Vox en Sevilla es una pesadilla

Si Vox llena en Sevilla un auditorio con 3.000 personas, cuando hace poco eran insignificantes, es que algo está pasando en la derecha

Foto: Santiago Abascal, presidente de Vox. (EFE)
Santiago Abascal, presidente de Vox. (EFE)

Partamos de una sencilla regla de tres política y sociológica: si Vox llena en Sevilla un auditorio con 3.000 personas, cuando hace poco eran insignificantes, es que algo está pasando en la derecha. Si hace nada de tiempo, cuando los echaron a pedradas de una plaza, la cosa no pasaba de 100 o 200 personas, y ahora abarrotan los espacios, es que algo se mueve en la capa freática de la sociedad española, porque estos acontecimientos nunca suelen estar precedidos de la casualidad. Lo absurdo es que haya quien piense que todo este fenómeno se debe a los medios de comunicación, que no dejan de jalear a los de Vox. Pueden irritarse con esa versión, y repetir mil veces, como en ‘My Fair Lady’, que “Vox en Sevilla es una pesadilla”, pero la realidad es distinta.

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Si hemos concluido que Vox es una formación política populista y de extrema derecha, o el personal no lo considera así o resulta que, por el contrario, es la extrema derecha lo que quieren para este país. No podemos pasar por alto, además, que el acontecimiento en cuestión se produce en una provincia como la de Sevilla, histórico granero de votos del PSOE, allí donde la izquierda siempre gana a la derecha por goleada, hasta con 40 puntos de ventaja. En esa provincia, ¿es anecdótico que un partido al que se identifica con la extrema derecha haya abarrotado un auditorio, como ocurrió el pasado domingo? ¿Es normal esa metamorfosis inesperada y repentina? No, no es normal… Con lo cual, alguien o algo está equivocado, aunque ya lo iremos viendo en estas elecciones autonómicas de Andalucía, que tantos interpretan como antesala de lo que sucederá después en el resto de elecciones municipales, regionales y generales que se celebren en España.

Cuando se celebraron las elecciones andaluzas de 2015, Vox sacó en toda Andalucía 18.017 votos, un 0,45%, muy por debajo hasta del Pacma

Lo del acto de Sevilla que fue disuelto a pedradas ocurrió en marzo de 2015, en la campaña de las anteriores elecciones andaluzas. En el barrio de Triana, en la concurrida plaza del Altozano, el líder de Vox, Santiago Abascal, se fue a dar un mitin y, desde una azotea, comenzaron a lloverle piedras. “Las pedradas contra el mitin de Vox solo reflejan su pavor a la libertad. #NoPodrán”, escribió Abascal en su cuenta de Twitter y, entre muchas muestras de solidaridad, también había alguien que escribió: “¿Qué es Vox, una marca de laxante?”. Cuando se celebraron las elecciones andaluzas de 2015, Vox sacó en toda Andalucía 18.017 votos, un 0,45%, muy por debajo hasta del Pacma, que superó los 30.000 votantes, y a una distancia sideral del Partido Popular, que rebasó el millón votos.

En la provincia de Sevilla, con un censo de 1.529.000 votantes, Vox solo sacó 7.644 votos. ¿Qué quiere decirse? Pues que el interés político y sociológico del mitin de Vox en Sevilla del pasado fin de semana está en el contraste con ese momento de hace tres años, porque ahora abarrota un auditorio complicado por el elevado aforo para este tipo de actos sin haber llegado ni siquiera a la campaña electoral.

Podrá decirse, y es verdad, que ese acto de Vox no pasará a la historia por ser el más multitudinario de Sevilla, pero lo que no podemos olvidar es que todos los mítines no son comparables. Los mayores mítines en Sevilla en las ultimas décadas se han celebrado en el Velódromo de Dos Hermanas, donde se pueden llegar a reunir hasta 20.000 personas, que los organizadores siempre elevan hasta 30.000 en sus recuentos. Pero ninguno de esos mítines podría celebrarse si los partidos convocantes no contaran con una potente infraestructura logística y grandes sumas de dinero para sufragarlos. En algunos de esos actos, el PSOE o el PP han declarado que el coste de llenar ese auditorio, con hasta 500 autobuses contratados en varias provincias, supera el medio millón de euros.

El mitin de Vox del pasado domingo fue ‘a pelo’: quien acudió lo hizo por su cuenta y dedicó la mañana de un domingo a desplazarse hasta las afueras de Sevilla para sentarse en una butaca del Palacio de Congresos. Como recogió oportunamente Isabel Morillo en su crónica de El Confidencial, el propio Abascal retiene todavía las imágenes de aquella humillación a pedradas para exhibirla ahora como un triunfo postrero: “¡Aún dan esas imágenes para reírse de nosotros; a ver qué dicen ahora!”. Entre las informaciones del acto se daba cuenta, además, de la presencia entre el público de gente de clase media, o clase media baja, que había llegado de algunos pueblos cercanos a Sevilla y que no tenían empacho en reconocer que, en años anteriores, habían votado a Felipe González o a José María Aznar pero que, ahora, ante el panorama político, estaban “asustados por el futuro de sus hijos y nietos”. Y ese miedo los había conducido a Vox.

Ahora, ante el panorama político, estaban “asustados por el futuro de sus hijos y nietos”. Y ese miedo los había conducido a Vox

La conclusión inmediata es que la extrema derecha está aflorando en España de una manera seria, como no había ocurrido nunca en 40 años de democracia, que si las encuestas no detectan nada todavía puede ser por la existencia de un voto 'oculto' por la imagen pública de este partido, y que si en ciudades como Sevilla se expresa así, necesariamente tiene que haber otros rincones donde el fenómeno sea mayor. Y si todo eso es así, puede explicarse bien con lo que está ocurriendo en la autonomía andaluza. En todas las encuestas, cuando se pregunta por las necesidades de cambio político, es curioso observar cómo la inmensa mayoría de los andaluces afirma que sería bueno un cambio político pero, a continuación, expresa su disconformidad con los partidos de la oposición, fundamentalmente con el Partido Popular.

Según la última encuesta de El Confidencial, la mala valoración que se le atribuye al PSOE de Andalucía se corresponde con la mala valoración que se hace del resto; solo Ciudadanos sale ligeramente mejorado. Que después de 36 años de hegemonía socialista ininterrumpida decepcione tanto el partido del Gobierno como los partidos de la oposición es una anomalía democrática muy destacable. Y en ese caldo de cultivo, el mitin del otro día en Sevilla no puede ser pasado por alto. Si alguien quiere engañarse, que se quede con el lamento ripioso, “Vox en Sevilla es una pesadilla”, pero el trasfondo puede ser otro muy distinto. Por lo que estamos viendo, no basta con decir que son todos muy fachas.

Matacán

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