La 'cuenta de la vieja' andaluza

Cuando se afirma que el clientelismo andaluz, durante la era socialista, ha desarrollado una compleja estructura administrativa no se está exagerando ni desvirtuando la realidad

Foto:  La secretaria general del PSOE de Andalucía, expresidenta de la Junta.(EFE)
La secretaria general del PSOE de Andalucía, expresidenta de la Junta.(EFE)

El clientelismo es un concepto que, al igual que las demás artes de la política, ha desarrollado un cuerpo teórico y práctico muy sólido. Quien piense que el clientelismo es un modelo de generación espontánea, que no necesita de una estructura administrativa oficial dedicada a ese objetivo, se equivoca profundamente, porque lo está confundiendo con el enchufismo, que es básico y elemental.

Lo que ocurre es que como el clientelismo no se estudia en las universidades, sus estructuras carecen de nombre y de reconocimiento oficial. Gracias a experiencias como la de Andalucía, estamos conociendo muchas más cosas de ese modelo por las estructuras de poder que se desarrollaron durante la larga hegemonía socialista en esta comunidad. Todas son complejas y sofisticadas, pero lo mejor de todo es que las estructuras clientelares siempre se pueden explicar con 'la cuenta de la vieja'; basta con los dedos de las manos para resumirlo, de evidente y grosero que resulta el despilfarro. Imaginen: para invertir un millón, hace falta emplear 10.

Cuando el Partido Popular y Ciudadanos firmaron su pacto de gobierno en Andalucía, que se hizo realidad gracias al apoyo de Vox, uno de los primeros compromisos fue el de clarificar la situación de la llamada 'administración paralela' de la Junta de Andalucía. El resultado de esa investigación interna ha arrojado algunos datos que ya se conocían, como por ejemplo que esos entes instrumentales emplean a 26.045 personas y que tienen gastos de personal de más de 1.000 millones de euros, pero se añaden otros que pueden llegar a la estupefacción. Lo que sigue es literal: en la 'administración paralela' de la Junta de Andalucía existen 31 sistemas de gestión de recursos humanos diferentes (11 de ellos externalizados), 38 sistemas económico-financieros diferentes y 74 convenios colectivos distintos (en algunas entidades como el Servicio Andaluz de Empleo, conviven hasta 14 diferentes). Se observará que cuando se afirma que el clientelismo andaluz, durante la era socialista, ha desarrollado una compleja estructura administrativa no se está exagerando ni desvirtuando la realidad.

A pesar de todo, la plantilla de trabajadores de Andalucía Emprende está "altamente desmotivada" y presenta "un alto índice de absentismo laboral"

Como puede imaginarse, en un magma así, además de la imposibilidad absoluta de establecer un control, lo que se generan son las situaciones más extremas de privilegios y discriminaciones: "No existe homogeneidad alguna entre las categorías laborales de las diferentes entidades, con lo que hay retribuciones dispares a igual categoría entre diferentes entidades e incluso en la misma entidad (ejemplo: Andalucía Emprende)".

A menudo, este laberinto de discrecionalidad acaba en los tribunales de Justicia porque habrá trabajadores que, al cabo de los años ocupando un puesto en la 'administración paralela', acudirán a un tribunal de Justicia para consolidarlo o para exigir una equiparación salarial o para denunciar que su régimen de incompatibilidades es distinto al de otra persona que ocupa un puesto idéntico en otra agencia, como puede ocurrir con los médicos de un hospital con respecto a los de otro. Si ampliamos el abanico de contraste con respecto a quienes sí tienen un puesto de funcionario en la Junta de Andalucía, el problema se incrementa todavía más porque, por ejemplo, hay casos en los que a los trabajadores de los entes instrumentales se les reconocen pagos de seguros de vida o seguros de salud que se niegan a los funcionarios de carrera.

A menudo, este laberinto de discrecionalidad acaba en los tribunales porque siempre habrá trabajadores que exijan una equiparación salarial

La cuenta de la vieja andaluza es un concepto de gestión política y, en función de esa idea, la inabarcable y complejísima realidad de la 'administración paralela' puede resumirse con los dedos de una mano. De todas las que se han conocido, hay dos ejemplos sobresalientes. La Agencia Andaluza de Instituciones Culturales: de un presupuesto anual de 24 millones de euros, empleaba 18 millones para pagar a sus empleados, cinco millones más para gastos generales de alquiler y mantenimiento de sedes y solo un millón de euros para inversión en cultura. La segunda es Andalucía Emprende: ocho de cada 10 euros de su presupuesto se destinaban a pagar nóminas. Eso, en cada uno de sus 262 Centros Andaluces de Emprendimiento (CADE) y 878 alojamientos empresariales.

¿Qué se podía emprender allí? Pues nada, evidentemente, porque no había presupuesto para nada. Así que lo menos sorprendente de todo ha sido lo último que el Gobierno andaluz, esta misma semana, ha dado a conocer: a pesar de todo, la plantilla de trabajadores de Andalucía Emprende está "altamente desmotivada" y presenta "un alto índice de absentismo laboral". Dirán en el PSOE andaluz que algún defecto debía tener un sistema tan perfecto de clientelismo.

Matacán
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