Las tonterías de Pedro Sánchez

"¿Cómo no te das cuenta de que lo único que tienes que hacer es dar ejemplo, que otra cosa no puedes, y te empeñas en equivocarte en eso, que es elemental?"

Foto: Los desplazamientos de Pedro Sánchez en el avión presidencial han llamado mucho la atención. (La Moncloa)
Los desplazamientos de Pedro Sánchez en el avión presidencial han llamado mucho la atención. (La Moncloa)

Dices que antes que decepcionada, empiezas a estar cabreada y que eso te sienta peor todavía porque afecta más a tu estado de ánimo. La decepción se supera y, mientras eso sucede, lo único que puede ocurrir es que te encuentres aplatanada, pero el cabreo es otra cosa. El cabreo hay que digerirlo, tiene su tiempo de crispación interior hasta que se pasa, y siempre se corre el riesgo de hacer algo o de decir algo de lo que después te acabas arrepintiendo. No será el caso, porque se trata de política, y no están los líderes a mano para decirles lo que se piensa de ellos. Por eso me lo cuentas, porque no tienes la oportunidad de echarte a la cara a Pedro Sánchez y decirle lo que piensas: “A ver, Pedro, ¿por qué no dejas de hacer tonterías? Con todo lo que has conseguido, con el mérito que tiene lo que has hecho, con la ilusión que has vuelto a despertar en nosotros, muchos votantes socialistas desencantados, a qué viene cometer esos errores tan elementales. Con no hacer tonterías, tienes suficiente en esta legislatura, el tiempo que dure. ¿Cómo no te das cuenta de que lo único que tienes que hacer es dar ejemplo, que otra cosa no puedes, y te empeñas en equivocarte en eso, que es elemental?”.

Dices que se trata de cabreo y no decepción, porque la diferencia entre una cosa y otra es que lo primero habría podido evitarse y lo segundo no. Lo que puede evitarse y no se hace, irrita más que cuando algo viene mal dado, o es imposible de conseguir. En esos casos, lo que opera es el viejo proverbio chino que nos aconseja mirar los problemas con distancia y despreocupación porque “si algo tiene remedio, no debes preocuparte porque tiene remedio; pero si no tiene remedio, no te preocupes porque no tiene remedio”. Esa misma filosofía la plasmó también el refranero español con una sentencia más contundente: “A lo que no tiene remedio, litro y medio”. La barra de un bar, que es el gran psicólogo de la humanidad para aliviar los desengaños de la vida. Esa decepción, en todo caso, llegará, si es que se produce, mucho más adelante y siempre estará relacionada con acciones de gobierno, con promesas y reformas que no se cumplan, pero eso no va a ocurrir en esta legislatura tan inesperada.

Dices que nadie va a exigirle a Pedro Sánchez que acabe en un año y medio con la precariedad laboral y los contratos de miseria, herencias de la crisis que la patronal querrá perpetuar para seguir ganando mas dinero. Nadie puede exigir que la igualdad real entre hombres y mujeres se establezca en este tiempo, ni que se restablezcan los servicios sociales que han dejado tiritando con los recortes.

La decepción llegará mucho más adelante y estará relacionada con acciones de gobierno, con promesas y reformas que no se cumplan

