Desenterrar a Franco para resucitarlo

Pedro Sánchez, que tenía tres años cuando se murió el dictador, sigue repitiendo como objetivo político que es necesario “trabajar por la reconciliación” de los españoles

Foto: Llegada de los restos mortales de Franco, desde el Palacio Real al Valle de los Caidos, para ser enterrado. (EFE)
Llegada de los restos mortales de Franco, desde el Palacio Real al Valle de los Caidos, para ser enterrado. (EFE)

Parece que cantaran, que lo hubieran convertido en melodía. “A desenterrar, a desenterrar, que la tumba es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro y María, de Juan y José”. Como una canción de Víctor Jara, aquel mítico 'A desalambrar', porque la tumba de un dictador muerto hace 40 años es siempre un objetivo político de máxima actualidad en España. Existe la creencia generalizada en la izquierda española de que si se revuelven los huesos del dictador, España puede vengarse de las atrocidades cometidas hace 80 años, persecuciones, crímenes, humillaciones. Al menos, simbólicamente. Ya que el dictador se murió en la cama, que por lo menos se jodan sus huesos.

Por eso, creyentes, ateos o agnósticos, todos participan de forma activa de la idea de que es verdad que existe un descanso eterno y de lo que se trata es de impedir que Franco mantenga por más tiempo el lugar privilegiado que eligió para la eternidad, el altar mayor de una basílica, como si fuera un Papa o un obispo legendario, que es a los únicos a los que reserva la Iglesia católica un entierro así.

Como el Gobierno de Pedro Sánchez tiene que ser de gestos antes que de gobierno, por la limitación de sus 84 diputados en el Congreso y su calculada limitación a una legislatura de año y medio, que será una campaña electoral larga, era previsible que una de sus ‘medidas estrella’ sería la tumba del dictador en el Valle de los Caídos para proceder a la exhumación de los restos del dictador. Se trata, además, de una medida ya aprobada en el Congreso en otoño pasado, con lo que no es necesario ni realizar el trámite parlamentario. Solo se trata de elegir el momento.

No es difícil imaginar la escena el día en que se lleven las piquetas a la tumba de Franco y comience a levantarse la losa de granito de 1.500 kilos bajo la que está sepultado. Y Pedro Sánchez, al frente de la histórica comitiva para el desentierro. Para justificar la actuación, dicen en el Gobierno socialista que es necesario “trabajar para la reconciliación” de España, y es ahí, justo en ese punto, donde comienza a quebrarse el discurso, incluso a hacerse peligroso, porque da la sensación de que lo que se pretende es desenterrar al dictador para resucitar su sombra.

Según Julio Feo, cerebro del 'marketing' del PSOE en los ochenta, su triunfo apoteósico se debió a que supieron desconectar completamente del pasado


Se trata de la misma historia repetida desde los años ochenta, curiosamente en contra de lo primero que descubrió el PSOE sobre la sociedad española de entonces. Hay un libro de Tom Burns Marañón, ‘Conversaciones sobre el socialismo’, en el que Julio Feo, cerebro del 'marketing' del PSOE en los ochenta, afirma que el triunfo apoteósico de Felipe González se debió a que supieron desconectar completamente al PSOE del pasado. “Felipe González era lo que rompía al PSOE con la Guerra Civil. Si hubiéramos hecho una campaña de recuerdo de la Guerra Civil, yo creo que nos hubiera ido muy mal. Descubrimos que la gente tenía tanto rechazo al saludo fascista del brazo en alto como lo tenía al puño en alto”.

Lo que ocurrió, sin embargo, es que, pasados los años, en el mismo PSOE debieron de descubrir que, una vez alcanzado el poder gracias a esa desconexión con el pasado, era fundamental impedir que sucediera lo mismo con la derecha, que el personal no dejara nunca de relacionar a la derecha española con Franco y con la Guerra Civil. El PP no debía romper con la dictadura porque esa era una garantía electoral.

Los andaluces saben bien de lo que se trata porque la dictadura, aún hoy, se sigue invocando como una de las causas de los problemas actuales

Desde entonces, de forma periódica, no ha habido un año en España que, desde alguna institución, no se haya promovido una iniciativa relacionada con el franquismo. Los andaluces, especialmente, saben bien de lo que se trata porque la dictadura, aún hoy, se sigue invocando en esta región como una de las causas de los problemas de la actualidad, y ya han pasado 40 años de autonomía como hubo 40 años de franquismo. El mismo PSOE que descubrió tras la muerte de Franco el deseo profundo de la sociedad española de superar el pasado es el que con más empeño ha mantenido el discurso —siempre, eso también, con la colaboración torpe de algunos portavoces populares—. Todavía hoy, con un presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que tenía tres años cuando se murió el dictador, se sigue repitiendo como objetivo político que es necesario “trabajar por la reconciliación” de los españoles.

A lo largo de toda la historia, emperadores, buenos y malos, reyes sátrapas o bondadosos y, por supuesto, los dictadores han querido inmortalizar sus vidas con la elección de su propia tumba. Augusto se hizo construir un mausoleo como el que le había visto a Alejandro Magno, y dejó encargado al Senado romano que grabaran en columnas de bronce un largo epitafio con todas sus hazañas. Cuando pasan los años, es ahí donde se refleja la memoria. Como el Valle de los Caídos, en el que la tumba de Francisco Franco solo puede ser una muestra de la ridícula pretensión de un hombre ridículo de pasar a la historia como un redentor, en vez del cruel dictador que fue. Por eso se hizo enterrar en el altar mayor.

El pasado ni se puede ni se debe hurtar a las generaciones venideras con una memoria dulcificada, o adulterada, de lo que nunca ocurrió


Si el Valle de los Caídos se analizara exclusivamente desde un punto de vista patrimonial, entenderíamos que el valor que tiene es, precisamente, el de conservar el recuerdo de una época que forma parte de la historia de España. Todo lo que se logrará es que, cuando se lleven los restos de Franco, a los visitantes que acudan a ese lugar les dirán “y ahí es donde estaba la tumba de Franco”, en vez de decirles, como ahora, “y ahí es donde está la tumba de Franco”. La historia no se construye solo con citas amables, hechos heroicos y acciones humanitarias. También somos lo que hemos padecido, lo que hemos sufrido. El pasado ni se puede ni se debe hurtar a las generaciones venideras con una memoria dulcificada, o adulterada, de lo que nunca ocurrió. Desenterrar a Franco y olvidarlo; como si eso fuera posible… Nunca lo olvidaremos porque Franco es el medio, el fin es otro.

Matacán
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