Una explicación del adelanto electoral

Quizás un ligero repaso cronológico pueda servir de ayuda para entender por qué ahora Pedro Sánchez quiere adelantar las elecciones

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero (i), conversa con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta, Carmen Calvo. (EFE)
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero (i), conversa con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta, Carmen Calvo. (EFE)

Las contradicciones constantes de Pedro Sánchez lo blindan de las interpretaciones sobre sus propios actos. Es curiosa esa ventaja que nace de un defecto, pero este presidente es así. ¿Por qué hace las cosas? No se sabe; podemos aplicar la lógica política, sumarle lo que van diciendo en su entorno y añadirle, incluso, sus propios actos y manifestaciones… Pero todo eso es insuficiente, no acaba de explicarlo todo.

Ahora, por ejemplo, ¿por qué ha decidido adelantar las elecciones generales para finales abril? La lógica política lo que indica es que convoca las elecciones forzado por su propio partido, el PSOE, que ha sido la presión de sus compañeros la que lo ha tumbado de la Moncloa finalmente, pero no es esa la justificación que se ofrece en el Partido Socialista ni en su entorno: ni siquiera es la interpretación que ya van difundiendo sus pocos socios de gobierno ni sus adversarios más furibundos. Y como, al respecto, el presidente Sánchez ha dejado afirmaciones y desmentidos por igual, tampoco es posible aclararse.

Por eso, quizás un ligero repaso cronológico pueda servir de ayuda; una explicación razonable a la decisión más inesperada, disolución inmediata de las Cortes Generales y una campaña electoral en plena Semana Santa.

Quienes afirman que Pedro Sánchez se comprometió en el Congreso, durante el debate de la moción de censura contra Rajoy, a un adelanto electoral inmediato, no recuerdan bien el equilibrio del presidente en todo momento para evitar pronunciar esas palabras. Es verdad que, previamente, los portavoces del PSOE, cuando anunciaron la iniciativa, afirmaron que “tras la moción de censura del PSOE contra Rajoy, las elecciones serían lo antes posible” (José Luis Abalos, secretario de Organización del PSOE), pero en cuanto se tuvo claro que sería elegido presidente, las prioridades cambiaron.

En un perfecto inglés, Pedro Sánchez dijo en las entrevistas a medios estadounidenses: “Sí, voy a estar aquí hasta 2020”

La constitución del Gobierno, ese ‘Gobierno de estrellas’, despejó rápidamente las intenciones del presidente Sánchez: pensaba resistir hasta el límite de la legislatura, en 2020. Y cada vez que le preguntaban por la moción de censura y la convocatoria de elecciones, lo que decía era que su compromiso en las Cortes fue el de alcanzar en España “estabilidad económica, política y social”. Lo dijo en agosto y lo volvió a repetir en septiembre, cuando asistió en Nueva York a la Asamblea de Naciones Unidas.

En un perfecto inglés, dijo en la entrevista a medios estadounidenses: “Sí, voy a estar aquí hasta 2020”. Añadió, incluso, una explicación: “Cuando leo algunos periódicos que dicen ‘debes convocar elecciones, porque el poder y la acción política del Gobierno van a sufrir’ y cosas así, digo: 'Quien sufre realmente es la oposición, no el Gobierno…”.

Pedro Sánchez, durante un momento de la entrevista.
Pedro Sánchez, durante un momento de la entrevista.

El discurso se mantuvo igual a medida que se acercaba la necesaria elaboración y presentación de los Presupuestos Generales del Estado y comenzaba a estar muy claro que no obtendrían el apoyo suficiente para salir adelante. Tanto que, en noviembre, el mensaje que trasladó la Moncloa fue que el Gobierno de Pedro Sánchez estaba dispuesto a agotar la legislatura con los Presupuestos prorrogados de Mariano Rajoy. “El Gobierno continuará con su agenda del cambio y aprobará reales decretos leyes para atender urgencias y necesidades sociales”, dijeron sin reparar en que el Ejecutivo tiene la obligación constitucional de presentar unos nuevos Presupuestos antes de prorrogar los anteriores, en el caso de que no sean aprobados.

Hace un mes, el 12 de enero, Pedro Sánchez fue más contundente aún en uno de los primeros actos preelectorales de Cataluña, la presentación del candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona: “Cuando Rivera y Casado dicen ‘elecciones ya’, que esperen sentados porque hasta 2020 vamos a gobernar los socialistas”. Quiere decirse que ya habían pasado las elecciones andaluzas y ya estaba muy nítido el frente de oposición que desembocó el pasado domingo en la concentración de Madrid y que unió a Partido Popular, Ciudadanos y Vox.

Con lo cual, si ahora cambia la estrategia, no es por el empuje de esa protesta, ni tan siquiera porque los socialistas hayan encontrado en esa foto, la ‘foto del trifachito’, como dicen despectivamente, un poderoso argumento electoral. La explicación oficial será esa, que ahora el PSOE ha conseguido armar un discurso sólido frente al centro derecha y frente a los independentistas, “porque ha quedado demostrado, con el rechazo de los Presupuestos, que no existía un pacto secreto para la autodeterminación”.

Pero todo eso ya estaba cuando Pedro Sánchez se reafirmaba en agotar la legislatura. Lo único que no había ocurrido fue el patético espectáculo de la semana del relator, que puso las aspiraciones electorales socialistas contra las cuerdas.

Si decidía convocar elecciones en otoño, después de las elecciones de mayo, se corría el peligro de un enorme descalabro de los candidatos socialistas

El esperpento de esa semana, el desgaste sufrido en las calles, el crédito arruinado por una inexplicable cesión a los independentistas, que no podía conducir a ninguna parte, ha estallado en lo más profundo del seno del PSOE y ha dinamitado la legislatura. Tras el ridículo del relator, ya no había ninguna salida aceptable: si decidía convocar elecciones en otoño próximo, después de las elecciones de mayo, se corría el peligro de tenerlo que hacer tras un enorme descalabro de los candidatos socialistas en ayuntamientos y comunidades autónomas. Y resistir hasta 2020 sería un disparate aún mayor.

En esas condiciones políticos, en los últimos cinco días ha debido llegar hasta la Moncloa el mensaje claro y reiterado de que los candidatos socialistas municipales y autonómicos no tienen por qué cargar con el desgaste de Pedro Sánchez y de su Gobierno, con lo cual la única posibilidad de que no se rebele el partido era la de convocar elecciones generales en abril y acudir a las urnas de mayo con la factura ya pagada.

De todas las opciones, esa era la menos mala. De aquí a finales de abril, todo el PSOE podrá exhibir a Pedro Sánchez como mártir de la ultraderecha y de los independentistas catalanes. Y luego de decirlo, muchos de ellos, candidatos a las alcaldías y a los gobiernos autonómicos, suspirarán de alivio profundamente.

Matacán
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