Rivera se desnuda de nuevo

El inexplicable veto a pactar con el PSOE coloca a Ciudadanos junto a todos los demás en España, en ese sectarismo de bloques que solo tiene como premisa el rechazo del distinto

Foto: El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Otra vez, como en aquel cartel con el que se lanzó a la política, Albert Rivera se ha quedado desnudo, como si volviera a la casilla de salida para, ideológicamente, empezar de nuevo. La desnudez de entonces, cuando se dieron a conocer en noviembre de 2006, era virginal en el mejor sentido de la palabra, un partido nuevo, sin ataduras ideológicas, dispuesto a mirar solo el interés de los españoles, sin los vicios adquiridos por los partidos políticos tradicionales de España.

Y para eso, Ciudadanos se colocaba en el centro político, en la mejor tradición del centro político que en España siempre ha sido un imposible por el sectarismo que existe en este país. O conmigo o contra mí, pero jamás juntos, por eso la sola mención de una gran coalición, que aúne a izquierdas y a derechas en un Gobierno, es motivo de escándalo en España; no existe interés nacional, ni emergencia nacional, que justifique la unión de los distintos.

Ciudadanos se presentó ante los españoles desnudo de prejuicios, dispuesto a pactar con unos y con otros, y eso es lo que se ha acabado: la prohibición expresa de pactar con el PSOE tras las próximas elecciones aleja a Ciudadanos de sus principios y de su origen. Probablemente, un grave error estratégico porque ellos mismos se limitan.

Decía Antonio Machado, a través de su Juan de Mairena, que en España había una inclinación especial por “tomar partido” por las cosas, pero en el sentido anterior de inscribirse en un sector, blanco o negro. El problema, añadía, es que cuando se toma partido de esa forma tan radical no solo se renuncia a atender las razones del adversario, sino que también se renuncia a las propias razones porque se reniega del diálogo, del entendimiento y, en fin, de la propia razón humana. Quiere decirse que lo único que tendría que estar prohibido en política es eso de los ‘cordones sanitarios’, la negación previa e incondicional de cualquier entendimiento y de todo acercamiento.

Rivera se desnuda de nuevo

Que sea precisamente Ciudadanos el partido político que ha aprobado por unanimidad —nada menos que por unanimidad— un ‘cordón sanitario’ es, por sí misma, una decisión que los apea del centro político desacomplejado de sectarismo en el que decían estar. Eso de que, ocurra lo que ocurra en las elecciones generales del 28 de abril, “no va a pactar con el PSOE y con Pedro Sánchez” es un veto previo decepcionante en este partido y una mala noticia para España, porque lo único seguro de las próximas elecciones generales es que el Congreso de los Diputados va a estar tan fraccionado que va a necesitar de diálogo y de acuerdos si no se quiere conducir la democracia española al desgobierno y la parálisis institucional.

Más grave aún es esta decisión si reparamos en que, además, se hace en nombre de la Constitución, de los constitucionalistas, porque al Gobierno de Pedro Sánchez se le puede reprochar cualquier cosa, ingenuidad, debilidad y hasta el ridículo del ‘relator’, pero nadie puede acusarlo de haber incumplido la Constitución y de haber pactado con los independentistas catalanes. Por mucho que se repita esa mentira en esta época de credibilidad de lo falso, no deja de ser mentira.

Su objetivo es repetir en la Moncloa la coalición de gobierno que han suscrito en Andalucía con el Partido Popular y con la nueva extrema derecha

Para Ciudadanos, que en su declaración de principios se declara “un partido liberal progresista, demócrata y constitucionalista”, supone, además, la renuncia 'de facto' del centro izquierda, a pesar de que tiene sus raíces electorales hundidas ahí. ¿Cuántos votantes tiene Ciudadanos procedentes del PSOE? Sin embargo, ahora ni siquiera son capaces de decir de Vox lo mismo que dicen del PSOE, porque su único objetivo es repetir en la Moncloa la coalición de gobierno que han suscrito en Andalucía con el Partido Popular y con la nueva extrema derecha.

El probable error estratégico del que se hablaba antes se deriva, precisamente, de esa autolimitación cuando concede a Vox más simpatías políticas que al Partido Socialista. Debe ser difícil de entender para los votantes progresistas de Ciudadanos que sus líderes consideren más conveniente llegar a acuerdos con un partido “ultraconservador”, como lo define Rivera, que con el PSOE, que ha pasado a ser el único partido con ‘cuernos y rabo’. Si para el acuerdo del pacto andaluz los líderes de Vox elaboraron un documento radical, que incluía medidas como la derogación de la Ley de Violencia de Género y la deportación de inmigrantes, que se vaya preparando el líder de Ciudadanos para lo que va a exigirles cuando se sienten a negociar el Gobierno de la nación.

Es verdad que si algo tenemos aprendido los españoles, es que las promesas y los compromisos de las campañas electorales se olvidan, con el mayor desparpajo, en el mismo instante en el que se cierran las urnas. Ciudadanos, de hecho, sin llegar a la contundencia de ahora, ya dijo en las elecciones generales de diciembre de 2015, que no pensaba pactar ni con Mariano Rajoy ni con Pedro Sánchez, “nada de nada, más claro el agua”, pero luego acabó apoyándolos a los dos, al líder socialista en el debate de investidura fallido y a Mariano Rajoy, tras las elecciones que vinieron inmediatamente después.

En ocasiones, cuando a Albert Rivera le ha comentado esta circunstancia, se ha defendido diciendo que esa era la prueba del “sello naranja”, el único partido político que era capaz de entenderse con la derecha y con la izquierda, con el PP y con el PSOE, porque su único objetivo era el progreso y la estabilidad de España. “Estoy orgulloso de haber llegado a acuerdos con quienes piensan distinto, PP y PSOE. Hay que sentarse con los que no piensan igual que uno para arrancar compromisos y reformas. Hemos demostrado que en el centro está la virtud”, como dijo Albert Rivera en el Congreso, durante la última investidura de Rajoy.

El inexplicable veto a pactar con el PSOE rompe esa trayectoria y coloca a Ciudadanos junto a todos los demás en España, en ese sectarismo de bloques que solo tiene como premisa el rechazo del distinto. Pensándolo bien, igual es ahora cuando Ciudadanos se ha quedado desnudo.

Matacán

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