3-M: Hay que matar a Bambi
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Javier Caraballo

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3-M: Hay que matar a Bambi

Ya no basta con que se llame ‘matador’ a un torero, y mira que está clara la denominación; pues no es suficiente, hay que considerarlo un criminal

Foto: Foto: iStock.
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La verdadera pena de que Walt Disney no esté criogenizado, como todavía sigue repitiendo la leyenda urbana, es que no podrá ‘despertarse’ un día y contemplar la enorme repercusión de su obra en el mundo actual, un impacto mucho mayor que el de cualquier otro movimiento filosófico o religioso del último siglo. La cultura Disney ha cambiado de forma tan radical la relación del hombre con el mundo animal, que lo que acabará cuestionándose es la propia denominación ‘animal’, que pronto estará desprestigiada por considerarse peyorativa, ofensiva.

Ya ha habido sentencias judiciales -hace dos años, en Argentina, por ejemplo- que han calificado a un chimpancé como una “persona no humana” y hubo un juez que le concedió el derecho de ‘habeas corpus’ a un mono tras una denuncia por detención ilegal. Disney creó un mundo en el que los ratoncitos hablaban y sufrían, los monos se divertían y cantaban, los tigres eran leales compañeros de los niños y los ciervos lloraban y se emocionaban y, al cabo de muchas generaciones, la sociedad asume, inconscientemente, que también los animales tienen los sentimientos y los valores de los hombres. Con lo cual, son merecedores de los mismos derechos que los seres humanos y, en consecuencia, deben estar protegidos por las mismas leyes. Incluso se piensa que los animales necesitan de una especial protección, porque se les considera más indefensos que los propios seres humanos; en la actualidad, la imagen de un gatito merodeando un contenedor de basura se convierte en viral en las redes sociales y provoca una gran empatía, mientras que esa misma situación protagonizada por un vagabundo puede generar, incluso, una cierta repulsión.

Vídeo de Alianza por el medio rural para convocar a la manifestación del 3-M.

La consecuencia mayor de esta nueva ‘ideología’, la ideología Disney, es que de la misma forma que tiene unos beneficiarios, los animales, se señalan unos culpables: todos aquellos cuya relación con los animales trasciende el concepto mascota; es decir, todos aquellos que sigan considerando a los animales como animales en vez de compañeros de los seres humanos en igualdad de trato y de derechos. La mera existencia de un Partido Animalista, seguido por cientos de miles de personas, nos puede dar una idea de la dimensión del fenómeno porque sería impensable, como el gatito del contenedor, imaginar un movimiento similar en defensa de algún colectivo marginal de seres humanos. En función de esa ideología, una granja de pollos o de cerdos, por ejemplo, se contempla como un campo de concentración en el que se somete a los animales a “ejecuciones en función de sexo o gestaciones continuadas”, como reza el argumentario del Partido Animalista. En las últimas elecciones andaluzas, Podemos llegó a incluir en su programa la regulación laboral de los animales: “el tiempo de trabajo de los animales no superará las ocho horas diarias, dentro de las cuales dispondrán de intervalos de descanso”.

Es tan grande el despropósito, tan alucinógena la desorientación, que para la ‘filosofía Disney’ ya no existe diferencias entre el maltratador y el ganadero, entre el asesino en serie y el cazador. Ya no basta con que se llame ‘matador’ a un torero, y mira que está clara la denominación; pues no es suficiente, hay que considerarlo un criminal. Y entre todos ellos, ganaderos, agricultores, cazadores, pescadores y taurinos, se conforma un ‘ejercito del mal’ que somete a diario en España “a millones de víctimas sin voz”. La sentencia que lo resume todo la dictó a finales del año pasado un juez de Missouri, en Estados Unidos, que condenó a un cazador furtivo de ciervos a un año de cárcel y a ver Bambi, la película de Disney, una vez al mes. La finalidad resocializadora de toda pena judicial conduce al delincuente a asumir como bien colectivo que los animales del bosque tienen sentimientos y emociones, pensamientos y amores, como los de los dibujos animados. En consecuencia, se devalúa el propio concepto de ‘persona’, “individuo de la especie humana”, y los delitos que se puedan cometer contra ellas se equiparan a los animales.

Era de esperar que, en algún momento, explotaran todos aquellos a los que, de repente, se les ha empezado a considerar unos nuevos apestados

Pero, ¿por qué tiene que sentirse un explotador laboral un ganadero que sólo persigue aumentar la producción de leche y de carne? ¿Por qué tiene que considerarse un asesino en serie un cazador de perdices o de conejos? ¿Por qué tiene que soportar un taurino que se le trate como un despiadado psicópata? Como la política se rige por la ‘ley del péndulo’, era de esperar que, en algún momento, explotaran todos aquellos a los que, de repente, se les ha empezado a considerar unos nuevos apestados sociales para que los partidos políticos comenzaran a incluirlos entre sus reivindicaciones. Los de Vox fueron los primeros en prestarle atención a todos ellos y, a partir de entonces, el fenómeno se ha extendido a otros partidos, fundamentalmente el Partido Popular y el PSOE.

“La caza nunca ha sido de derechas; eso es un topicazo, pura demagogia”, le dijo a El Confidencial Guillermo Fernández Vara, el presidente socialista de Extremadura, temeroso de que los votantes del PSOE en esta comunidad, donde la caza está tan arraigada socialmente, comenzaran a sentirse desprotegidos o insultados por sus propios dirigentes.

“Debemos unirnos porque somos muchos millones de personas afectados y queremos que se nos respete», asegura Abraham Corpa, presidente de la Plataforma en Defensa de la Caza con Galgo, una de las asociaciones que han promovido una manifestación ‘Por el respeto al mundo rural y a sus tradiciones’, que esperan que sea multitudinaria, para el próximo domingo 3 de marzo en Madrid. “Somos muchos cazadores, pescadores, ecologistas, seteros, huroneros, agricultores, aficionados y profesionales del mundo del toro, de la ganadería… los que le vamos a decir a los partidos que aspiran a formar el próximo gobierno que exigimos respeto”, sostiene Corpa. La idea de la protesta comenzó a gestarse en septiembre del año pasado pero la convulsión de la política española, con la inesperada convocatoria anticipada de las elecciones generales para el 28 de abril, la ha situado en el inicio mismo de la precampaña electoral. Piden respeto. Pero habrá quien diga que las elecciones arrancan con los asesinos de Bambi recorriendo el Paseo de la Castellana.

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