Abusos sexuales en la fresa. Verdades y mentiras

España no es ese país subdesarrollado y cortijero del imaginario. ¿Miles de mujeres violadas a diario? Es una infamia grosera y España debería estar prevenida ante esas campañas de desprestigio

Foto: Dos mujeres recogen fresas durante la campaña de recogida de esta fruta. (EFE)
Dos mujeres recogen fresas durante la campaña de recogida de esta fruta. (EFE)

Existe un prototipo lorquiano de España, de Andalucía, que amplifica fatalmente cuanto pueda suceder con un esquema básico de subdesarrollo, pasiones rurales y machismo cortijero. No porque se trate de una realidad inventada, sino porque ese prejuicio acaba deformándolo todo, acaba dañándolo todo, incluso la verdad sobre la que se asienta. Como ahora: campos de fresas en Huelva, mujeres marroquíes que vienen por miles para la recolección, plásticos que lo cubren todo, humedad y sudor, capataces que las miran apurando con dos dedos un cigarrillo, habitaciones de literas agolpadas… ¿Cuál es el final imaginado de esa historia? Esa es la cuestión, que antes de conocer ningún detalle más, incluso sin necesidad de conocer nada más, ya existe un final de abusos y de explotación generalizada que se presupone.

Esa misma escena no se imagina igual en la vendimia francesa o en la recolección de los tulipanes en Holanda; porque es en España donde la leyenda negra aparece siempre para exagerarlo todo. Para exagerar una realidad que nadie puede negar: la existencia de abusos a jornaleras inmigrantes en la fresa de Huelva y las condiciones, a veces humillantes, en las que tienen que desarrollar su trabajo, con la mínima asistencia posible una vez que han finalizado su jornada laboral.

Hay una realidad que nadie puede negar: la existencia de abusos a jornaleras inmigrantes en la fresa de Huelva y las condiciones

Sucede, además, que el avance imparable de la agricultura extra temprana de Andalucía —especialmente la de la fresa y los frutos rojos de la provincia de Huelva— se combate en Europa, de forma periódica, con campañas de desprestigio, muy similares a la que puede haberse comenzado a desatar a raíz de la última polémica. Todo se origina a partir del reportaje que publican el pasado 30 de abril dos reporteras alemanas, Pascale Müller y Stefania Prandi, en la revista 'Correctiv' y 'BuzzFeed News', en donde se ofrece el testimonio de algunas trabajadoras marroquíes de los campos de fresa de Huelva que describen su situación como “el infierno en la tierra”. Condiciones inhumanas de trabajo, propias de la explotación de esclavos en los campos de algodón, insultos y humillaciones constantes, y abusos sexuales constantes: “el infierno en la tierra”, dice una de ellas. El reportaje se inicia de la forma más contundente: “Acosadas, insultadas y violadas, eso es lo cotidiano para miles de mujeres que trabajan en los campos de tomates y fresas de España”. Y luego, tras describir la penosa vida de algunas de esas trabajadoras, recuerda a los lectores que “alrededor del 80% de las importaciones de fresas alemanas provienen de Huelva, en Andalucía: bajo un mar blanco de invernaderos de plástico, se cosechan más de 300.000 toneladas de fresas cada año, lo que convierte a Andalucía, la llamada ‘California de Europa’, en el mayor productor de fruta de Europa”.

En lo que concerniente a los datos económicos, es verdad, como se decía antes, que el auge de la agricultura ‘bajo plásticos’ de Andalucía, miles de hectáreas de invernaderos, sobre todo en Huelva y en Almería, ha convertido a los agricultores andaluces en los principales exportadores de sus productos en centro Europa. En el caso de Huelva, la pasada campaña de fresa llegó a rozar los 400 millones de euros de facturación. En el conjunto de España, el montante es igualmente muy revelador: la exportación española de frutas y hortalizas en el primer trimestre de 2018 se ha situado en 3.838 millones de euros, según la patronal del sector. Conviene reparar en lo del ‘primer trimestre del año’, que es cuando media Europa todavía está helada y en España se producen toneladas y toneladas de frutas y hortalizas. Para la campaña de la fresa de Huelva, este año la patronal UPA, de carácter progresista, calculó que harían falta unas 30.000 contrataciones en el exterior, teniendo en cuenta que la campaña iba a necesitar de 70.000 temporeros y que en el Registro de desempleo agrícola del Servicio Andaluz de Empleo, "solo hay disponibles 37.018 potenciales trabajadores". En función de esas estimaciones, este año han llegado a Huelva 18.000 mujeres de Marruecos, todas ellas seleccionadas de acuerdo a los tratados y convenios suscritos entre los dos países.

