Atracción fascista en Podemos
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Javier Caraballo

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Atracción fascista en Podemos

Lo que ha seducido a los preceptores intelectuales de Podemos del Gobierno italiano es la aprobación del 'Decreto dignidad', que incluye un paquete de medidas variopintas de resultado incierto

placeholder Foto: El ex coordinador federal de IU Julio Anguita. (EFE)
El ex coordinador federal de IU Julio Anguita. (EFE)

Los extremos siempre se han tocado, pero nunca lo han reconocido. Esa es la novedad fundamental que aporta el reconocimiento que hacen Julio Anguita y Manuel Monereo, referentes políticos e instructores ideológicos de Podemos, de algunas de las políticas de la extrema derecha en Italia. Lo hacen, además, como suelen, sin taparse, sin miedo a “la tiranía de lo políticamente correcto”. Otros pensarán, sin embargo, que construyen sus discursos con la arrogancia diletante de siempre, la misma superioridad intelectual, aunque esta vez hayan roto todos los esquemas anteriores.

Porque ahí están los dos, tan resueltos, dando la cara por Matteo Salvini, el inquietante ultraderechista italiano, y pidiendo a los suyos de Podemos que no se le juzgue solo por sus posicionamientos racistas y xenófobos, sino por las otras muchas políticas aplicadas, que comparten plenamente y que les han llevado incluso al elogio por su valentía.

Para empezar, lo primero que resulta llamativo del planteamiento de Julio Anguita y Manuel Monereo es eso que dicen de que hay que juzgar a los dirigentes políticos, sean cuales sean, por sus acciones, por sus hechos, y no por las etiquetas que se les puedan colocar. Eso es lo que les lleva a dudar de que sea fascismo lo que está ocurriendo en Italia, esa explosiva unión de populistas y extrema derecha.

Foto: Manolo Monereo y Errejón, hace un año. (EFE) Opinión

"En política hay que debatir sobre datos y hechos. Juzgar las intenciones es propio de inquisidores y pobres mentes que carecen de argumentos racionales”, dicen los mentores de Podemos en el primero de los dos artículos que publicaron y que sirven de base, como se adelantó en El Confidencial, para constituir una asociación dentro del partido de Pablo Iglesias. El planteamiento, en sí mismo, sin entrar en el fondo, es muy novedoso, porque si algo caracteriza a la izquierda española —y por extensión, a la clase política en España— es el sectarismo y la bandería, blanco o negro, conmigo o contra mí.

A buenas horas han descubierto Anguita y Monereo que existe un interés común, un interés de Estado, que es un interés de progreso, de bienestar, un interés de pueblo, en suma, que tendría que estar siempre por delante del interés de partido. ¿Qué eran los ‘cordones sanitarios’ que se siguen defendiendo en España contra los partidos de derecha, para evitar que gobiernen en las instituciones, aunque ganen las elecciones? Si juzgar intenciones es propio de inquisidores, ¿cuál ha sido, y es, la práctica política española por excelencia, sobre todo en la izquierda, cuando plantea esa alianza que solo exige etiquetas?

Lo que ha seducido a los preceptores intelectuales de Podemos del Gobierno italiano es la aprobación del llamado ‘Decreto dignidad’, que, como es sabido, incluye un paquete de medidas variopintas de resultado incierto: desde el intento de frenar la deslocalización de multinacionales hasta la lucha contra la temporalidad de los contratos laborales, pasando por la prohibición de la publicidad de las apuestas, que tanto en la extrema izquierda como en la extrema derecha debe verse como el opio del pueblo. Todas ellas son medidas adecuadas, pertinentes, necesarias, según dicen, y eso es lo que debe valorarse principalmente, no el origen político del que las ha dictado.

Foto: El líder del M5S Luigi di Maio frente a la Cámara de Diputados de Roma, el pasado julio. (EFE)

“Englobarlo todo bajo la etiqueta de ‘fascismo’, como algunos han hecho estos días, puede ser más cómodo para evitar cierta fatiga intelectual, pero nada aporta al conocimiento de la realidad”, dicen Anguita y Monereo. ¿Estarían dispuestos a afirmar lo mismo de los 40 años de franquismo? También los de Falange llevan años y años defendiendo los logros sociales del franquismo, desde el salario mínimo interprofesional hasta la Seguridad y el Auxilio Social, pasando también por la limitación del ‘contrato de pruebas’. ¿Les concederán a los franquistas la misma dispensa que a los extremistas de la Liga Norte italiana?

Si lo piensan, hasta ahora solo se beneficiaban de esa complacencia los dictadores comunistas, desde Stalin hasta Fidel, pasando por Mao, a los que se les ‘disculpaban’ los matices autoritarios, por bárbaros que pudieran ser, en aras del bien mayor, el pueblo. Lo nuevo es que se le aplique el mismo descargo a un tipo como Salvini, que cita a Mussolini cuando lo atacan: 'Tanti nemici, tanto onore' (muchos enemigos, mucho honor).

De todas formas, pese a lo disparatado del planteamiento, aciertan al señalar claramente el mayor problema de la izquierda desde hace tiempo: la desconexión con los problemas reales de la sociedad, en especial de la clase trabajadora. Eso es, de hecho, lo que explica esos trasvases de voto que parecen irreales cuando barrios o ciudades enteras, de tradición consolidada de voto de izquierda, se entregan a la extrema derecha.

La crisis de las ideologías, desde que se diagnosticó, a quien más ha afectado ha sido a la izquierda, que sigue enquistada en batallas pasadas

Sostienen Anguita y Monereo: “No tenemos ninguna simpatía por Matteo Salvini, pero creemos que su ascenso, y el de otras figuras afines en varios países europeos, no es más que un reflejo del fracaso de la izquierda. La demostración de su incapacidad para canalizar las energías de cambio latentes en la sociedad. La prueba que atestigua la decadencia de una izquierda que se hizo neoliberal y ya no es capaz de entender a su pueblo”.

En eso, desde luego, nadie podrá quitarles la razón, porque la crisis de las ideologías, desde que se diagnosticó, a quien más ha afectado ha sido a la izquierda, que sigue enquistada en batallas ya pasadas, realidades superadas, mundos inexistentes o meramente teóricos. Es verdad que el populismo anida, sobre todo, en el descontento de la izquierda, pero sostener a estas alturas de la globalización que la salida de Europa es cargarse Europa, como parecen proponer Anguita y Monereo al unísono con los populismos y extremismos que están aflorando en diversos países, es redoblar la ceguera y precipitarnos al abismo.

Julio Anguita Matteo Salvini Unidas Podemos