El Perogrullo Gay

Pactar con un partido que tiene dirigentes homófobos no convierte en homófobo a quien pacta; más bien habría que verlo como una oportunidad de normalización

Foto: Manifestación del Orgullo 2019 en Madrid. (EFE)
Manifestación del Orgullo 2019 en Madrid. (EFE)

El Orgullo Gay es de Perogrullo porque lo son los principios, la libertad, la dignidad de las personas, pero la reivindicación de los derechos no autoriza a conculcar el derecho de los demás; ese es el Perogrullo que nos deja el Orgullo Gay. Tan elemental que se trata de defender otra vez, por encima de unos y de otros, la máxima democrática que más trabajo nos cuesta asumir en España, que tu libertad acaba donde comienza la de tu vecino.

Es de Perogrullo cuando de lo que se trata es de recordar que todo el mundo tiene derecho a vivir libremente su sexualidad sin complejos, sin imposiciones, sin condenas, sin burlas, sin prejuicios, sin exclusiones. Y quien defiende ese derecho no puede privar a nadie del derecho de pensar, de ser como le apetezca, porque está cometiendo el mismo abuso del que intenta defenderse. El Orgullo Gay no puede enrocarse, ensimismarse, porque la tolerancia no se defiende a empujones, ni con insultos; tiene que abrirse, ampliarse, extenderse. Es de Perogrullo que un homosexual puede ser de derechas y que puede vivir el Orgullo sin miedo a que lo traten como un apestado quienes luchan por los mismos derechos que él.

El Orgullo Gay es de Perogrullo cuando se insiste, porque hay quien lo niega, que en España, con la irrupción de Vox, la homofobia ha llegado a los parlamentos y a las instituciones. Aquellos que siguen discutiéndolo, que piensan que no es así, solo tendrían que pararse a pensar en la insistencia de esta gente con todo lo relacionado con el Orgullo Gay o el Movimiento LGTBI, ya sean las banderas o las manifestaciones. Repulsión total, como se vio con aquella concejala malagueña a la que echaron del partido porque tuvo la osadía de subirse a un balcón, tras la bandera del arcoíris.

Dice Santiago Abascal, el patrón de Vox, que él está en contra de esa simbología “porque cada uno, su orientación sexual, en su casa y en su cama”. Pero está muy claro que no se refiere a todo el mundo porque una sociedad como la nuestra, consumista y libre, exhala sexualidad y sensualidad por los poros de cada día, desde que amanecemos hasta que nos vamos a dormir. Y a Abascal no se le ve preocupado más que por la sexualidad de los homosexuales. No, al líder de Vox no le preocupa que la sexualidad se manifieste, que sea visible, sino que no sea la sexualidad heterosexual. Cuando dice eso de que “cada uno en su casa y en su cama”, lo que quiere decir es que vuelvan al armario, sin que se les note al salir de casa.

Pero Vox no puede ser la excusa de nadie para comportarse igual. Santiago Abascal no puede servirle a nadie de excusa para agredir a Inés Arrimadas, que no. Eso es de Perogrullo también. Dan pena y grima aquellos líderes políticos, seguidos de su camarilla fiel de opinantes, que han estado condenando los altercados de Madrid con el ‘pero’ preparado para justificarlos a continuación. Dicen que condenan toda violencia, que nunca compartirán ni alentarán ningún escrache, ningún insulto, y se van acelerando con los prolegómenos falsos de corrección política hasta llegar al ‘pero’ que desvela su verdadero ser: “Pero no se puede pactar con homófobos, venir al Orgullo y esperar que les sonrían”. Es decir, que si los agreden, ellos serán los culpables. Es el mismo razonamiento que utilizan quienes justifican que una minifalda puede conllevar una agresión sexual; las víctimas son las que provocan las agresiones.

¿Tiene menos derecho a celebrar el Orgullo Gay el que no se siente representado por quienes se expresan dando saltos en lo alto de una carroza?

No puede haber una dictadura del Orgullo, porque ese movimiento tiene que ser lo contrario. Para combatir la homofobia, el Orgullo Gay lo que tiene que hacer es abrirse cada día más, expandirse más, y distanciarse radicalmente de la pugna política, como si existieran los gais buenos de izquierda y los gais malos de derecha. La propia cabalgata del Orgullo Gay podría ponerse como ejemplo de tolerancia si imaginamos que uno de estos días, dentro del propio colectivo, se comienzan a poner condiciones para participar en la fiesta.

¿Cuál es el homosexual pertinente, el que se coloca en lo alto de una carroza con cueros y músculos de gimnasio o el que se queda en la acera, formalmente vestido de 'sport', aburridamente vestido de 'sport'? ¿Tiene menos derecho a celebrar el Orgullo Gay el hombre o la mujer que no se siente representado por quienes se expresan dando saltos en lo alto de una carroza? El Orgullo Gay no puede mandar al armario a la gente de derecha ni Vox puede ser la excusa de quienes siempre han querido hacer caja electoral con esa fiesta de todos. El Orgullo Gay se limita y se contradice cuando se pretende que solo sea de izquierdas.

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, dice nuestra Constitución en su frontispicio. El Perogrullo del Orgullo está en recordar que ese es el amparo constitucional que tenemos que vigilar y proteger, sabiendo que eso incluye también al que no piensa igual que nosotros.

La democracia tiene unos límites que, llegado el caso, se defienden en los tribunales y ni Vox puede ignorarlos. Como ocurrió con la Ley del Matrimonio Homosexual, que es plenamente constitucional, avalada por una sentencia hace ya siete años. Nada más, a partir de ahí, defendamos para todos la libertad que se reclama. Pactar en una democracia con un partido que tiene dirigentes homófobos no convierte en homófobo a quien pacta; más bien habría que verlo como una oportunidad de normalización. Ni siquiera podríamos decir que todos los votantes de Vox son iguales, y piensan como Abascal de la homosexualidad, porque eso es completamente absurdo. Que no te enreden con odios nuevos, sectarismos rancios y exclusiones interesadas. Tolerancia, respeto y libertad.

Matacán
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