Insultar a Colón y quedarse callados

El irresponsable no es el idiota que quiere convertir a Colón en un apestado; los irresponsables son los españoles que callan. Desde el ministro de Exteriores hasta el Instituto Cervantes

Foto: Así retiraron la estatua a Cristóbal Colón en el Grand Park de Los Ángeles. (Twitter)
Así retiraron la estatua a Cristóbal Colón en el Grand Park de Los Ángeles. (Twitter)

El imbécil no es el tipo que en Los Ángeles ha dispuesto la retirada de una estatua de Cristóbal Colón para borrarlo de la historia; los imbéciles somos nosotros, los españoles, que nos quedamos callados entre ignorantes, pasotas y despreocupados. El irresponsable no es el idiota que quiere convertir a Cristóbal Colón en un apestado de los tiempos; los irresponsables son los españoles que callan, sobre todo aquellos que cobran por representar y defender la dignidad de este pueblo, de su historia. Desde el ministro de Exteriores o el de Cultura, que existen y ocupan un despacho, hasta el Instituto Cervantes, que tiene entre sus cometidos “la difusión de la cultura española e hispanoamericana”, pasando por diputados y senadores que, en teoría, nos representan a todos.

El temerario no es el cantamañanas que organiza una campaña para denunciar a Cristóbal Colón y reducir su memoria a la de un bárbaro genocida; los temerarios somos nosotros, los españoles, incapaces de calcular las nefastas consecuencias que pueden acarrear estos movimientos, como todos aquellos que se sustentan en la sucia y burda manipulación de la historia. Siempre esconden intereses bastardos. Lo sabemos bien.

Que se sepa, solo Ciudadanos ha preguntado al Gobierno, y lo que ha contestado el Ministerio de Asuntos Exteriores es que espera que todo esto sea algo “aislado y pasajero”, como si la ‘leyenda negra’ fuera un chiste de verano. Con lo cual, lo aconsejable es que hagamos lo contrario, al menos todo el que se indigne con estas campañas de desprestigio contra España. Quien manipula y deforma la historia con intereses totalitarios sabe bien que se trata de repetir mil veces la mentira hasta hacerla pasar por verdad. Desmontemos la farsa.

La justificación de la retirada de la estatua de Colón tenía un doble motivo: primero, que Colón era un ser atroz que protagonizó “el mayor genocidio de la historia” y, en segundo lugar, que ni siquiera fue él quien descubrió América. Ese es el panfleto que se repite siempre, también en España. A ver, en la página de la Real Academia de la Historia, con sede en Madrid, se puede consultar una biografía de Colón y se descubrirá que en la misma ya se señala al almirante como un firme partidario de que España utilizara las tierras que descubría para generar riqueza, con la extracción de los recursos naturales y con el comercio de esclavos.

Frente a esa pretensión, existía otra corriente partidaria de centrar todos los esfuerzos en colonizar y cristianizar los territorios conquistados. La política que se impone es la segunda, por la influencia, además, de grandes humanistas de la época como el fraile sevillano Bartolomé de las Casas, auténtico precursor de los derechos humanos cuatro siglos antes de que existiera en el mundo la conciencia de que todos los seres humanos tenían derechos. En definitiva, ¿la biografía de Colón en España dulcifica al personaje, lo convierte acaso en un ser angelical? No, se dice que era un firme partidario del esclavismo, algo habitual en la época, y si la idiocia no cegara a los indigenistas del siglo XXI, repararían en algo tan elemental como que Colón no pudo ser el causante de un genocidio por la sencilla razón de que los indios no le servían de nada si estaban muertos.

Tampoco es nueva ni novedosa la tesis de que Colón no fue el primero en llegar a América. Los historiadores tienen probado que en la época, antes del Descubrimiento en 1492, se hablaba de la existencia de indígenas que habían llegado desde el otro lado del Atlántico, que fueron localizados en alta mar por buques españoles y europeos y que, por ese motivo, se comenzó a pensar en la existencia de una ruta más cercana hacia las Indias. También se decía que un marinero portugués, en el lecho de muerte, fue quien le contó a Colón este secreto y le indicó la ruta que debía seguir. Entonces, ¿Colón fue el primero en llegar a América? Pues seguramente no, pero eso no tiene ninguna importancia porque sí fue el primero que se atrevió a organizar una expedición y el primero que trazó oficialmente un plan de ruta.

Fue el primero en atreverse y en ejecutar algo que se rumiaba. Ni la corona inglesa ni la portuguesa quisieron financiarle el viaje y fueron los Reyes Católicos los que apostaron y cambiaron el rumbo de la historia. “Nadie pondrá en duda que el viaje de las tres carabelas es la primera de las palancas en la transformación de la historia mundial que se llama tránsito a la Edad Moderna”, como sostuvo el historiador americanista, ya fallecido, Juan Pérez de Tudela y Bueso, autor de la referida biografía de la Real Academia de la Historia.

Pasar por alto esta continua desacreditación del Descubrimiento de América no convierte en imbéciles a quienes la promueven sino a nosotros

Que no, que no, que no se trata de golpes de pecho patrio, de añorar imperios ni sentirnos superiores a nadie. Es la simple necesidad que tiene una sociedad de vivir en paz con su historia, reconociendo ahí, en el pasado, orgullos, excesos y torpezas, que solo deben servir para saber mirar hacia delante y progresar. España arrastra, injustamente, la ‘leyenda negra’ y en Estados Unidos todavía se siguen recreando culturalmente contra lo que sí se puede catalogar como el mayor genocidio de la historia, sostenido durante varios siglos por los conquistadores ingleses y sus sucesores estadounidenses. Permanecer en silencio, o pasar por alto, esta continua y persistente desacreditación del Descubrimiento de América no convierte en imbéciles a quienes la promueven sino a nosotros mismos, los españoles.

Matacán

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