Don Juan Carlos, en el basurero

Cuando un hombre como el rey Juan Carlos se retira de la vida pública, muy pocos son capaces de ponerse en pie y aplaudir la obra inmensa que deja tras de sí

Foto: Felipe VI y don Juan Carlos. (EFE)
Felipe VI y don Juan Carlos. (EFE)

Nadie que conozca España, a los españoles, se habrá extrañado de que haya tantos que intenten tirar al rey Juan Carlos al basurero, sobre todo ahora que se ha jubilado, jubilación sobre abdicación. Basura de programas de televisión que recogen la noticia en sus espacios reservados a que dos famosos se despedacen en público o a que un amante despechado cuente los secretos de cama de una famosa. Basura en las redes sociales, siempre en competencia entre imbéciles por ver quién lanza más lejos el disparate. Y basura de silencios, que es la peor, cuando un hombre como don Juan Carlos se retira de la vida pública y muy pocos son capaces de ponerse en pie y aplaudir la obra inmensa que deja tras de sí: un hito trascendental en la historia de España; una transición modélica y única en las democracias en todo el mundo.

Uno de los pocos que no se han callado, Alfonso Guerra, es quien ha dicho que es muy ingrato querer mandar a don Juan Carlos al basurero por la foto con un elefante. Que lo diga Guerra tiene un gran valor, más allá de las palabras, porque él fue uno de los muchos diputados socialistas que recibieron al rey Juan Carlos en las Cortes en 1977 con un gesto de reprobación, negándose a aplaudir, y también porque sigue diciendo hoy que no se ha hecho monárquico y que considera que la república siempre será más representativa que una Corona, que se hereda.

Don Juan Carlos fue designado sucesor por Franco y los socialistas siempre han defendido la república, pues claro, quién lo niega, pero solo un necio es capaz de confundirlo con lo que de verdad ocurrió a partir de ahí. La realidad, lo que ocurrió, lo que hizo que los diputados socialistas, como millones de españoles, acabaran aplaudiendo a don Juan Carlos, fue la constatación de que aquel que fue designado sucesor por el dictador cumplió escrupulosamente con su palabra de enterrar la dictadura en cuanto tuvo en sus manos el poder para hacerlo.

En dos ocasiones, los españoles, con mayorías que superaban el 90%, respaldaron ese modelo de Transición y ese modelo de Estado

Y en ese trance de una complejidad infinita, la monarquía parlamentaria como modelo de Estado era el engarce perfecto, único, para que España consiguiera la democracia que anhelaba sin que hubiese un nuevo derramamiento de sangre entre españoles. En dos ocasiones, en dos referéndums, los españoles, con mayorías abrumadoras que superaban el 90%, respaldaron ese modelo de Transición y ese modelo de Estado que, habrá que decirlo una vez más, en la actualidad se valora y se admira más fuera de España que dentro.

Cuando se ataca a don Juan Carlos, al igual que cuando se hace con Felipe VI, lo que se pretende no es exactamente avanzar hacia un sistema más democrático sino demoler el que ya tenemos: detrás de la Corona, se viene abajo el resto de la Constitución y no parece probable que vuelva a encarnarse en España el insólito milagro del acuerdo y del consenso que se necesita para aprobar una reforma así, que nos lleve de la monarquía hacia la república sin que, por el camino, se rompa el cesto. En el siglo que vivimos, las monarquías parlamentarias, antes que considerarlas instituciones anacrónicas en una sociedad democrática, hay que mirarlas, como el caso español, como una institución que se engarza con la historia milenaria de este país y como el sistema elegido mayoritariamente por los españoles para vivir en una democracia plena.

Es como pretender que la relación de don Juan Carlos con Corinna sea más relevante que la que tuvo con Torcuato Fernández Miranda

Ese fue el éxito de don Juan Carlos, y por eso, ahora que se ha jubilado, no tiene que haber silencio, sino reconocimiento y admiración. Eso, por encima de los errores cometidos que, en la historia, en lo que de verdad le importará a la historia, no tendrán más trascendencia que un párrafo en el que se hable de los motivos del final de un reinado. Es como pretender que la relación de don Juan Carlos con Corinna sea más relevante que la que tuvo con Torcuato Fernández Miranda.

Pocos reyes han hecho tanto por su pueblo, pocos reyes lo han llevado hasta la democracia”, se dice al principio de un documental biográfico grabado hace más de tres años, 'Yo, Juan Carlos, rey de España', y que, de forma inexplicable, permanece inédito o mejor, ‘censurado’— en nuestro país, a pesar de que se trata de una coproducción de France 3 y TVE. Entre las explicaciones y razones que, según el director del documental, Miguel Courtois, se han ido dando a lo largo del tiempo, hay algunas tan variopintas como que el testimonio “carece de interés porque Juan Carlos ya no es jefe de Estado” o que lo estaba vetando el Gobierno del PP porque no salían dirigentes de este partido…

Como ha pasado el tiempo, y desde hace más de un año gobierna el PSOE, el propio director es el que sostiene que el veto no procede del Gobierno sino de la propia Casa Real, por parte de Felipe VI. De la misma forma que se ha eludido o escatimado la presencia de don Juan Carlos en algunos actos institucionales desde su abdicación, se evita la difusión del reportaje… Se entiende poco y mal porque, de hecho, el documental se puede ver en YouTube y no contiene nada que pueda considerarse escandaloso, sino todo lo contrario: un resumen histórico y emocional de 39 años de reinado que se pretenden olvidar.

Dice don Juan Carlos en esa grabación que una de las cosas de las que se arrepiente es no haberle dado más importancia institucional al acto en el que su padre, don Juan, en mayo de 1977, apartó definitivamente todos sus recelos, renunció públicamente a sus derechos dinásticos y se cuadró ante su hijo, al que ya siempre le llamaría “majestad”. Seguro que Felipe VI, que conoce bien la historia, sabe que él no puede caer en los mismos errores en este momento delicado de la Corona en el que muchos quieren ver a su padre en el basurero.

Matacán
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