa e inconsistente. Y también se realiza tras una afirmación inobjetable: la dependencia jerárquica de los fiscales del Gobierno de España. Pero asimilar ‘dependencia jerárquica’ a ‘servilismo político’ es una ofensa insultante que irrita especialmente a los profesionales del Ministerio Público. Tan disparatado como relacionar ‘independencia’ con ‘infalibilidad’.

En el caso de Alaya, además, ni siquiera se puede sostener. Ya veremos qué ocurre con los ERE, pero en dos de las macrocausas anteriores que ha instruido, la de Mercasevilla y la de Lopera, expresidente del Betis, han sido compañeros suyos, jueces, los que han dictado sentencias absolutorias, mientras que eran los fiscales los que mantenían en el juicio las acusaciones, defendiendo en la sala lo actuado durante la instrucción de Alaya. ¿No habíamos quedado que los fiscales eran los que seguían las ordenes del Gobierno mientras que los jueces son independientes, como ella misma? En el caso de Andalucía, que tiene las competencias de Justicia transferidas, ¿a qué Gobierno obedecen, al andaluz, que es del PSOE, o al de España, que es del Partido Popular? ¿A los dos a la vez, o se van alternando? En el juicio de Lopera, ¿la absolución será porque Susana Díaz es bética? Evidentemente, nada de eso puede ser tomado en serio.

Cuando Mercedes Alaya dejó el juzgado, desde el que abrió esas macrocausas, todo el mundo entendió que lo hiciera, porque estaba delicada de salud y era normal que, tras un esfuerzo titánico, decidiera cambiar de aires, ascender en el escalafón y ocupar un puesto en la Audiencia Provincial de Sevilla. Ahora dice que todo aquello fue una trampa que le tendieron para que dejara las investigaciones contra la red corrupta de la Junta de Andalucía y, en la sucia maniobra, implica a los partidos políticos, Partido Popular y al PSOE, y a jueces de la Audiencia de Sevilla, del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y del Consejo General del Poder Judicial.

Como quiera que Alaya señala expresamente que la engañaron —“todo fue un burdo engaño”— para apartarla del juzgado —“había miedo a que siguiera investigando los cursos de formación”—, ahora el Poder Judicial está obligado a abrir una investigación interna para esclarecerlo. Y Mercedes Alaya está obligada a desvelar en esa investigación interna los nombres de aquellos que, en el Poder Judicial, le prometieron seguir con sus causas y la engañaron. Los ejercicios de demolición personal de la imagen solo le interesan a uno mismo; cuando afectan a uno de los pilares del Estado, hablamos de paredes que nos cobijan a todos.

Matacán

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