La telaraña andaluza 4.0

Desde hace años, la ‘tela de araña’ ha sido la metáfora más utilizada para definir la trama de intereses creada por el Gobierno socialista en Andalucía

Foto: Villegas, Rivera y Marín antes de reunirse con diputados del grupo parlamentario de su formación política en el Parlamento andaluz en Sevilla. (EFE)
Villegas, Rivera y Marín antes de reunirse con diputados del grupo parlamentario de su formación política en el Parlamento andaluz en Sevilla. (EFE)

La paradoja del nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía, si no se frustra el pacto, es que están llamados a destruir antes que a construir. Sólo cuando en una democracia se atrofia la alternancia y el partido gobernante se convierte en hegemónico, como ha ocurrido en Andalucía en las cuatro últimas décadas, se genera un entramado de poder tan amplio y copioso como el que han construido los socialistas andaluces en ese tiempo. Y como ha sido el PSOE el que lo ha creado y lo ha dotado generosamente, incluso cuando sucede lo inesperado, que se pierden unas elecciones, el entramado permanece y, además, pasa a convertirse en una sólida red de seguridad para resistir en la oposición y regresar al gobierno en el menor plazo de tiempo posible. De ahí lo paradójico del momento, que dos partidos que llegan nuevos a un Gobierno tengan que dedicarse, antes que nada, a desarmar la estructura clientelar creada y diseñada por el Partido Socialista sin, ni siquiera, tener la certeza de que podrán conseguirlo en una legislatura. Eso, además, con un añadido importante: pase lo que pase, en cualquiera de las hipótesis que se imaginen, se convertirá en una incesante fuente de conflictos contra el nuevo Gobierno andaluz.

Desde hace años, la ‘tela de araña’ ha sido la metáfora más utilizada para definir la trama de intereses creada por el Gobierno socialista en Andalucía, que ha manejado presupuestos que ascienden a casi 35.000 millones de euros, el más elevado de todas las comunidades autónomas. Incluso se llegaron a publicar dos libros que se titulaban así, en los que se detallaban todas las conexiones posibles a lo largo de la extensa región andaluza. Uno de los autores de ese libro, Pedro de Tena, describía la realidad de esa telaraña como “una ocupación nepotista del poder que se extiende por todas las instituciones, entes y organismos públicos” integrados todos ellos por “amigos, afines y familiares” de cargos socialistas, con lo que no sólo se aseguran el control “sino que, en caso de derrota política se dificultaría hasta límites insospechados la labor del Gobierno que salga de las urnas”.

El mismo símil lo empleó también un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Málaga, Manuel Arias Maldonado, cuando estallaron los grandes casos de corrupción de la Junta de Andalucía, fundamentalmente los ERE y los cursos de formación, y se descubrió la extensión real de aquella podredumbre. Al analizarlo, Arias Maldonado concluía que “el ciudadano andaluz está condenado a encontrarse con esa tela de araña en algún momento de su biografía personal o profesional, momento en el que tendrá que elegir entre pasar a formar parte de ella o perjudicar seriamente sus oportunidades vitales”. Si sumamos todos esos conceptos, no parece exagerado afirmar que la ‘tela de araña’ andaluza, a diferencia de cualquier otra que se haya podido construir en torno a otros gobiernos y en otras autonomías, es la más sofisticada y tupida de todas, una ‘telaraña 4.0’.

Pablo Casado y Juanma Moreno. (Reuters)
Pablo Casado y Juanma Moreno. (Reuters)

La dificultad mayor a la hora de intentar tomar algún tipo de medida sobre ese magma radica en la imposibilidad de que alguien pueda decir, exactamente, de cuántos organismos estamos hablando y, mucho menos, cuántas personas están ligadas a ellos. Ha habido veces que hasta los auditores de la Cámara de Cuentas de Andalucía se llevaban las manos a la cabeza cuando empezaban a sumar y a restar y les aparecían miles de ‘trabajadores fantasmas’, que nadie era capaz de saber dónde estaban. Las cuentas que ha realizado el Sindicato Andaluz de Funcionarios ofrecen un panorama desolador por la desproporción que existe entre la ‘administración real’, que es la que se puede controlar políticamente y donde están los funcionarios que han aprobado unas oposiciones, y la llamada ‘administración paralela’, donde proliferan los enchufes. Este sindicato, en concreto, afirma que el sector público instrumental de la Junta de Andalucía, la ‘administración paralela’, reúne a un total de 26.900 trabajadores (entidades públicas empresariales, fundaciones y personal laboral propio de agencias de régimen especial) mientras que el personal funcionario de la Administración General representaba en el año 2016 un total de 20.031 funcionarios de carrera y 2.495 interinos. Esa desproporción se produce, según este sindicato, por una política concreta y sostenida de los distintos gobiernos socialistas que, durante años, han estado recortando la plantilla de funcionarios (en 2009 era de 26.249 personas) mientras que ha ido aumentando y consolidando la estructura de la ‘administración paralela’.

¿Podrá un gobierno de coalición, que ni siquiera cuenta con mayoría absoluta en el Parlamento de Andalucía, desmantelar toda esa ‘tela de araña’, tejida minuciosamente durante cuarenta años? Para Ciudadanos será el segundo intento, porque ya lo incluyó, sin éxito alguno, cuando apoyó a la socialista Susana Díaz como presidenta, y lo ha vuelto a solicitar ahora, que quiere formar gobierno junto al Partido Popular. De todas formas, lo que han firmado PP y Ciudadanos para formalizar su pacto es muy impreciso, y se limita a decir que quieren suprimir todos aquellos entes, que en total pueden ser más de doscientos, “que se consideren innecesarios” y también los que se hayan visto salpicados por la corrupción, como la famosa Agencia IDEA (Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía) que aparece en el escándalo de los ERE. Eso, además de otras medidas que tienen el mismo sesgo, como la Ley de Despolitización de la Junta de Andalucía –que con la sola lectura de su enunciado ya resulta insólita en una democracia moderna- con la que se pretende garantizar la "profesionalidad, imparcialidad, responsabilidad y honestidad" de los trabajadores de la administración autonómica andaluza. Si finalmente sale adelante ese nuevo Gobierno en Andalucía, lo que está claro es que harán falta mucho más de cien días para, simplemente, saber si la ‘telaraña 4.0’ empieza a remitir o si se mantiene intacta.

Matacán

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