Quim Torra, inútil 2019

Quim Torra, presidente de la Generalitat de Cataluña, es inútil no porque sea independentista, que no viene al caso, sino por su gestión

Foto: Quim Torra. (Raúl Arias)
Quim Torra. (Raúl Arias)

Hay muchas formas de robar cuando se está en política y no todas consisten en meter la mano en la caja y llevarse el dinero al bolsillo. Éticamente, también debería considerarse una forma de robo cuando se mete la mano en la caja y el dinero no se destina a los servicios públicos sino a los intereses políticos particulares, tan viciados, tan ajenos a las necesidades de los ciudadanos, de los contribuyentes.

Quim Torra, presidente de la Generalitat de Cataluña, es inútil, no porque sea independentista, que no viene al caso, sino por su gestión. Cada año, en cuanto se acaba el periodo de pago de la declaración de la renta, es costumbre aquí señalar a un servidor público que vive a costa de nuestro dinero sin ofrecer nada a cambio. Por la cara. Por eso hay que señalarlo: “Ese inútil vive del dinero que pagamos en cada declaración de la renta”. Ni siquiera es ofensa: inútil, dicho de una persona que no es apta para el servicio público que desempeña.

Como se ha explicado otras veces, esto debe entenderse como un acto de rebeldía social que lo único que no pone en duda es la obligación de todos nosotros, como españoles, de contribuir con nuestros impuestos a la marcha del país, al bienestar de los ciudadanos, al progreso de todos. No se cuestiona la contribución fiscal; esta declaración de inutilidad, que debería contemplarse como una casilla más en los impresos del IRPF, lo que pretende es señalar aquellos agujeros, que son muchos, por los que se pierde el dinero de todos sin que llegue nunca a su fin, que son los hospitales, las carreteras, los colegios, los servicios sociales… Aunque dice la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, que “es un mantra eso de que el dinero donde mejor está es en el bolsillo del contribuyente”, lo que, desde luego, no es ningún mantra es que hay mucho dinero público gastado en inutilidades perfectamente prescindibles. ¿Se ha demostrado que cuando se baja la presión fiscal la economía de un país experimenta una mejora? La ministra dice que no está demostrado… Pero lo que ni siquiera necesita demostración es que el dinero despilfarrado no produce nada y, además, ofende gravemente a millones de contribuyentes. Es el dinero público que liquidan en inutilidades los inútiles del sistema público.

En esa categoría se encuentra Quim Torra, en su condición de máximo representante del Estado en Cataluña. Torra es un inútil no por independentista, sino por pésimo gestor de lo público. Como independentista ya sabemos, o ya deben saber quienes lo han votado, que en el tiempo que lleva de 'president' republicano no ha cumplido ninguna de las promesas que hizo, sino que se mantiene con la zanahoria de la declaración de independencia y de la Constitución catalana sin avanzar nada, porque no se atreve, porque sabe que esa es una vía cegada que solo conduce a la fuga o a la cárcel. Pero esas cuentas, que se las ajuste él con su electorado; en su investidura dijo que llegaba al cargo para “hacer república” y ahí está el tío, repitiendo lo mismo tantos meses después, con un sueldo de más de 146.000 euros brutos al año, casi el doble de lo que cobra Pedro Sánchez.

A efectos de responsable público, su inutilidad está demostrada porque durante el tiempo que lleva al frente de la Generalitat, que es un ente público con más de 29.000 millones de euros de presupuesto (el segundo más elevado de España, solo por debajo de Andalucía, la comunidad más poblada), ha paralizado toda actividad de gobierno. Con Torra de presidente, la Generalitat y el Parlamento de Cataluña se han convertido en dos entidades fantasma, enormes monstruos burocráticos que se desenvuelven por sí mismos, por la propia inercia de sus funcionarios.

El Gobierno de Torra lo único que ha hecho ha sido recuperar leyes que estaban pendientes de otras legislaturas y enviarlas de nuevo al Parlament

Si los políticos suelen cifrar sus éxitos en aprobación de leyes, el Gobierno de Torra, y la mayoría parlamentaria que lo sustenta, lo único que ha hecho ha sido recuperar leyes que estaban pendientes de otras legislaturas y enviarlas de nuevo al Parlament, donde se atascan de nuevo por la inactividad a la que los independentistas tienen sometida también a la Cámara. Sin embargo, cuando, a principio de junio, Torra hizo balance de su primer año de gestión afirmó, henchido, que la economía había mejorado en Cataluña, que el empleo había descendido en la comunidad y que, de forma general, “Cataluña está liderando todos los 'rankings”.

Este es el silogismo que lo lleva, directamente, a enfrentarse con su inutilidad, porque si Cataluña va mejor, y en su balance de gestión solo se pueden computar viajes a Bruselas para recibir instrucciones de Puigdemont, será que Cataluña sigue progresando gracias a su pertenencia a España y a la Unión Europea. Cuanto más se aleja la independencia, más aumenta la confianza en Cataluña.

En 2018, de hecho, que es el año fiscal que acabamos de liquidar, algunos índices macroeconómicos de Cataluña, como la inversión, lograron recuperarse una vez que quedó claro que los planes independentistas habían fracasado. Cataluña prospera a pesar de la inutilidad de sus dirigentes. Y si algún día se deshace de ese lastre, volverá a ser la comunidad próspera, cosmopolita y tolerante que nunca debió dejar de ser por confiar en unos fanáticos que, además, son inútiles.

Matacán
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