La exportación española de frutas y hortalizas en el primer trimestre de 2018 se ha situado en 3.838 millones de euros, según la patronal del sector

La primera de las ‘irregularidades’ se produce, precisamente, en esa selección, aunque se trata de irregularidades solo de acuerdo con los derechos sindicales de los trabajadores españoles. Para que una mujer marroquí pueda venir a trabajar a España tiene que demostrar que tiene menos de 45 años, que procede de un medio rural y experiencia en la agricultura, que está casada —en cuyo caso debe aportar una autorización del marido— o que es divorciada o viuda, y, lo que es más importante de todo, que tenga al menos un hijo menor. Sostiene CCOO, que se trata de “criterios retrógrados, machistas y discriminatorios que nos devuelven a prácticas ya desterradas de principios de este siglo donde las mujeres eran tratadas como mercancías”, pero resulta que no es España donde se realiza la selección sino que es una Agencia Marroquí (Anapec) la que recibe el cupo necesario y realiza la contratación.

Mujeres hacen cola en la localidad de Mechra Belksiri, en Marruecos, con la esperanza de conseguir un trabajo como temporeras en la cosecha de la fresa en Huelva. (EFE)
Mujeres hacen cola en la localidad de Mechra Belksiri, en Marruecos, con la esperanza de conseguir un trabajo como temporeras en la cosecha de la fresa en Huelva. (EFE)

A partir de esa selección inaceptable en España, los temporeros extranjeros de la fresa, no sólo las mujeres marroquíes, soportan en los cuatro o cinco meses condiciones de trabajo que tampoco serían aceptables en España. “La mera existencia de asentamientos en condiciones indignas (sin luz, sin agua, sin saneamientos, inseguros, etc.) en los que malviven, durante distintos períodos de tiempo, los/las temporeros/as del campo ya debería ser de por sí alarmante. Sin embargo, la situación es mucho peor cuando tenemos en cuenta la cronificación de dichos asentamientos a la que estamos asistiendo desde hace años”, como sostiene un informe reciente de la Mesa de Integración de Huelva. Y es ahí donde está el verdadero problema, donde debe ponerse el acento sin necesidad de distorsionar la realidad.

En 2014, unos empresarios fueron condenados por humillar a sus trabajadoras con frases como "putas, os vamos a mandar a Marruecos"

Igual ocurre con la existencia de empresarios explotadores y de manijeros violadores: cuando se produce o se denuncia un delito, el Estado de Derecho funciona en España. Antes de que se publicara ese reportaje, en 2014, la Audiencia de Huelva ya condenó a unos empresarios que humillaban a sus trabajadoras con frases como “putas, os vamos a mandar a Marruecos, cojones que en vuestro país estáis muertas de hambre”. En la actualidad, se siguen tres procesos judiciales similares. Además de eso, tras la publicación de ese reportaje alemán, la Fiscalía de Huelva ha iniciado una investigación de oficio, solicitada por sindicatos, asociaciones y patronal, para determinar la gravedad de esos abusos sexuales. Algunas temporeras marroquíes han certificado las denuncias y otras las han negado: en una semana, una decena de jornaleras confirmó ante la Guardia Civil haber sido objeto de abusos y poco después un centenar de trabajadoras más entregaron un comunicado firmado a la misma Guardia Civil en el que acusaban a sus compañeras de actuar sólo “porque así podían obtener los papeles y quedarse en España”.

[Vea aquí la sentencia condenatoria de un empresario por abusos en 2014]

Cuando una revista alemana titula su reportaje “Violación en los campos”, y añade como subtítulo “Muchas fresas en los supermercados europeos son de la provincia española de Huelva. El abuso sexual de sus trabajadoras es desenfrenado”, no es posible pensar que se trata de una mera denuncia inocente. Porque eso no es verdad; España no es ese país subdesarrollado, inculto y cortijero del imaginario. ¿Miles de mujeres violadas a diario en los campos de fresa de Huelva? Eso es una infamia grosera, mendaz, y España debería estar prevenida ante esas campañas de desprestigio que, en todos los niveles, se lanzan desde Europa.

Matacán

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