Cataluña y los carniceros de España

¿Sucedió realmente lo que piensan los independentistas catalanes, lo que enseñarán a sus hijos, lo que escribirán en sus libros de historia? No, claro que no

Foto: Manifestaciones en Barcelona contra el juicio del 'procés'. (EFE)
Manifestaciones en Barcelona contra el juicio del 'procés'. (EFE)

Los niños catalanes de la próxima generación sabrán que su pueblo fue masacrado, cruelmente arrasado, un domingo de octubre, cuando se habían reunido las familias y los amigos para votar por su libertad. Estaban de fiesta, todo eran risas y felicidad, compañerismo e ilusión, cuando apareció en el horizonte un ejército de policías y de guardias civiles, pisando fuerte al raso, como las legiones romanas, y, sin mediar palabra alguna, arremetieron brutalmente contra aquella gente pacífica y festiva, los apalearon, los golpearon y, cuando caían al suelo, seguían pateándolos en la cabeza, en la espalda, en los testículos, en la barriga; gritos, aullidos, terror y espanto.

Los niños catalanes escucharán estas historias y sabrán que aquel día los carniceros de España no dejaron a ningún catalán sin golpear, solo porque salieron de fiesta a votar por su libertad. Joan Pau Salvadó, uno de los testigos de las defensas, que acudió a declarar en el juicio del ‘procés’, describió hasta emocionarse la escena trágica que vivió ese día: “Los policías llegaron en formación, formación militar, y tal como llegaban nos golpeaban en la barriga, en el hígado, en las partes bajas, y a los más altos, cuando bajaban de dolor, les abrían la cabeza… Recuerdo perfectamente el ruido de las porras cuando abrían las cabezas. Vi a amigos, a familiares, a conocidos, y vi a los carniceros del pueblo”.

El balance de heridos no existe en Europa desde la II Guerra Mundial

Mucho antes que ese testigo, que era una voz más del independentismo catalán, algunos dirigentes habían dicho que lo sucedido el 1 de octubre de 2017, cuando se convocó el referéndum ilegal de Cataluña, fue la mayor masacre civil ocurrida en el continente desde la noche de los cuchillos largos de la Alemania nazi. "El balance de heridos no existe en Europa desde la II Guerra Mundial”, como dijo Jordi Sànchez, uno de los líderes de la revuelta que ahora están procesados. Pero ¿fue así? ¿Sucedió realmente lo que piensan los independentistas catalanes, lo que enseñarán a sus hijos, lo que escribirán en sus libros de historia? No, claro que no, pero es muy probable que nada de eso les importe.

No es así, y ni siquiera repararán en que hay algo que no cuadra: que si aquel día nefasto los independentistas se hubieran enfrentado a un ejército de despiadados carniceros que rompían las cabezas con las porras, y sonaban como sandías al abrirlas, como creía recordar aquel testigo, el parte médico de las víctimas no sería el que se produjo. Cuatro heridos, dos leves y dos graves, uno de ellos por un infarto y el otro por el impacto de una pelota de goma en el ojo. Ni uno más. Todos los demás, hasta 800, que ese día fueron atendidos por servicios médicos, tenían, según acabó informando la propia Generalitat, “mareos, contusiones o crisis de ansiedad”. La misma gravedad que la de más de 400 policías y guardias civiles, que también fueron atendidos por contusiones y heridas leves por patadas, arañazos y golpes. La diferencia es que las fuerzas de Seguridad del Estado no comparan lo ocurrido con ninguna guerra, sino con el balance de cualquier manifestación por una protesta laboral.

El cinismo de contemplar cómo los protagonistas de aquel ataque a la legalidad se presentan ahora como mártires de la libertad que traicionaron

En su informe final en el juicio del 'procés', el fiscal Javier Zaragoza aseguró que la versión que se ha construido sobre lo ocurrido en Cataluña en el otoño de la revuelta ha sido un “ejercicio de cinismo sin precedentes: se ha inventado el concepto de violencia pacífica”. El cinismo de contemplar cómo los protagonistas de aquel ataque a la legalidad, a la Constitución que nos hemos dado, se presentan ahora como mártires de la libertad que traicionaron. Por eso dijo Andrés Trapiello, en El Confidencial, que al lado de los independentistas procesados, “Tejero, Armada y Milans del Bosch parecen hombres de honor porque reconocieron su fracaso y aceptaron las penas impuestas”. De haber sido ellos, los golpistas del 23-F se hubieran quejado del trato recibido por Gutiérrez Mellado, cuando se encaró al entrar en el Congreso. Y hubieran presentado la escena de los guardias civiles saliendo por las ventanas como un gesto heroico de desobediencia pacífica.

Que no, que fue un golpe de Estado de acuerdo a la denominación clásica de Hans Kelsen, también citado por el fiscal Zaragoza: “El golpe de Estado es toda modificación no legítima de la Constitución, es decir, no efectuada conforme a las disposiciones constitucionales, o su remplazo por otra”. ¿Que no prosperó?, como dicen las defensas. ¿Qué no quedó en nada? Tampoco el golpe de Estado de Tejero prosperó, fracasó, pero eso no les evitó, ni nadie cuestionó, que fuesen procesados por golpistas, por un intento frustrado de golpe de Estado. Esto de ahora es igual.

La deslealtad del nacionalismo catalán es histórica. Y sin necesidad de remontarse más allá, las dos últimas veces que se les ha tendido la mano han acabado apuñalándola. Primero con la República, el 6 de octubre de 1934, y posteriormente con la democracia española, en septiembre y octubre de 2017. La prueba más flagrante de que hubo golpe de Estado contra la Constitución es la misma aplicación del artículo 155, redactado expresamente para aquella comunidad autónoma que “no cumpliere las obligaciones de la Constitución”.

Y fue el mismo Tribunal Supremo el que validó la aplicación de ese artículo en Cataluña, cuando recurrieron desde el Parlament. “La gravedad extraordinaria de lo sucedido no parece necesitar de más explicación”, dijo entonces en su sentencia el Tribunal Supremo. Ahora que se acaba el juicio por la revuelta independentista, solo cabe esperar, y acatar, la sentencia futura con la determinación de que, sea cual sea, no puede modificar la realidad, los hechos probados y sucedidos. Por eso es tan necesario que, por lo menos en esta ocasión, no impongan una versión nuevamente deformada, eso que algunos llaman ‘el relato’ y que, en el colmo del disparate y la manipulación, han llegado a denominar como el de ‘los carniceros de España’ contra el pacífico catalanismo.

Matacán
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