Las paradojas de Casado

Sus rivales del centro derecha, Ciudadanos y Vox, han convertido en victoria la debacle electoral del PP; el peor resultado electoral, en la constatación de una mejora

Foto: Pablo Casado, a su llegada a la rueda de prensa posterior a la reunión del comité ejecutivo nacional. (EFE)
Pablo Casado, a su llegada a la rueda de prensa posterior a la reunión del comité ejecutivo nacional. (EFE)

La política hace extraños compañeros de cama y convierte en aliados los intereses más dispares. A Pablo Casado lo han salvado sus rivales del centro derecha y su esperanza ahora es que le ocurra lo mismo que a su principal adversario en la izquierda. Esa es la paradoja, que quienes quieren ahogarte sean quienes te faciliten el salvavidas. Solo había que verle la cara la otra noche, que le faltó saltar, como hacía Mariano Rajoy en el balcón cuando ganaba elecciones.

Sus rivales del centro derecha, Ciudadanos y Vox, han convertido en victoria la debacle electoral del PP; el peor resultado electoral, en la constatación de una mejora: eso es lo que ya tendremos que empezar a denominar como el ‘milagro andaluz’, porque la ‘vía andaluza’ es una consecuencia de lo primero y no siempre tiene por qué formalizarse.

Esos son los compañeros de cama, pero más interesante aún es constatar que lo único a lo que aspira en estos momentos Pablo Casado es a parecerse a Pedro Sánchez en un futuro próximo y que, como el líder socialista, lleguen otra vez unas elecciones en las que el Partido Popular consiga un liderazgo nítido del centro derecha, tal y como le ha pasado al PSOE con Podemos. La ‘conjura del sorpaso’, podría decirse; los aliados de intereses dispares que sueñan con una España en la que el bipartidismo sin sobresaltos recupere la rutina de la alternancia.

En cierta forma, el regreso del bipartidismo ya ha comenzado a instalarse y, aunque la ciencia política es siempre imprecisa, resbaladiza, lo normal será que en futuras elecciones la tendencia sea acumulativa, como dirían los teóricos de la estadística. No debe resultarnos baladí que en estas elecciones europeas el PSOE haya triplicado en votos a Podemos y que el Partido Popular casi duplique a Ciudadanos. Uno y otro, tanto Ciudadanos como Podemos, han desaprovechado el mejor momento político para arrebatar el liderazgo a sus rivales más directos en la izquierda y en el centro derecha, y esos trenes, como en la vida, no suelen pasar dos veces.

Uno y otro, tanto Ciudadanos como Podemos, han desaprovechado el mejor momento político para arrebatar el liderazgo a sus rivales más directos

Si en el peor momento del PSOE, con la marca deteriorada por la corrupción y sus líderes enfrentados en una lucha fratricida, Podemos no ha logrado superarlo en las urnas, no parece que pueda conseguirlo a partir de ahora, cuando los socialistas, con la excepción de la Junta de Andalucía, han renacido con algunas mayorías absolutas que se parecen a las de los años ochenta. Por cierto, dicho sea de paso: las mayorías absolutas del PSOE en Extremadura y Castilla-La Mancha suponen una delicada comparación para Susana Díaz porque cuestionan, aún más, sus verdaderas cualidades como líder política.

Lo mismo podría decirse del PP: desalojado del poder como un ‘apestado’ por la corrupción, con un liderazgo cuestionado y unas bases desmotivadas, ha seguido manteniendo el liderazgo en el centro derecha. De la misma forma que siempre ha sido absurdo afirmar que “se han acabado los tiempos de las mayorías absolutas”, se puede desmentir ahora que la fragmentación del mapa parlamentario vaya a permanecer por siempre así, troceada en cuatro o cinco opciones políticas. De hecho, si alguna experiencia tenemos adquirida en estos años de democracia es que, en España, el electorado suele castigar siempre en las urnas al partido que se integra en un Gobierno de coalición que preside el líder de sus rivales. La rentabilidad electoral de una coalición siempre suele recaer en el partido que preside ese Gobierno.

Cuando se inauguró en diciembre pasado este ciclo electoral que ahora acaba de cerrarse, apuntamos aquí que la novedad más importante de la política española era que, por primera vez en la historia de la democracia, la derecha tiene más opciones que la izquierda para formar coaliciones. La llegada de Vox y la consolidación de Ciudadanos permiten mayorías en el centro derecha que hasta ahora no podían conformarse, basculando sobre el Partido Popular como opción política intermedia entre las dos anteriores. La cuestión está en que, de esos tres partidos, Ciudadanos es el que tiene la ecuación más difícil de resolver.

¿Debe mantenerse con su estrategia de los ‘cordones sanitarios’ o, por el contrario, tiene que moderarse de nuevo y abrirse otra vez a alianzas con el PSOE en distintos ayuntamientos y comunidades autónomas?

La respuesta no es fácil, porque lo que se puede constatar en ese partido es que su mayor crecimiento ha venido dado cuando ha girado su discurso hacia la derecha, con ataques constantes a Pedro Sánchez. Si todavía mantiene, como es lógico, la esperanza del sorpaso al Partido Popular, no puede regresar otra vez a un discurso netamente de centro que, como está comprobado, no suele tener mercado en el panorama español de banderías. En cierta forma, las paradojas que reconfortan a Pablo Casado son ahora las que más deben inquietar a Albert Rivera.

Matacán
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