Pedro Sánchez, ¿y gobernar, pa cuándo?

Igual no ha reparado en que el poder no es un objetivo en sí mismo, que algún día tendrá que gobernar, que consiste en algo distinto a las florituras y a la propaganda constante

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Pedro Sánchez tiene demostrado que es un buen estratega de sí mismo; tan bien le han salido las cosas personalmente, que se le ha olvidado que tiene que gobernar. Está para cantarle eso de Jennifer López, “nunca habías sentido algo tan grande, ya lo tienes todo, pero ¿y gobernar pa cuándo?”. España entera conoce su osadía, su riesgo al límite en las jugadas políticas, su persistencia y la obstinación en objetivos que parecían imposibles. Tantos obstáculos ha superado, tantas adversidades ha remontado, que el líder socialista hasta se ha dotado de una fama extendida de ser el más inteligente, el que mejor sabe interpretar la política en España para derrotar a sus rivales.

Bien, vale, todo eso ya lo tiene demostrado, pero igual no ha reparado en que el poder no es, no debería ser, un objetivo en sí mismo, que algún día tendrá que gobernar, que consiste en algo distinto a las florituras y a la propaganda constante. En el PSOE alguien debió inculcar un día a sus cuadros que “con la gestión no se ganan elecciones” (la expresión la utilizaba Susana Díaz, expresidenta de la Junta de Andalucía), pero el beneficio del poder para un partido constituye una estafa para la sociedad.

Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno de la forma conocida por todos, gracias a la única moción de censura que ha prosperado en España y, aunque dijo que su intención era la de convocar elecciones en cuanto se estabilizara la situación política, ha utilizado ocho meses y medio para resucitar a su partido, que venía de obtener en el Congreso el peor resultado de su historia: 84 diputados. Incumplió su palabra de convocar elecciones a la mayor brevedad posible, pero hasta eso, pasado el tiempo, se le podría disculpar porque es ahora cuando el descaro en esa forma de ocupar el poder se vuelve inadmisible.

Desde febrero pasado, que convocó elecciones, han pasado cinco meses y no parece que Pedro Sánchez, tal y como se le ve estos días, esté preocupado por esa parálisis. Si les sumamos los siete meses anteriores que utilizó de escaparate, sin posibilidades de gobernar, podríamos llegar a la conclusión de que, en realidad, Pedro Sánchez ha decidido instalarse en la interinidad porque le va bien. Está cómodo y le es rentable. Se ha convencido de que en el poder y sin gobernar, son sus adversarios los que se desgastan, con lo que se limita a esperar que pasen los días. Insisto: solo hay que verlo estos días, desde que ganó las elecciones. ¿Alguien ha visto en él un gesto de preocupación por la parálisis y el desgobierno? Más bien parece que Pedro Sánchez se ha colocado en otro plano, como el Rey, y está a la espera de que los grupos parlamentarios de la oposición le encarguen formar Gobierno.

Sánchez ha decidido instalarse en la interinidad porque le va bien. Se ha convencido de que sin gobernar, son sus adversarios los que se desgastan

Mientras tanto, ¿qué está sucediendo en nuestro país? Esa misma pregunta, palabra por palabra, figura en el informe que Cáritas acaba de hacer público de la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada. Y la respuesta es que España, tras la crisis económica, se ha estancado en la precariedad y no hay nada que nos haga confiar en un futuro distinto a medio plazo. El cambio social es tan brutal que, en la actualidad, ni siquiera tener un puesto de trabajo es una garantía de estabilidad personal y, mucho menos, familiar. Hasta ahora, hasta la crisis que lo ha devastado todo, tener un empleo salvaba a una persona de la pobreza y de la exclusión en España, en la consideración estadística de esos términos, pero eso ya no es así.

Más de seis millones de personas, según ese informe, tienen un puesto de trabajo pero viven en el alambre cada día porque cualquier incidencia económica, por pequeña que sea, que se salga de la rutina, los conduce directamente a la angustia de no llegar a fin de mes. Hemos salido de la crisis pero “las condiciones de vida hoy son peores que las de hace 10 años; la situación mejora respecto a 2013, pero no alcanza los estándares de 2007”. Luego están los otros, los excluidos desde hace años, ocho millones y medio de españoles para quienes “el ascensor de la movilidad social no funciona y no es capaz de subir siquiera a la primera planta”, afirma el informe.

Cuando finalizó la pasada legislatura, se hicieron las cuentas de la actividad parlamentaria y se llegó a la conclusión de que había sido la legislatura más estéril. Solo 90 leyes, la mayoría decretos leyes, y 280 proyectos que van a la papelera en cuanto se cerró el último periodo de sesiones. En lo que afecta a los 258 días que estuvo Pedro Sánchez como presidente, solo podría mencionarse una medida que afecta, aunque mínimamente, a la dramática realidad que se describe, la subida del salario mínimo interprofesional de 735,90 a 900 euros.

Los proyectos políticos en los que el Gobierno ha empleado más tiempo, los que han consumido más tiempo de debates, son otros, muy distintos, que nada tienen que ver con la calidad de vida de los españoles. La frustrada exhumación de Franco del Valle de los Caídos es, quizás, el mejor ejemplo de aquello que no debería figurar como la actividad central de un Gobierno de España ante la realidad social a la que se enfrenta. Así que, una vez más, habrá que repetirlo, que han pasado ya cinco meses desde que se convocaron las elecciones y no parece que quien tiene la obligación de formar Gobierno sienta la urgencia de gobernar que exige la crítica realidad social española. Esa flema, esa impasibilidad, esa entrega constante al tacticismo, ya comienza a irritar. Pedro Sánchez, ¿y gobernar, pa cuándo?

Matacán
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