Dices que por esa misma cuestión, que sabiendo que nadie de los suyos va a exigirle más allá de lo que está haciendo, te cabrean tanto las tonterías de Pedro Sánchez. “A ver, que es muy fácil, que todo esto ya está inventado, ¡limítate a no meter la pata! La gente de izquierda te lo va a perdonar todo en este año y medio, menos que te equivoques en las formas”. ¿Se puede prever lo que va a ocurrir si uno se va a un concierto de música en un avión oficial? Evidentemente, porque no es la primera vez. ¿Se pueden calcular los comentarios jocosos después de publicar un reportaje de la vida cotidiana de Pedro Sánchez como si se hubiera criado en la Casa Blanca? Por supuesto, eso que lo haga Tom Cruise, que gana dinero con las películas, pero no un presidente socialista del Gobierno de España. ¿Y las vacaciones, el último error absurdo de Pedro Sánchez? Después de llevar un mes y medio en el cargo, a qué viene eso de cogerse el mes de agosto de vacaciones, casi al completo, como si llevase en el cargo toda la vida. A la playa a Mojácar y luego al Palacio de las Marismillas, en Doñana. ¿No hubiera sido más fácil ofrecer el ejemplo de un presidente de izquierdas haciendo algo distinto de lo que haría cualquier otro presidente? Si vas a un concierto con tu familia, lo haces en tu coche, de la misma forma que lo habrías hecho tres meses antes de ser presidente del Gobierno. O en turista de avión o de tren. Si haces un reportaje de fotos, que no sea una pedantería ostentosa; más discurso político y menos fotos con gafas negras. Si necesitas coger vacaciones, te aguantas, porque ningún trabajador en España tiene un mes de vacaciones cuando ha encontrado empleo un mes y medio antes. Y la medida de un presidente socialista en las formas siempre tiene que ser la de las clases trabajadoras.

Dices que lo peor de esos tres errores de libro han sido las justificaciones que se han ofrecido 'a posteriori' desde La Moncloa, porque no solo no han mejorado nada sino que, objetivamente, han acabado agravando aún mas lo sucedido. Es como una cadena de despropósitos: primero caes en un error de libro, perfectamente evitable, y después, cuando el personal te critica y la oposición pide explicaciones, ofreces una explicación absurda en la que, el más paciente, pensará que lo están tomando por gilipollas. En cada episodio, ha ocurrido algo parecido. Cuando el reportaje aquel primero de Pedro Sánchez haciendo deporte en los jardines del Palacio de la Moncloa, lo que dijeron sus asesores es que “las formas en política son el fondo”. Y se puede estar de acuerdo con esa afirmación si no fuera porque unos días más tarde, cuando iba camino de Bruselas para una cumbre comunitaria, publicaron otro reportaje artístico del presidente en el avión presidencial, hablando con los asesores y siempre con las gafas de sol puestas. Y para remate, un detalle de sus manos: “Las manos del presidente marcan la determinación del Gobierno”.

Dices que aún fue peor después, cuando el incidente del avión oficial para ir a un concierto de The Killers. En vez de reconocer que fue un error, en vez de admitir que fue una decisión precipitada o que los asesores aconsejaron el avión oficial porque era mucho más eficaz y rentable por las medidas de seguridad que hay que adoptar, en vez de cualquier explicación razonable, se opta por la tomadura de pelo: “El presidente tuvo agenda institucional todo el día, y por la noche se acercó a un evento cultural. Es decir, tuvo agenda de cultura por la noche”. ¿De verdad era necesaria esa bobada?

Dices que tu preocupación mayor ha llegado con las vacaciones, porque otra vez ha sucedido lo mismo cuando han comenzado a llegar las criticas: si son tres veces seguidas, ya podemos descartar que se trate de errores puntuales, esa forma de actuar marca tendencia. En vez de reconsiderar esas ‘megavacaciones’ al mes de llegar al cargo, o simplemente de reconocer que el presidente está cansado y le han aconsejado que desconecte unos días, en vez de cualquier explicación humanamente comprensible, ya ha salido un portavoz oficial que ha querido justificarlo diciendo que las vacaciones de Pedro Sánchez son “un derecho y un deber”. Es decir, que encima de todo, se quiere poner de ejemplo. A los que estén quemados de trabajar, pero el sueldo no les da para unas vacaciones familiares en la playa o en la sierra, lo del ‘derecho y el deber’ les debe haber sentado como una patada en el culo. “¡Que te lo estoy diciendo, a ver, que es muy fácil, Pedro Sánchez, que todo esto ya está inventado, limítate a no meter la pata!”. Luego te has marchado, acaso más relajada porque también el cabreo, como las burbujas de la cerveza y del champán, va desapareciendo en cuanto se abre la botella.

Matacán

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
21 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios