Venezuela, para exaltados españoles

Un golpe de Estado no se corrige con otro golpe de Estado y, por eso, en Venezuela se está intentando la vía política que es, precisamente, la que respalda Europa, con España a la cabeza

Foto: Simpatizantes del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, participan en una manifestación en apoyo al Gobierno. (EFE)
Simpatizantes del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, participan en una manifestación en apoyo al Gobierno. (EFE)

“Venezuela no es una dictadura al uso”, esa es la primera lección que debes aprender, querido exaltado español que te enervas con lo que está pasando porque no entiendes cómo es posible que Maduro siga aún en el poder. Bueno, quizá la primera lección no sea esta; antes debemos hacer una aclaración: crees que los de Podemos son los únicos exaltados, los únicos que mantienen posiciones extremas, pero no es cierto. Esos, los que consideran a Maduro un símbolo internacional de los derechos humanos y de lucha contra la pobreza, ya están localizados hace tiempo y, por fortuna, cada vez son menos porque ellos mismos se han convertido en caricatura, en patética caricatura de un paraíso utópico que nunca ha existido.

En la mejor de las versiones, el comunismo nunca se ha podido aplicar en ningún país, en ninguna época, como sostenía un viejo comunista andaluz que ni quería reconocer el fracaso de países como Cuba o la antigua Unión Soviética ni quería asumir como propia la cruda y mísera realidad de quienes han proclamado un Estado comunista y han conducido a sus pueblos a la pobreza y la represión política.

En la práctica, al margen de esa izquierda diletante y frívola —porque existe otra izquierda que no comulga con esos regímenes—, en democracias como la española no suele existir debate sobre el verdadero ser de Nicolás Maduro desde que, en mayo del pasado año, vulneró todos los controles democráticos, despreció la legalidad constitucional de Venezuela y se autoproclamó presidente tras unas elecciones amañadas que nadie ha reconocido. Pero eso ocurrió el año pasado, y el 5 de enero último, cuando Maduro convocó su investidura, la inmensa mayoría de las democracias le dieron la espalda y no acudieron a su proclamación.

Quiere decirse, por lo tanto, que no se puede considerar que Venezuela sea una dictadura desde que Hugo Chávez llegó al poder, por mucho que en la práctica se comportara con prácticas de régimen dictatorial. En 2013, por ejemplo, Nicolás Maduro ganó unas elecciones y el resultado estaba refrendado, entre otros, por observadores españoles, de todos los partidos políticos, también del Partido Popular y del PSOE, que envió a José Bono, expresidente del Congreso de los Diputados. “El ejercicio del voto y el secreto del mismo, en lo que hemos podido ver, ha estado garantizado”, dijeron los observadores españoles.

El origen democrático del régimen venezolano es importante para entender lo que ha venido después: Nicolás Maduro ha construido una ‘legalidad’ paralela que también está apoyada por decenas de miles de venezolanos. Cuando la oposición ganó la mayoría de la Asamblea Nacional en 2015, Maduro decidió sustituir todas las instituciones para crear otras nuevas. Como ya no le servían la Constitución ni la Asamblea Nacional, creó una Asamblea Nacional Constituyente y un Estado legal ‘supra constitucional’ amparados por el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral.

Cuando la oposición ganó la mayoría de la Asamblea Nacional, Maduro decidió sustituir todas las instituciones para crear otras nuevas

Un politólogo venezolano, Miguel Mónaco, doctor en Derecho y director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica de Caracas, lo explica así: “La complejidad radica en que la situación dejó de ser un problema legal para ser uno político, pues en Venezuela hay hoy dos sistemas jurídicos y dos grupos de instituciones que no se reconocen entre sí. Por un lado la Asamblea Nacional y la Constitución y, por otro lado, Maduro, con el Tribunal Supremo y la Asamblea Constituyente, que la hicieron ilegítimamente para suplir la Constitución. Eso quiere decir que no hay un tribunal que pueda resolver el problema, ni tampoco existe un artículo en la Constitución que regule la situación actual, solo se podrían aplicar algunos por analogía, pero no sería muy ortodoxo. Con lo cual, la solución tiene que ser política. De ahí la complejidad”.

Subrayemos esto último: “La solución tiene que ser política”. La paradoja de este momento, como decía acertadamente hace unos días 'The New York Times', es que Guaidó se “juramentó como presidente encargado legítimo de Venezuela, lo reconocieron como tal Estados Unidos y más de 20 países, pero sigue siendo un líder sin Estado”. Guaidó, por lo que se presume, tiene detrás de sí a la mayoría del pueblo venezolano, pero no cuenta con la burocracia, con los soldados y con los tribunales que, por ahora, se mantienen leales a Nicolás Maduro.

Guaidó tiene detrás de sí a la mayoría del pueblo venezolano, pero no cuenta con la burocracia, con los soldados y con los tribunales, leales a Maduro

“Tan cierto es lo anterior, y que Guaidó y la Asamblea Nacional lo entienden, que por eso es la propuesta de Ley de Amnistía para ofrecer una salida al bando de Maduro y acepten restituir el orden constitucional en Venezuela”. Quiere decirse, que lo que nadie quiere, lo que todo el mundo pretende evitar, es que la situación actual degenere en un enfrentamiento civil entre venezolanos, porque ya es terrible la veintena de muertos de los últimos días, ni tampoco que un país como Estados Unidos decida enviar sus tropas a Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, con las consecuencias imprevisibles que ello provocaría en todo el mundo.

En ese equilibrio tan complejo, el papel de España y de Europa ha sido prudente, no dubitativo: jamás se ha reconocido la validez de las elecciones últimas en las que se proclamó Nicolás Maduro presidente y, en cuanto se ‘juramentó’ Guaidó, se le ha ofrecido su respaldo para que restituya el orden constitucional. Con posterioridad, ha dado un plazo de ocho días a Maduro para que renuncie. ¿Eso es plagarse ante el régimen bolivariano? ¿Qué querían, mandar la Legión y que Trump enviase a los Marines?

No, a ver, Europa se podría haber sumado miméticamente al reconocimiento de Estados Unidos, pero nadie puede presuponer que ese hecho hubiera cambiado los acontecimientos. ¿Quién garantiza que, de haber sido así, hubiera provocado la salida 'ipso facto' de Maduro? Un golpe de Estado no se corrige con otro golpe de Estado y, por eso, en Venezuela se está intentando la vía política que es, precisamente, la que respalda Europa, con España a la cabeza. Así que todos vosotros, queridos exaltados que jaleáis en España "la cobardía" del presidente del Gobierno y de los demás líderes europeos, sería conveniente que os contuvieseis o, por lo menos, que respetéis el miedo de muchos venezolanos a una confrontación civil, su rechazo a una intervención militar extranjera y sus ansias de una transición pacífica, con la renuncia de Maduro y de todo su régimen corrupto. Respeto, exaltados, respeto.

Matacán

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